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BANCOS, CAJAS Y TARJETAS

sábado 25 de octubre de 2014, 17:57h
“No ha habido crisis bancaria. Esa expresión ha sido utilizada hasta la náusea por políticos..."

Reproducimos por su interés un artículo de Luis María Anson publicado en el diario El Mundo y difundido a través de las redes sociales.

“No ha habido crisis bancaria. Esa expresión ha sido utilizada hasta la náusea por políticos y sindicalistas como fórmula para enmascarar sus desmanes en las Cajas públicas.

La auditoría de Oliver Wyman, que no hubieran resistido ni siquiera algunos Bancos alemanes, fue superada por los españoles de forma sobresaliente. Las cautelas del Banco de España, redobladas en su día por Luis Ángel Rojo, y la eficacia de los profesionales de la Banca española, lidiaron la crisis económica nacional e internacional con transparencia e indiscutibles resultados positivos. Desde Bancos de discreto tamaño, como la March, admirablemente gestionada por los hermanos de una familia seria y solvente, hasta el gigante Santander, convertido por Emilio Botín en uno de los diez grandes del mundo y el primero por beneficios, la Banca española ha sido un ejemplo para propios y extraños. Esa es la pura verdad por mucho que moleste a algunos.

En 1985, el Gobierno socialista decidió la incorporación de políticos y sindicalistas a la gestión de las Cajas públicas. En numerosos casos (con especial relieve el de Narciso Serra), políticos y sindicalistas se han dedicado a colocar en las instituciones que administraban a parientes, amiguetes y paniaguados. También a otorgar créditos a sus enchufados sin los avales necesarios. Y, por supuesto, a adjudicarse sueldos desmesurados y blindajes de escándalo. Ah, y a engañar al fisco abusando de las tarjetas negras.

No, no ha habido crisis bancaria. Ha habido crisis de numerosas Cajas públicas que son las que han recibido la práctica totalidad de las ayudas nacionales y europeas. Sin generalizar, porque hay excepciones, la voracidad y la incompetencia de políticos y sindicalistas convirtieron a muchas Cajas en negocios ruinosos. Para disimular el desastre, esas Cajas se disfrazaron con el nombre de Bancos.

Lo que necesitaban las Cajas no eran políticos y sindicalistas ignaros sino, como cualquier institución financiera, profesionales expertos. Isidro Fainé, uno de los nombres grandes de la economía española, convirtió La Caixa en una de las empresas más sólidas y rentables de nuestra nación, alineándola entre las tres grandes instituciones financieras. Con los jetas de las tarjetas, en fin, se ha desvelado ante la opinión pública parte de la catástrofe. Porque esas tarjetas son solo la punta de un gran iceberg de escándalos y trapisonderías”.