Diplomacia blanda
lunes 19 de mayo de 2008, 19:53h
Desde hace meses y, especialmente, desde la sonada cumbre de Santiago de Chile (la del real “¿por qué no te callas?”) el Gobierno ha tenido interés en hacer creer que la relaciones con el energúmeno que rige Venezuela se habían enfriado un tanto. Quedaban atrás los entusiasmos “bolivarianos” de la primera hora cuando se trababan pingües negocios armamentísticos con Chávez y no se perdía ocasión de subrayar el carácter “democrático” del régimen de Caracas. Para glorificar al golpista (como los alcohólicos, los golpistas nunca tienen derecho al “ex”) se llegaba incluso a la infamia de acusar al Gobierno de Aznar de participación en el golpe de Estado que, fugazmente, obligó a Chávez a abandonar el poder. Ahora, en la cumbre de Lima, Zapatero parece haber querido cerrar esa etapa de supuesto enfriamiento, aunque el bolivariano no haya dado, precisamente, ni antes ni ahora, ninguna muestra de que lamente los insultos, excesos e intemperancias contra los dirigentes españoles ni, tampoco, los que no hace mucho ha dirigido contra Merkel, canciller de Alemania, socia y aliada de España y presente también en Lima. Ciertamente, no insulta quien quiere sino quien puede y al histriónico dictador venezolano resulta difícil tomarle en serio.
Nadie niega que la diplomacia consista, preferentemente, en superar desencuentros y tratar de “normalizar” las relaciones. Pero no a cualquier precio ni en cualquier circunstancia ni sin exigir un mínimo de garantías. Una vez más y fiel a sí mismo, Zapatero se ha pasado de rosca concediendo a Chávez unas atenciones que no se ha ganado en absoluto y prestándose a servir de coartada a un turbio personaje que ha sido cogido con las manos en la masa por Interpol. Después del informe de esta organización -tras el análisis del ordenador del liquidado terrorista Reyes- que vincula a Chávez y a su cuate ecuatoriano Correa con las FARC, no cabe ya ninguna duda del papel desestabilizador que están jugando en la región andina el coronel golpista y sus petrodólares. Su complicidad con el terrorismo es patente y por eso tiene poco sentido que Zapatero insista en que “aquí el único culpable son las FARC, los que secuestran son las FARC y los que asesinan son las FARC”. De acuerdo, pero les costaría mucho más trabajo llevar a cabo esas atrocidades si no contaran con la ayuda de Venezuela ni dispusieran de este país como “santuario” seguro cuando lo necesitan. Es mucho más que una ingenuidad -es una grave irresponsabilidad- cerrar lo ojos ante los planes subversivos que Chávez está alentando en el continente suramericano y ante la carrera armamentística a que se ha lanzado, que está convirtiendo a esa zona en una de las más calientes del planeta.
Todo esto muestra hasta qué punto la política exterior del Gobierno español sigue presa de sus prejuicios ideológicos y se olvida de dónde están los verdaderos intereses nacionales de España. Darse el pico con Chávez es un pésimo mensaje para los gobiernos democráticos del subcontinente que, con razón, temen el contagio populista que impulsa el bolivariano. Moratinos dice ahora que con relación a los Estados Unidos quiere ir más allá de la “normalidad”, que hasta este momento le parecía suficiente. Perfecto y ojalá le salga bien, pero sólo lo conseguirá si es consecuente y no juega a esa absurda diplomacia “progre” y “buenista” que ha sido la seña de identidad del Gobierno de Zapatero, empeñado en hacer amistades poco recomendables, mientras se aleja de los verdaderos amigos. Pero, ¿qué se puede decir de un Gobierno cuya vicepresidenta insulta gravemente a otro país, también socio y aliado como Italia y, a pesar de los esfuerzos diplomáticos por “desfacer el entuerto”, se mantiene en sus trece? Señora De la Vega, deje esos tremendismos para Chávez, que es a quien le acomodan y sea usted un poco más discreta. Tampoco ha estado muy fino el ministro de Trabajo e Inmigración. Pero para acabarlo de arreglar, viene otra de las ministras bisoñas –nada menos que la de Igualdad- y manifiesta su voluntad de enviar al Presidente del Consejo italiano, Berlusconi, a un psiquiátrico. ¿Sabe esta señora lo que significa formar parte de un Gobierno y cuáles son las mínimas exigencias diplomáticas? ¿Qué va a hacer cuando le toque sentarse en la misma mesa con Il Cavaliere? Difícil lo va a tener Moratinos con esta camada de aficionados... Menos mal que ya no corren los tiempos en que el país agraviado enviaba una cañonera y si la cosa se encrespaba hasta llegaba a declarar la guerra...
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Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
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