Ébola, enfermera, hospital, Excalibur, ZMapp, contagio, Teresa… Estas palabras se han convertido en habituales desde hace una semana, momento en el que se desató la alarma al confirmarse que una auxiliar de enfermería, que había atendido al fallecido misionero Manuel García Viejo, se había contagiado de ébola.
Hemos asistido impotentes y avergonzados al estallido de histeria colectiva. Hemos visto a ciudadanos enfrentarse a la Policía a las puertas del domicilio de Teresa, hemos recibido en nuestros teléfonos móviles o a través de las redes sociales mensajes alarmistas e incluso falsos que nada han ayudado a calmar los ánimos ni la preocupación. Y hemos echado de menos una reacción rápida, contundente y decisiva por parte del Gobierno.
Porque ni Ana Mato ni Mariano Rajoy pueden curar el ébola, nadie es capaz de momento a pesar de que la enfermedad se conoce desde 1976, no podemos pedirles imposibles, pero sí un paso al frente decidido e inmediato, una revisión de los protocolos de seguridad aquel mismo lunes fatídico y no días después, una formación inmediata del personal que pueda verse implicado en la atención de este tipo de pacientes y, sobre todo, una voz de mando clara que informara y tranquilizara a los ciudadanos.
Teresa lucha con todas sus fuerzas enferma y sola en la habitación de un hospital y a pesar de la gravedad de su situación ha demostrado más entereza y decisión que todos nosotros juntos. Los compañeros que le atienden han confesado que ella misma apaga la alarma que suena en el control de enfermería si ve que puede resolver el problema por sí misma, como la obstrucción de uno de los tubos por los que recibe suero. Así evita que tengan que vestirse, entrar y, por qué no decirlo, arriesgarse a un posible contagio si algo falla en el protocolo.
Sabe que se enfrenta a la muerte con los ojos abiertos y aún así mantiene la calma, lo que no hemos hecho nosotros como sociedad. Me avergüenzo sólo de pensarlo.
Si Teresa se salva, que es lo que todos deseamos, ¿qué pasará entonces? ¿La estigmatizarán en su comunidad de vecinos? ¿En su barrio? ¿En su entorno?
La desinformación es tan peligrosa como la estupidez y por eso espero que entonces Mato, Sáenz de Santamaría o Rajoy expliquen alto y claro a los ciudadanos qué pasa cuando un enfermo supera el ébola, cuándo deja de contagiar y en qué circunstancias (un paciente curado puede transmitir el ébola a través del semen, por poner un ejemplo, hasta 90 días después).
Porque lo que le faltaba a Teresa si consigue superar esta durísima travesía por el desierto que le ha tocado vivir es tener que enfrentarse a todo eso a su regreso a casa en vez de a recuperarse del todo y a descansar. Y si nadie se pone a los mandos y lanza un mensaje claro y certero, flaco favor le haremos a ella y a los que le rodeen, que sufrirán al pensar que sólo por compartir el ascensor o cruzarse con ella en el portal serán contagiados por el virus mortal.
Más información, más claridad y más decisión. Y una pizca de responsabilidad social y de humanidad. ¡Ánimo, Teresa!