La desaceleración de las grandes economías europeas ha golpeado España. El ministro español de Economía, Luis de Guindos, advertía este fin de semana, durante la reunión del G20 en la ciudad australiana de Cairns, de que la economía española no es “inmune” a la desaceleración de la eurozona. De hecho, Europa es el principal mercado de España.
La desaceleración de Francia, Alemania o Italia ya se ha dejado notar en los datos de la balanza por cuenta corriente, que mide los ingresos y pagos al exterior por intercambio de mercancías, servicios, rentas y transferencias, que mostró un déficit de 9.900 millones de euros en el primer semestre del año. De 2013 a 2014, el déficit se multiplicó por diez.
Con este dato se desvanecía la ilusión generada por los datos de 2013, en los que se logró estabilizar la balanza por cuenta corriente, de que España pudiera convertirse en un país exportador gracias a la competitividad que brindaba la bajada de precios. A pesar de que el IPC sigue a la baja, con una bajada del 0,5% en agosto, parece que los principales mercados de las exportaciones españolas no se encuentran en la disposición de aumentar su demanda de bienes de manera significativa.
Por ello, De Guindos lanzaba un mensaje que atemperaba el optimismo sobre la recuperación de la economía española, que “no es absolutamente inmune a lo que ocurre en Europa”, según el ministro de Economía. Tras señalar, que la economía española creció un 0,6% en el último trimestre frente a la economía del conjunto de la eurozona, que permaneció estancada, De Guindos recalcó que “gran parte en el futuro de la economía española y del mantenimiento de la recuperación en España se juega en Europa, como no puede ser de otro modo”.
Ya el pasado junio, la Comisión Europea vaticinaba un crecimiento del 1,1% para el conjunto del año 2014, lo que situaba a España a un ritmo de crecimiento por delante de Francia e Italia, que según Bruselas crecerán un 1% y un 0,6% respectivamente. La líder, según estas previsiones sería Alemania, con un crecimiento del 1,8%.
Sin embargo, la cruda realidad del segundo trimestre mostró que el PIB europeo permaneció plano, que la economía alemana decreció un 0,2%, la italiana un 0,3%, y la Francesa se estancó.
De una manera un tanto irónica, España ha dejado de ser una amenaza para Europa en los últimos meses: ahora es Europa la que amenaza España.