El filósofo y maestro de filósofos Carlos París murió en Madrid el pasado 31 de enero, a la edad de 88 años. Este libro se ha publicado póstumamente, aunque el autor bilbaíno lo pudo contemplar ya terminado en su mesa de trabajo. Quizá por eso el texto entero presenta cierto aspecto de despedida y, en algún sentido, de homenaje final. Como si su composición le hubiera sido sugerida por su círculo más íntimo, presintiendo (o no) su cercana desaparición. Su compañera en los últimos años, Lidia Falcón, apunta en la presentación del volumen que estamos ante el broche de oro de la obra de París, un libro “que reúne los fundamentales principios de su filosofía”.
Después de su lectura, se revela hasta qué punto es cierta esta afirmación. Y por “principios fundamentales” no aludimos tan solo a los conceptos nucleares de una obra que mantiene una reiterada coherencia (y que se vio culminada con la muy reconocida Ética radical. Los abismos de la actual civilización, título que tuvimos oportunidad de reseñar en estas páginas de Los Lunes de El Imparcial). Lo que más impresiona en los escritos del autor es la actitud constante de “intelectual comprometido” que traslucen. Comprometido, por supuesto, con la causa de la transformación comunista de la sociedad, hacia una colectividad sin clases ni dominio. Sin embargo, la noción de “compromiso” nunca ha dejado de ser problemática, y a cada paso parece requerir una reconstrucción.
El libro se compone de diversos discursos que París, en calidad de presidente -elegido en cinco ocasiones- del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid pronunció con ocasión del inicio de los cursos académicos de esta institución. El último que dictó, en la inauguración del curso 2013-2014, es el que abre el volumen y le da título. Estas conferencias ponen en relación algunos de sus temas más tratados (la manipulación ideológica, la autonomía de la cultura, la crisis de la civilización…) con asuntos relevantes de la actualidad, pero guardando siempre la distancia teórica necesaria que exige la disciplina filosófica. Una de las conferencias, titulada La libertad. Su realidad y su mistificación es todo un pequeño compendio de filosofía política y una muestra muy ilustrativa de su peculiar estilo, capaz de emparejar en el decurso del pensamiento a Don Quijote con Marx, o a Unamuno con Erich Fromm, generando un hermoso texto. La recopilación se cierra con una ponencia dedicada a los orígenes y naturaleza de la ciencia moderna, rubricando así que la epistemología fue su especialidad más destacada.
¿Qué significa ser un “intelectual comprometido”, como el autor tenía a gala? La responsabilidad con su tiempo y con sus gentes supone para un escritor la disposición a deslegitimar los órdenes vigentes mediante un enfoque capaz de abrir sentido allí donde rige un entramado de convicciones y pareceres hipostasiados. Diversos pasajes de París (en este y otros textos) apuntan a este objetivo, al deshacer “evidencias” obtusas del capitalismo desarrollado. Otros, en cambio, muestran un enjuiciamiento ético de la realidad a partir de un esquema (marxista) estricto y unilateral, que tan solo parece buscar la adhesión ideológica de un lector relegado a la pasividad intelectual.
En cualquier caso, más allá del valor teórico que queramos asignarle, es este un libro cuyas páginas transpiran una emotiva solidaridad con la condición humana oprimida y explotada; con todos los seres humanos desposeídos de su dignidad por la maquinaria -perpetuada en la Historia- de la apropiación privada del trabajo y de la vida.