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CRIMEN HISTÓRICO CONTRA LOS NEGROS

jueves 14 de agosto de 2014, 10:48h
Los cazamos como a fieras en su tierra madre africana. Los trasladamos...

Los cazamos como a fieras en su tierra madre africana. Los trasladamos en las ergástulas de los barcos negreros para convertirlos en esclavos en la nueva América naciente. Los utilizamos como lastre que se arrojaba al mar cuando peligraba el navío. Los vejamos y azotamos de forma inmisericorde en Brasil y Estados Unidos, en Cuba y Colombia, en Panamá y la República Dominicana... Probablemente el pasaje más oscuro y lamentable de la historia del Occidente cristiano es la esclavitud a la que sometimos a los negros libres en sus países, cautivos de la voracidad del blanco dominador.

Ellos nos trasvasaron la cultura del ritmo, su visión del arte, su entendimiento abstracto de la pintura, su capacidad para la danza, desde la zarabanda y la chacona mulata, como la calificó Quevedo, hasta los bailes más avanzados del siglo XX, toda una centuria en la que los blancos hemos danzado al ritmo de la negritud.

Ahora los negros también han otorgado a las naciones blancas sus grandes triunfos en el deporte, en baloncesto, en fútbol, en atletismo… El expolio al que el capitalismo salvaje ha sometido a los países del África negra, empobreciéndolos, no ha cesado. Y son muchos los ciudadanos de color que, jugándose el tipo, han decidido abandonar su tierra madre, saqueada por la acción del blanco occidental, para emigrar a Europa, escalando vallas hirientes o embarcándose en pateras zozobrantes.

No pagaremos nunca lo suficiente por el crimen histórico que los blancos occidentales cometimos contra los negros africanos. Pero, al menos, tenemos el deber moral e histórico de acoger con generosidad a los inmigrantes, sobre todo a los que se juegan la vida para recalar en las naciones que esclavizaron y asesinaron a sus antepasados.