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10-N

sábado 18 de octubre de 2014, 18:02h
Supongamos que, tras algún paripé para salvar la cara, Oriol Junqueras y su escudero Arturo Mas...

Reproducimos a continuación, por su interés, un artículo publicado en el diario El Mundo por Luis María Anson.

“Supongamos que, tras algún paripé para salvar la cara, Oriol Junqueras y su escudero Arturo Mas repliegan las velas del 9-N. La ley se habría impuesto y el Tribunal Constitucional mantendría su magisterio. Escucharíamos, sí, el rechinar de dientes de algunos políticos cascaruletas.

Pero nada se habría arreglado. El órdago secesionista permanecerá sobre el tapete catalán. Treinta años de educación destinada a desespañolizar Cataluña, cien errores acumulados por el Gobierno de la nación, desde la estupidez del café para todos de Suárez, Abril y Clavero Arévalo a la torpeza zapatética del anterior Gobierno y la lenidad arriólica del actual, mantienen una situación cada semana más alarmante. La V de la diada permanece clavada en el costado del Rajoy crucificado, por mucho que Soraya encienda todos los días el botafumeiro que se bambolea de lado a lado en la puerta del despacho presidencial.

Ganar el 9-N no significa casi nada. Hay que enfrentarse con el día siguiente, con el 10-N, y eso exige esforzarse hasta la extenuación para negociar, antes de que los gansos del Capitolio graznen por última vez. Es necesario que Rajoy hable con Oriol Junqueras y su marioneta Arturo Mas, que oiga a Duran Lleida, que es la moderación y el sentido común, que explique los 14 o 15 puntos que son aceptables de los 23 planteados por el presidente de la Generalidad, que debata sobre los demás, que se reconozca la potente identidad histórica de Cataluña y se estudie la fórmula económica más razonable para todos.

Si Rajoy permanece en la estrategia arriólica de los tres monos de Nikko -no ver nada, no oír nada, no decir nada- la relación entre Cataluña y el resto de España se emponzoñará tal vez de forma irreversible. Son muchos los empresarios catalanes que anhelan una tercera vía dentro de España; son muchos también los intelectuales de aquella Comunidad Autónoma que participan de la misma opinión.

El 10-N debe ser el comienzo de la larga marcha hacia el entendimiento. Y lo que es más importante: es necesario restablecer la relación de afecto profundo entre los catalanes y el resto de los españoles. No se puede seguir predicando el odio a España en determinadas instancias catalanas ni tampoco el desdén por Cataluña de una parte considerable de los políticos de los grandes partidos. Cataluña debe contar con el afecto de España y España con la consideración de Cataluña.”