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NOVELA


Pierre Lemaitre: Nos vemos allá arriba

domingo 05 de octubre de 2014, 14:46h
Pierre Lemaitre: Nos vemos allá arriba

Traducción de José Antonio Soriano. Salamandra. Barcelona, 2014. 448 páginas. 20 €. Libro electrónico: 14,99 €

El último Premio Goncourt, que ahora llega a España, nos cuenta la historia de dos soldados en la I Guerra Mundial, en un brillante fresco repleto de sorpresas y talento narrativo.

Por Pepa Echanove

“Todos los que pensaban que aquella guerra acabaría pronto habían muerto hacía mucho tiempo. Precisamente a causa de la guerra...”. Si cualquier novela de más de cuatrocientas páginas impone cierto respeto, qué decir cuándo se trata de abordar el último Premio Goncourt traducido al castellano por José Antonio Soriano para la editorial Salamandra. La evidencia de que es un premio merecido -bravo y chapó por los numerosos laureles que ha recibido en Francia durante el año 2013- cae por su propio peso nada más comenzar las primeras páginas que nos sitúan en el lado francés de la contienda en 1918, manteniéndonos en un estado de constante admiracíon hasta el final. Sólo las grandes novelas, a las que con licencia y saliéndonos del terreno erudito podemos llamar “novelones”, logran tal rendición por parte de los lectores, jurados y críticos.

Au revoir là-haut (Nos vemos allá arriba), de Pierre Lemaitre (París, 1951), narra las desventuras de dos soldados que no debieron morir, y que de hecho no murieron, desde el armisticio en noviembre de 1918 y la interminable espera hasta la desmovilización de las tropas un año más tarde, y su difícil readaptación a la vida civil (¿al olvido?) en el París de la postguerra: “Para un militar no hay nada peor que una guerra que se acaba”. Los protagonistas son Albert Maillard y Edouard Péricourt, testigos y víctimas en primera línea de trinchera de esta terrible guerra; de sus traiciones, de los tiros por la espalda, del dolor físico y de las mutilaciones. Cada uno a su manera, “llorando su miedo retrospectivo”, ha salvado al otro, y el destino de ambos quedará unido de por vida en una amistad profunda pero también triste y sufriente, llena de mutua dependencia y de secretos: “El chico le ha confiado su vida, se la ha entregado porque ya no puede ni cargar con ella ni librarse de ella solo... Aunque estén unidos por una historia común en la que ambos se han jugado su propia vida, los dos hombres no se conocen, y una mezcla de mala conciencia, solidaridad, resentimiento, alejamiento y fraternidad complica su relación”.

Pero, junto a la historia de los dos excombatientes, la novela de Pierre Lemaitre -y de ahí su grandeza- cuenta otras muchas historias paralelas que acaban configurando el tejido narrativo orquestado con perfecta armonía y con una energía que no decae en ningún momento. No faltan aventuras de estafadores y profanación de tumbas, falsas identidades y hombres enterrados en vida, episodios de amor y lujo, ricos avaros que se benefician del negocio de la guerra, pobres que querrían ser ricos, matrimonios por convenencia, desgraciados que suben al hades de la fama, y nobles en libre descenso a los infiernos, burgueses cornudos, bellas criaditas, estrechos funcionarios, puñaladas traperas, inyecciones de morfina...

Circulan por aquí con nombre propio multitud de personajes llenos de contrastes y muy bien caracterizados que nos transmiten siempre algo de vulnerable y de fragilidad, junto a otros con trazos monstruosos de malicia y de venganza. Y todos son necesarios. Unos llevan uniformes raídos y otros condecoraciones en la solapa, como otros son elegantes hombres de negocios con zapatos nuevos y otros van enmascarados porque les falta medio rostro; y también están las prostitutas, la niña que cuida al hombre-fantasma o el recadero manco que deambula penosamente arrastrando un carro. No le costará trabajo al lector reconocer algún eco, intencionado o no, de Dumas, Tolstoi, Victor Hugo, Allan Poe o Céline en algunos fragmentos, en algunos de estos personajes.

Como en las mejores novelas, o en las mejores películas, el suspense y el efecto sorpresa mantienen al lector pegado a las páginas hasta el final. De una fatalidad a otra, de una sorpresa a otra, del drama al melodrama en estado puro... los silencios, los instantes que anteceden o que preceden a una acción y las miradas que no se miran o los pasos que no se cruzan al doblar la esquina son otros tantos elementos narrativos de un realismo tan cinematográfico que parece que estamos viendo un “peliculón”. El autor ha conseguido gracias a su generosidad narrativa y a su dominio de la pluma traspasar el universo muchas veces egocéntrico de la excelencia literaria y lingüística, devolviendo a la novela lo que es de la novela: un género esencialmente vital y apto para todos los públicos, un espejo polifacético de la universalidad de la condición humana con sus virtudes y sus bajezas. “El enemigo, la guerra, la burocracia, el ejército: todo viene a ser lo mismo, cosas que nadie entiende ni sabe resolver”.

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