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México: la indigencia de las derechas

domingo 18 de mayo de 2008, 21:35h
Siempre se ha dicho que las derechas tienen intereses, no ideas, pero ha habido excepciones, entre las cuales, México no se encuentra.

El partido creado por la Revolución (PRI desde 1946) siempre buscó cooptar a la clase política del país, dejando fuera a la “reacción”: por un lado a la Iglesia que careció de personalidad jurídica durante siete décadas del siglo XX y, por otro, a los empresarios, que se les atendía, pero no se les postulaba a puestos de elección popular, salvo excepciones.

El PAN agrupó a los excluidos que nunca lograron elaborar una alternativa al programa de la Revolución, por lo que siempre fue a remolque de la modernización del país, impulsada por un PRI cada día más pragmático. Lo único que aprendieron los panistas fue a ser oposición, sin proponer nada a cambio. Uno de los fundadores del PAN expuso el pecado original del partido: “Declara no ser de izquierda ni de derecha, quiere ser sólo de hoy y rechaza cualquier continuidad histórica” (Jesús Guiza y Acevedo).

La indefinición política los privó de programa y el desarraigo, de apoyo popular. Llegaron al poder más por las divisiones en el PRI que por esfuerzo propio, pero sin saber para qué. La corriente empresarial (Fox) sólo tenía en mente privatizar el petróleo y la electricidad, tarea en la que fracasó por marginar a los partidos, comenzando por el suyo.

La corriente social-cristiana del presidente Calderón ha sido más cautelosa y con el apoyo del PRI logró una reforma fiscal que molestó a los empresarios, ya que les dificultó la evasión al fisco. A cambio, aceptó una reforma electoral que limitó la publicidad política en los medios, lo que indignó a sus dueños.

La Jerarquía eclesiástica desconfía del presidente Calderón por aprobar el laicismo del Estado y prefiere apoyar a los ultras del PAN que siguen sus indicaciones. Es el caso del gobernador de Jalisco que destinó cerca de 10 millones de dólares del presupuesto para construir un santuario a los cristeros (guerrilleros religiosos en 1926), con un significado similar al Valle de los Caídos. Ante el escándalo, respondió soezmente en presencia del cardenal de Guadalajara que tampoco se caracteriza por su bien decir.

La soledad del presidente es motivo de preocupación. A la falta de apoyos políticos se suman los malos resultados de su combate a los narcos que han asesinado a altos mandos policíacos. Los acontecimientos lo rebasan y se encuentra a la defensiva. El presidente es un hombre honesto pero sin carisma ni proyecto. Refleja la historia de su partido, una historia triste sin sabios ni políticos, sin héroes ni santos.
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