La icónica tonada de la Liga de Campeones regresaba al Vicente Calderón como el eco de la cima alcanzada, hasta la fecha, por el proyecto de reinvención colchonera emprendida por la entidad madrileña con el desembarco de Diego Pablo Simeone. Bajo esa melodía convertida en banda sonora de varias generaciones de fútbol la tribuna rojiblanca se dispuso a recibir el primer envite de entidad bajo una presión -y motivación- doble: defender el estatus que repliega a la Juventus de Turín hasta el papel de actor secundario en este duelo y arrancar, como fuera necesario, los tres puntos que disipen la urgencia recién adquirida en esta competición tras el tropiezo en el Pireo.
El “Cholo” entendió este partido como una final incluida en su concepción dogmática. Por tanto, estudió al rival de manera pormenorizada, consciente del aliciente de la situación casi límite a la que le avocaría otro pinchazo, y concluyó que debía colocar sobre el césped una fórmula que tapara la merma de equilibrio que representa la baja de Gabi. A la zaga titular, con Moyá bajo palos, se incluyó el regreso de Koke al doble pivote con la espalda guardada por Tiago; Saúl entró en el once en el rol de interior equidistante y Arda, Raúl García y Mandzukic en sus roles habituales: artista, llegador y referencia fijadora. La intensidad mandaría sobre el ritmo y, aún a riesgo de conceder la pelota, la gestión de la espalda no debía representar una indigestión bajo este guión en la vuelta al sistema físico previo a la revolución estival que enriqueció la calidad de la plantilla.
Allegri, en estricta coherencia con su diseño de juego, no escamoteó un ápice de su organización sistémica con la trascendental ausencia de Pirlo e implementó una alineación con la idea colectiva habitual y la intención de controlar el juego a través del posicionamiento y la pelota. Con la capacidad de espolear transiciones a través de la potencia lanzadora de Pogba, Marchisio y Vidal y la variante de los carrileros largos, que marcarían el nivel de presión en cada tramo de partido que resultada adecuado. Cáceres volvía en un sistema de tres zagueros que ya anunció el técnico transalpino en la previa como inamovible de cara a esta batalla. Tévez, la referencia venenosa y Llorente debía acompañar el crecimiento de la Juve con el paso de los minutos.
La intensidad, efectividad y altura de la actividad defensiva se antojaba como el punto decisivo en el desarrollo de un partido que arrancó con el Atlético reservando su intensidad al campo propio y los visitante adelantando las líneas al extremo. No en vano, el bloque madrileño tardó en efectuar su primera posesión cuatro minutos. La Juve hacía ancho el campo y había anestesiado la salida colchonera. Marchisio confirmó el escenario con el primer chut, desaviado y desde media distancia, en el minuto 10.
El conjunto italiano había robado el protagonismo en el mando al Atlético con posesiones eternas y horizontales y el equipo español se centraba, como único objetivo, en replegar y no ceder entre líneas. El golpe con amarilla de Bonucci a Mandzukic en el 12 -que hizo que el croata prescindiera de la máscara- y dos robos a Arda encendieron a la grada ante el marasmo defensivo al que había quedado reducido el fragor rojiblanco. En el 24 llegó el primer acercamiento del partido en las botas del punta balcánico tras un robo traumático a la salida de pelota de Arturo Vidal. El duelo había confirmado su carácter tacticista y el ritmo no resultaba precisamente agónico. Los pupilos del “Cholo” habían entregado la pelota aunque no sufrían en su enroque.

El balón parado tomó forma en una falta lateral desde la medular botada por Koke para acercar a sus compañeros al atisbo de cierta relajación en el empeño de repliegue pasada la media hora. Pogba respondió con un lanzamiento desviado desde media distancia, aunque el programa de cada técnico permanecía sin fisuras. La recta final del primer acto arribó con el paisaje configurado por dos contendientes cómodos en su rol y la prioridad de no resbalar. El dominio bianconero, destinado a cansar el despliegue defensivo local, empezó a generar chispazos a través de subterfugios con la pelota como excusa que Simeone calmó introduciendo una pelota que salía fuera de los límites de vuelta al terreno de juego. Recurso canchero para tomar aire y refrescar ideas. La intensidad rojiblanca quedó constrecta a la exclusividad del reliegue y el descanso reclamaba su sitio con la necesidad madrileña de crecer en ambición mirando la clasificación.
El juego a pelota parada colchonero había quedado desactivado ante la ausencia asociativa local. Sin cambio en los nombres empezó la reanudación. El Atlético necesitaba ganar legitimidad en el rumbo del juego, pero el posicionamiento y la determinación juventina en la anestesia por vía balompédica complicaban la reacción. Apostó Simeone entonces, en el 52, por dar un paso adelante con Griezmann entrando en sustitución de un Saúl desapercibido. Velocidad por banda para traslucir cierta amenaza en la transición a la cómoda Juventus aunque se despoblaba la medular. El primer aviso llegó tras pérdida y transición visitante. Amarilla para Koke en el 54 y falta frontal de Pogba a las nubes.
Un robo de cartera de Raúl García a Chiellini prendió el conato de éxtasis. Llegaba el momentum del Atlético con la pelota parada, un mal despeje que no cazó Mandzukic de milagro y un saque de esquina que metió a Buffon en problemas por primera vez en el partido. La “fortaleza mental increíble” que diría Allegri en la previa se manifestaba como reacción de la fuente que provee al Atlético: lo psicológico. A falta de calma para rasear el balón y generar fútbol, el empuje, la actividad frenética en la presión y el juego aéreo cambiaba el escenario en el primer cuarto de hora del segundo acto. La Juve perdió el tempo enfrascada en el intento de reaccionar a través de la verticalidad. La escena de juego había mutado: el Atlético, por primera vez, pugnaba por la posesión de la pelota.

Sin embargo, atravesado ya el ecuador del segundo acto, el bloque italiano dominaba el espacio y el tiempo de juego de nuevo. El cansancio esbozaba su primer síntoma en la ruptura de líneas colchonera. Los delanteros no bajaban y Marchisio, Pogba y Vidal ganaban peso, empezando a lanzar contras con el transcurrir de los minutos. Koke ejecutó una volea desviada como estertor aislado rojiblanco en este tramo de choque.
Pero la efectiva pegada que en tantas ocasiones ha entregado puntos al Atlético en el presente curso asestó su golpe en el 74. Un centro de Juanfran desde la banda fue rematado a duras penas por Arda y la pelota entró, mansamente, en la meta de Buffon. Con la ausencia total de juego combinativo el equipo capitalino había vuelto a ponerse por delante y la Juve, cómoda dominadora del partido, se veía obligada a responder y sacrificar parte de su equilibrio con 15 minutos en disputa. Allegri sacó del campo al renqueante Cáceres por Pereyra. El movimiento táctico-ofensivo ya estaba implementado. Leichteiner mutaría a lateral y el esquema visitante se desdoblaba hacia una línea defensiva de cuatro piezas. El duelo de estilos quedó, definitivamente, al desnudo.
El despeje extremo de Koke que rozó el poste izquierdo de Moyá en el balcón del minuto 80 reflejó la inercia desencadenada por el tanto de Arda. Simeone introdujo en la partida a Mario Suárez por Mandzukic y su homólogo transalpino hizo lo propio ejecutando el Vidal por Morata. Cierre y músculo para tapar líneas de pase y centros por parte madrileña y desborde desde segunda línea quitando otro peón en la creación del lado visitante. Los roles asumidos se llevarían hasta las últimas consecuencias con los últimos cambios: Leichteiner -algo descontrolado y con amarilla- por Giovinco y Siqueira en lugar del ovacionado Arda Turan. Y el Atlético se maneja con extrema comodidad por delante, cerrado, obligando al rival a arriesgar en su ofensiva y dejando que el crono pase. Así, con el solitario gol del mago turco llegó el primer triunfo del vigente subcampeón continental. Todavía queda camino por recorrer en lo que a generar fútbol y ensamblar las nuevas piezas se refiere, pero los puntos siguen cayendo. La Juventus medía este duelo como un boceto de su progresión en la competición y puede salir satisfecha por todo ámbito salvo el resultado.