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ENTRE ADOQUINES

El "caso Tapie" arrastra a Christine Lagard

miércoles 27 de agosto de 2014, 20:31h

Cuando Christine Lagarde fue nombrada directora del Fondo Monetario Internacional, convirtiéndose en la primera mujer que ocupaba ese cargo, la ex abogada francesa ya había interpretado con anterioridad el papel de abanderada. Lo había hecho en 1999, al convertirse en la primera mujer que ostentaba el cargo de presidenta en la firma de abogados Baker & McKenzie, después de una fulgurante carrera que arrancó a principios de los 80 en la oficina del prestigioso bufete en Chicago. Y volvió a hacerlo en 2007, cuando fue nombrada ministra de Economía. La primera mujer a cargo de la política económica de Francia. De ahí, dio el gran salto al FMI para sustituir a su compatriota Strauss-Kahn - a quien no le quedó más remedio que salir por la puerta de atrás -, aunque el nombramiento de Lagard no resultara del gusto de todos. Y no porque se tratara de una mujer, sino porque las economías de los llamados países emergentes se oponían a que tan influyente cargo continuara estando en manos de los europeos.

Solo el apoyo a última hora de Estados Unidos, hizo posible que la atlética dama de pelo blanco, siempre impoluta, aterrizara en Washington para ordenar la economía de este mundo nuestro, en el que la mayoría no logramos ni manejar la de casa. Antes de ponerse manos a la obra, Lagarde debió de pensar que lo primero era, precisamente, poner en orden la suya. De modo que, a pesar de que ya andábamos en tiempos de suplicio monetario, la ex ministra gala se subió la paga: 467.940 dólares de sueldo base, más un complemento de 83.760 dólares. Resumiendo, iba a cobrar un 11% más que su predecesor. Si alguien se atrevió a preguntarle la razón de dicha medida, eso ya no lo sé. Es de imaginar que Lagard se pondría a echar cuentas y vería que con lo mismo que cobraba el anterior director, ella no llegaba a fin de mes. Fue, con razón, su primera polémica a nivel internacional, es decir, a la altura de su puesto laboral. Directora del “Money mundial”. Pero, antes de esa discutida decisión, en Francia, Lagarde ya tenía un importante frente abierto: la justicia estaba investigando su intervención en el arbitraje que acabó con años de litigio en los tribunales entre el controvertido millonario Bernard Tapie, amigo de Sarkozy, y Crèdit Lyonnais, el banco que ejerció de mediador en la venta de Adidas.

Así que la paz del exilio dorado en Washington, tampoco a Lagarde le duró demasiado. En estos últimos años, la Corte de Justicia de la República – encargada de juzgar a los ministros por delitos cometidos durante el ejercicio de su cargo – había interrogado a Christine Lagard en cuatro ocasiones. Eso sí, hasta ahora en calidad de “testigo asistido”. Y en el mes de marzo del pasado año, la policía registró su casa mientras continuaba la investigación del “caso Tapie”. ¿Fue Lagard personalmente quien recurrió al arbitraje para solucionar el pleito entre el empresario y el banco, en vez de dejar actuar a la justicia ordinaria? Este es el núcleo del asunto. Porque el hecho de que, finalmente, no fuera un tribunal el que calculara la indemnización reclamada por Tapie por las pérdidas que, según él, había sufrido en la citada operación mercantil, provocó que se abriera una investigación judicial por presunta corrupción y abuso de autoridad. Una causa en la que acaba de ser imputada Lagard, cuando aún le quedan dos años de su mandato de cinco al frente del FMI. Todo un batacazo. Después de un interrogatorio de 15 horas por el presunto trato de favor en relación al pago de 286 millones de euros a Tapie acordado por los árbitros, Lagard ha regresado a Washington con una imputación en la maleta. También, con un futuro entre tribunales y abogados. Rodeada de togas y de flashes.

Antes de embarcar para cruzar el Atlántico, la ex ministra de Sarkozy ya ha asegurado que la imputación es un error – por supuesto, puede serlo, y, en tal caso, su defensa se encargará de demostrarlo - y que continuará con su trabajo: mandar deberes a los países más díscolos con los resultados de sus restas y sus correspondientes sumas. El objetivo, que los balances del mundo cuadren. Lo que ocurre es que a los mercados, tan sensibles ellos a la temperatura que marcan los autos judiciales y los periódicos, no les gusta comprar ni vender cuando quien manda en el FMI ha sido formalmente señalado con el dedo de la justicia, aunque el mandamás sea inocente hasta que se demuestre lo contrario. Veremos cómo le va a la abstemia y vegetariana Lagard a la hora de defenderse fuera de los tribunales. Porque, ahora, eso es lo que toca. Aunque, en ocasiones, lo prudente sea tener la boca cerrada. En Francia aún se recuerda cuando, en plena crisis de los carburantes, Lagard pidió a los franceses que utilizaran sus bicicletas. Eso sí, tampoco han olvidado que no solo fue la primera mujer en ocupar la cartera de Economía, también la persona que logró batir el record de longevidad en dicho cargo. Un puesto que, igual que las armas, puede venir cargado por el diablo. También, al parecer, el de director del FMI.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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