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TRIBUNA

Los linchamientos

lunes 27 de octubre de 2014, 20:46h
Las escenas de linchamiento que vemos en las películas son especialmente repugnantes porque identificamos a gente normal comportándose como salvajes. Padres de familia, mujeres, jovencitos más o menos violentos, hasta niños, participan en esas escenas con un salvajismo desvergonzado como describía William Faulkner. El novelista usa la palabra “shameless” que también podría traducirse como sin vergüenza, pero esta traducción daría lugar a interpretaciones más simplistas. Dejémoslo en salvajismo desvergonzado.

Este salvajismo unánime y desvergonzado, revestido de una extraña coherencia en el comportamiento, algo así como si fuera natural linchar a alguien, es lo que lo hace especialmente repulsivo. Enlaza con las peligrosísimas unanimidades ideológicas que aclaró Hannah Arendt y que explican el apartheid, el nazismo, el estalinismo y otros totalitarismos donde se consideraba normal una mentalidad común disparatada.

Estos días estamos asistiendo a una serie de linchamientos mediáticos: una ministra y un consejero de sanidad, más de ochenta beneficiarios de una tarjeta “black” y últimamente, también a un chaval muy espabilado, extrañamente denominado Nicolás, y a quien, los que le hemos tratado, llamábamos Fran.

Una vez disipado, con indudable éxito, la amenaza del ébola en España - espero que no se nos olvide la tragedia que está viviendo en África-, parece que los responsables últimos respiran, aunque han salido muy tocados (más bien prácticamente hundidos) del trance. Ahora vendrá toda una segunda ofensiva en los medios de comunicación –que estará condicionada por el talento mediático de los protagonistas y no por los méritos de la historia- que será la cola de la tormenta. Yo sigo preguntándome por lo esencial, el porqué del contagio de la auxiliar Teresa Romero. No parece que fuera tan inexperta, pues ya había estado en el equipo que trató al primer misionero, Miguel Pajares.

Del segundo caso, las tarjetas “black” de Caja Madrid supongo que llegará el momento de hacer distinciones y establecer responsabilidades sobre quien diseñó este montaje, quien ordenó los apuntes contables, quien dejó sin resolver esta cuestión en el balance de la caja y quien ha dejado en una situación fiscal muy precaria a los beneficiarios, hoy afectados.

Me honro en ser amigo de algunos de los beneficiarios de esas tarjetas, hoy terriblemente perjudicados por cierto, de ahí que les llame afectados. Y puedo asegurar, que varios de ellos no podían ni imaginarse que una tarjeta de crédito emitida por lo que entonces era toda una institución, Caja Madrid, pudiera ser en b, en black o como quiera llamarse, y que esta entidad, en un sistema fiscal como el español, que es uno de los más complejos de la OCDE, no cumpliera las obligaciones tributarias.

Y del tercer caso, poco que decir, Fran es o era un portento de las relaciones públicas y está sufriendo un acoso implacable. Parece, según informa algún medio, que no hay ni denuncia; por lo que puede que no haya ni delito. Y digo puede, con todas las reservas, pero démosle al caso la serenidad que requiere al menos la edad del chaval.

En estos dos últimos casos, a los afectados por las tarjetas black y a Fran se les está sometiendo a una revelación de intimidades personales como creo no se ha visto jamás. Un auténtico linchamiento del que no pueden ni empezar a defenderse.

Linchamientos hay en muchos sitios. En USA cuando los había, creo que hace muchos años que no se dan, se achacaba al racismo, y al calor como detonante. En África, el detonante suele ser el miedo a la tribu rival, a la enfermedad, a los malos espíritus. En Oriente Medio, la revancha y el odio al diferente. En la India, la sexualidad y la delincuencia. En fin, distintos detonantes para el mismo efecto: una masa que se comporta con un salvajismo horrible y lo que es peor, con la mayor naturalidad.

Nuestros linchamientos son mediáticos, y creo que tienen que ver con el sentimiento ambivalente que hay hacia los políticos. Los vemos como necesarios, pero también se percibe que un buen escarmiento de vez en cuando no les viene nada mal. Formamos parte de una sociedad tolerante, libre y educada; con una cultura muy avanzada en suma. Esta sociedad debería producir individuos libres en el más amplio sentido de la palabra. Hombres y mujeres con criterio. No nos dejemos llevar a que nos conviertan en una masa de salvajes desvergonzados.

Luis Asua Brunt

Abogado, empresario

Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.

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