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conferencia del líder del pp

¿Por qué sí?, discurso de Mariano Rajoy en ICADE

martes 20 de mayo de 2008, 19:31h
Excelentísimo y Magnífico Rector, miembros de la mesa, queridos amigas y amigos.

Quiero empezar mis palabras dando las gracias por haberme invitado una vez más a estar aquí y dando las gracias también por vuestra presencia., que -sin duda alguna- revela interés, que no adhesión. Me gustaría que al final de mi charla revelara, además de interés, adhesión.

Me habéis pedido que os explique qué está pasando en el Partido Popular, por qué presento mi candidatura al próximo Congreso de Valencia y qué es lo que pretendo hacer en el futuro. A estas preguntas quiero responder hoy ante vosotros.

Sé que mucha gente, incluidos muchos de vosotros, se siente desorientada o perpleja ante el debate que se está produciendo en estas vísperas del Congreso del Partido Popular en Valencia.

Lo primero que quiero decir a toda esa gente es que tengan confianza en el Partido Popular.

Hace algo más de dos meses se celebraron en España unas elecciones generales en las que mi partido no ganó, como era nuestro objetivo. Además, toca ahora celebrar ese congreso al que antes me refería.

Un Congreso en el que, como siempre se hace, procede renovar la Dirección del partido, las personas, y fijar la línea política para los próximos años.

En esas circunstancias es normal que se produzca un debate sobre las personas y sobre las ideas. Y al final será el Congreso del partido, en el que están representados todos los militantes, el que decida quien integra la nueva Dirección y cuáles son los planteamientos políticos que el partido defenderá los próximos años.

Por lo tanto, estamos ante un escenario producto de la conjunción de dos elementos: una derrota electoral y la convocatoria de un Congreso. No debe extrañar por lo tanto el debate, aunque sí puede sorprender la intensidad con que se está desarrollando el mismo y el entusiasmo con el que algunos están actuando a lo largo de estos últimos días.

En cualquier caso, la primera obligación que tengo como presidente del partido es apelar a la confianza de todos en que esta situación quedará resuelta por quienes pueden hacerlo, que son los compromisarios del Congreso, 3.000, que representan a un partido que en número de militantes es el más importante de Europa. Esos compromisarios que representan a los militantes tomarán las decisiones que nos obligarán a todos, tanto las que se refieren a personas como a la línea política.

En estas circunstancias ¿por qué me presento yo al Congreso del Partido Popular? ¿Por qué sí?, que no es lo mismo que 'porque sí', que es el título de esta charla.

He presentado mi candidatura a la Presidencia del partido por varias razones y voy a intentar explicarlas con absoluta nitidez y claridad.

Primero, porque me lo han pedido la mayoría de mis compañeros que me han dicho que confían en mí. Para mí esto es de una gran importancia; llevo más de media vida dedicado a la actividad política. He empezado pegando carteles a los 22 años. Salía a las 10 de la noche, estaba preparando oposiciones, y pegaba carteles en el año 1977, cuando en España se celebraron las primeras elecciones democráticas. He sido militante de base de mi partido. Éramos 5 en la Junta local de la que yo formaba parte. Después he sido presidente local y provincial en Pontevedra, secretario general del partido en Galicia y más tarde -a nivel nacional- vicesecretario general, secretario general y presidente del partido a nivel nacional.

Por tanto conozco muy bien a mi partido, lo he vivido, sé quienes son sus militantes y lo que ellos me digan, para mí, tiene un gran valor. Si no me hubieran pedido que continuara, yo no hubiera presentado mi candidatura.

En segundo lugar me presento porque aún siendo consciente de que el objetivo esencial de ganar las elecciones no ha sido alcanzado, nuestros resultados han sido muy dignos; muy por encima de los del año 2004, el segundo mejor resultado de toda nuestra historia que se plasma en el mayor Grupo Parlamentario que ha tenido el principal partido de la oposición en España desde 1977, cuando se celebraron las
primeras elecciones democráticas.

Hemos tenido 30.000 votos menos que en el año 2000, cuando el Partido Popular gobernó con mayoría absoluta y obtuvo 183 diputados. Si nuestros resultados hubieran sido peores que en el año 2004, tampoco habría presentado mi candidatura.

Me presento, en tercer lugar, y esto es lo más importante, porque tengo las ganas, la experiencia, el coraje y el empuje suficientes para asumir de nuevo la Dirección del partido y ejercer la labor de oposición, y porque estoy convencido de ser capaz de llevar el partido a la victoria en las próximas elecciones generales.

Amigas y amigos,
Me presento además porque tengo una idea de mi partido y un proyecto para España. Mi partido es el Partido Popular. Un partido como los que gobiernan la gran mayoría de los países europeos. Un partido que está integrado en el Partido Popular Europeo, del que forman parte, entre otros, las formaciones que lideran Merkel y Sarkozy.

Un partido que defiende principios que para mí son irrenunciables:


  • La libertad. Derecho básico e inseparable de la dignidad de la persona y motor del progreso de la sociedad.




  • La igualdad de derechos y oportunidades, frente a la arbitrariedad, la injusticia o la discriminación.




  • La cohesión social. Yo soy de los que creo que es obligación de los poderes públicos garantizar unas prestaciones básicas al conjunto de los ciudadanos, especialmente la educación, la sanidad o las pensiones.




  • La defensa de España como una Nación de ciudadanos libres e iguales.




  • La derrota del terrorismo.



Estos son los principios que yo he defendido en la última campaña electoral y que yo quiero que mi partido siga defendiendo en el futuro. Y quiero un partido unido en torno a esos principios y no dividido entre buenos y malos, entre blandos o duros. Quiero un partido abierto a la sociedad, donde cada día más gente se pueda sentir cómoda. Un partido que crezca constantemente. Quiero un partido que cuente con la experiencia de quienes ya llevamos años en la vida política, pero que también dé oportunidades a los más jóvenes, como a mí me la dieron cuando tenía 26 años y me presentaron candidato al Parlamento de Galicia.

Quiero un partido de centro, reformista, que se ocupe del futuro y no del pasado, capaz de anticiparse a los cambios que se producen en nuestra sociedad y a los nuevos retos. Quiero un partido capaz de dialogar incluso con aquellos con los que no esté de acuerdo, lo que no significa en absoluto renunciar a los principios en los que creemos y que defendemos. Quiero un partido independiente, que no esté condicionado en sus decisiones por nadie ajeno al mismo y que defienda única y exclusivamente los intereses generales de los españoles.

Hay mucha gente que se puede defender sola; hay mucha gente que puede defender sus intereses y tiene perfecto derecho; hay mucha gente que puede decir lo que estime oportuno y conveniente. Pero hay otra gente que tiene derecho a que exista un partido político que defienda los intereses generales de los españoles. Y yo quiero que ese partido, independiente de cualquier otra consideración, sea el Partido Popular.

Amigas y amigos,
Os he dicho antes también que tengo un proyecto para España para los próximos años, el que voy a defender. Creo que lo fundamental es mirar al futuro, mirar al mundo y atender los problemas y necesidades de los españoles. El principal error que puede cometer un gobernante es equivocar las prioridades. Es lo que sucedió en la última Legislatura, donde el Gobierno se empeñó en abrir un debate territorial, negociar
con ETA o reescribir la Historia de España y no atendió a las verdaderas necesidades de los españoles y, en particular, a la de preparar nuestra economía para poder competir en un mundo global.

En mi opinión, los objetivos fundamentales para los próximos años son los siguientes:


  • Derrotar a ETA. Mientras exista una organización terrorista en España no puede haber una prioridad distinta que la de su derrota. El Partido Popular apoyará al Gobierno de España en este objetivo, siempre y cuando no repita los errores del pasado. Si yo he criticado durante 4 años en un sinfín de debates parlamentarios al Gobierno por hacer las cosas mal y el Gobierno en el futuro decide hacer las cosas como yo le dije que creía que deben de hacerse, es evidente que yo -por rectificar y avanzar en la buena dirección- no voy a criticar al Gobierno. No voy a criticar porque sí. Criticaré cuando crea que sea necesario hacerlo.




  • Segundo gran objetivo. Recuperar los grandes acuerdos nacionales. En las democracias avanzadas, que son las de nuestro entorno, los grandes partidos, aun defendiendo planteamientos políticos diferentes -que es lo normal en una democracia-, deben de estar de acuerdo en algunas cuestiones básicas.



Éstas, en mi opinión, y puede haber más, son hoy las siguientes: la lucha contra el terrorismo. Me parece que lo más sensato y lo más razonable es que los grandes partidos estén de acuerdo y tengan como objetivo básico y prioritario derrotar al terrorismo. No fue posible en la pasada Legislatura. He dicho y reiterado en un sinfín de oportunidades que el Sr. Rodríguez Zapatero se equivocó al negociar con ETA. Si el Sr. Rodríguez Zapatero cambia de criterio y vuelve al sentido común, es evidente que yo acordaré con el Sr. Rodríguez Zapatero, o con quien esté en el Gobierno, o quien esté en la oposición la política para luchar contra el terrorismo.

Segundo asunto, el modelo territorial. España tiene que ser lo que digan los españoles que sea y no lo que digan unos españoles representados por un gran partido nacional y unos partidos nacionalistas. El Partido Popular y el Partido Socialista suponen hoy más del 80 por ciento de los votos de los ciudadanos españoles. Desde 1977, jamás se tomó una decisión a la hora de reformar nuestro modelo de Estado sin el acuerdo de los dos grandes partidos nacionales. No lo hizo Suárez, no lo hizo Calvo Sotelo, no lo hizo González y no lo hizo Aznar. Por primera vez, en la pasada Legislatura, un gobernante tomó una decisión de calado, muy importante, cuyos efectos aún desconocemos, como fue prescindir del principal partido de la oposición para aprobar un Estatuto, fue el caso del Estatuto de Cataluña.

Cuando hablamos del Estatuto de Cataluña, no hablamos solo de la regulación de asuntos que pueden importar a los ciudadanos en Cataluña, hablamos de España. Y cuando se habla de España, es fundamental el acuerdo entre los dos grandes partidos mayoritarios.

En la última Legislatura hubo un debate importante en las Cortes, donde hubo un acuerdo entre el Partido Popular y el Partido Socialista. Fue el debate sobre el Plan Ibarretxe. Y allí le dijimos a Ibarretxe que su propuesta de Estado libre asociado ni era aceptable, ni era constitucional, ni la querían la inmensa mayoría de los españoles.

Hoy ha vuelto a reunirse, esta misma mañana, han terminado hace escasos minutos, el presidente del Gobierno y el Sr. Ibarretxe. Desconozco a fondo cuál ha sido la conversación que han tenido. Sólo sé que el Sr. Ibarretxe, en una convocatoria del conjunto de los medios de comunicación que estimaron oportuno y conveniente estar allí, dijo que no estaba satisfecho. Si él no está satisfecho, yo estoy satisfecho, no porque sí, sino porque la prioridad hoy en País Vasco es acabar con ETA y devolver la libertad y garantizar los derechos individuales de todas las personas.

Pero, además, no estoy de acuerdo con su propuesta sobre el derecho de autodeterminación. No es constitucional y deben opinar sobre ella todos los españoles. Yo creo que España es una nación de ciudadanos libres e iguales, la más vieja de Europa con más de 500 años de Europa y creo, además, que es una nación plural. Por eso, en el año 1978 hemos aprobado un modelo de organización del Estado, que era el Estado de Autonomías, y al cual dio su apoyo de una manera muy mayoritaria el conjunto de los ciudadanos españoles.

Creo que en este momento no es prioridad en el País Vasco modificar ningún marco jurídico y político. El Estatuto de Autonomía de Gernika hoy vigente, aprobado en 1980, concede el mayor grado de autonomía que ninguna Comunidad Autónoma, o región o nacionalidad, o como le queramos llamar, tiene ningún país del mundo que yo conozca.

Por tanto, no estoy de acuerdo con las pretensiones del Sr. Ibarretxe. Creo que el Sr. Ibarretxe equivoca las prioridades, creo que la prioridad es la lucha contra ETA y ocuparse de los problemas de la gente. Y si el presidente del Gobierno tampoco está de acuerdo con el Sr. Ibarretxe, creo que entre todos damos un paso hacia adelante muy importante.

Tercera prioridad, el futuro de nuestras pensiones. Es muy importante que los grandes partidos nacionales estudien y tomen decisiones juntos sobre el futuro de nuestro sistema de pensiones. No voy a entrar en el detalle, lo podemos hacer después en el coloquio.

Creo que también es muy importante un acuerdo en los aspectos básicos de la política exterior y también un acuerdo en materia de la Administración de Justicia. No se trata sólo de renovar el CGPJ o el Tribunal Constitucional, que hay que hacerlo. Quiero recordar aquí a Roberto García-Calvo, magistrado del TC lamentablemente fallecido. Pero creo que el tema de la Justicia es un tema capital para el futuro,
al que a veces no damos importancia, porque no aparece habitualmente en los medios de comunicación. Y sin embargo, cuando ocurre, como ha sucedido hace escasas fechas, que una niña es asesinada en Huelva porque una persona que tenía que estar en la cárcel no estaba y, por tanto, la mató, nos damos cuenta que en el año 2008 es absolutamente sorprendente -por no utilizar otra afirmación- que el Poder Judicial y los juzgados de toda España no estén conectados por las nuevas fórmulas de lastecnologías.


  • La tercera prioridad, que en circunstancias normales, si no hubiera terrorismo y no se hubieran roto los consensos básicos de la Nación, debería ser la primera, es hacer de España una Nación fuerte, próspera y con liderazgo en la Unión Europea y en el mundo. Este es el reto de ahora, como hace 30 años fue la "normalización europea" de España.



Sobre este asunto, quisiera haceros algunos comentarios que me parecen de interés.

A finales de los 70, cuando yo tenía vuestra edad aproximadamente, España se sumaba a la transición democrática. Con el esfuerzo de una gran mayoría de españoles y la clarividencia de sus dirigentes políticos de entonces, se construyó una España democrática, abierta, que superó también su marginación política en Europa.

Para nosotros entonces, para mi generación, Europa, la Comunidad Europea, era una especie de sueño, de meta, pues simbolizaba modernidad, libertad, democracia y también prosperidad. En suma, la "normalidad" a la que aspirábamos para superar un régimen autoritario, una situación de marginación y una economía mediocre.

Vosotros habéis nacido ya en otra España. No habéis conocido otra cosa que esa España democrática y europea y que, sin perjuicio de altibajos, ha adquirido unos altos niveles de prosperidad y está ya en la media europea.

Ahora, el objetivo debe ser el de una España que prospere, que crezca en un contexto global. Para ello, España debe ejercer cada vez mayor influencia y liderazgo en la Unión Europea, que es nuestro marco natural de acción política, y que aspira a desarrollar un papel creciente en el mundo. Si somos fuertes, si influimos en la Unión Europea, como influimos hace no muchos años, también seremos más influyentes en el escenario mundial, que es el escenario global.

Yo quiero esa España más fuerte, más próspera, más influyente en Europa y también en el mundo. Por eso, también entre los objetivos de nuestro programa electoral estaba trabajar seriamente para en el momento oportuno formar parte del llamado G-8, ese foro de los países más desarrollados del mundo, que tiene un papel muy destacado en el mundo global en el que nos toca vivir.

He propuesto y propongo una España ambiciosa, una España de futuro. En cambio, el PSOE y la trayectoria de Zapatero ha sido proponer una España que mira hacia atrás, que se replantea incluso lo que somos, como si la etapa de la Transición democrática no hubiera sido ya superada y España no hubiera alcanzado todavía un status de país "normal".

Zapatero, además, no ha perseguido para España un papel relevante en Europa; y en el mundo global sus apuestas, lamentablemente, han sido dirigentes como Chávez y Evo Morales. Yo, por el contrario, he tenido y tengo otras ambiciones para España. Ya hemos conseguido hace décadas que España sea un país europeo "normal" y lo que quiero, y para lo que os convoco a vosotros y a toda la sociedad española, es para una España fuerte, próspera y de liderazgo en la Unión Europea y en el mundo.

En cuarto lugar, si queremos hablar de una España próspera, nuestro objetivo capital debe ser mejorar la competitividad de la economía española, en un mundo cada vez más abierto y global, donde las fronteras se diluyen y tienden a desaparecer y donde la libertad económica cada vez es más amplia.

Hoy nuestras empresas ya no compiten entre sí; hoy la competencia es a nivel mundial. España no es un país que cuente con recursos energéticos ni materias primas, como otros. Para nosotros son esenciales las personas, lo que en economía llaman algunos recursos humanos. Para competir necesitamos personas, empresarios, técnicos, funcionarios y trabajadores, todos ellos bien formados, que sepan defender bien sus intereses, los de sus empresas y los de nuestro país en un contexto que, como he dicho antes, es global y abierto, y en el que hay una enorme competencia.

Por eso es fundamental mejorar nuestro sistema educativo y que todos seamos conscientes de que en el futuro seremos el producto de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo y de nuestros conocimientos. Vosotros sois universitarios, sabéis mejor que nadie de lo que estoy hablando.

La administración tiene una gran responsabilidad y mejorar el sistema educativo es muy importante, pero lo es más todavía que seáis conscientes de que en el mundo en el que nos ha tocado vivir nadie os va a regalar nada y que todo lo que hagáis para mejorar vuestra formación irá en vuestro beneficio y en el de vuestro país. Es un mundo de grandes retos, es un mundo de grandes oportunidades, pero es un mundo que exige también estar a la altura de las circunstancias, y eso no se hace por decreto, ni por ley, ni con un discurso. Eso se hace con trabajo, con esfuerzo, con formación, estando al día y pretendiendo ser cada vez mejor.

No quiero entrar en detalles, pero creo que el sistema educativo, y sobre todo la escuela pública, debe recuperar un nivel de exigencia que garantice las oportunidades del futuro. En este sentido el estudio de idiomas, la familiarización con las nuevas tecnologías y aumentar la preparación en lengua, matemáticas y ciencia, deberían ser objetivos prioritarios desde las primeras etapas de la enseñanza.

En la misma línea -y hablo de la competitividad de la economía española, que es hablar de bienestar y riqueza, no es un concepto jurídico indeterminado- es prioritaria la atención a la investigación y mejorar su vinculación con el mundo de la empresa, dedicar recursos a las infraestructuras y mejorar el funcionamiento de la Administración de Justicia, garantizando una mayor seguridad jurídica, que es un presupuesto indispensable para generar y atraer inversiones.

Amigas y amigos,
Éstos que he citado de forma muy somera, el tiempo es el que es, deberían ser objetivos prioritarios para los próximos años y deberían ser también los principios inspiradores de la acción de cualquier Gobierno responsable. Es verdad que hay cuestiones urgentes que hay que atender, pero lo urgente no nos debe hacer olvidar lo que deben ser las prioridades de cara al futuro.

No voy a entrar ahora en algunas cuestiones que, con mucho gusto podemos abordar en el coloquio, sin embargo sí quiero hacer referencia a un asunto que me parece capital en estos momentos y que no está recibiendo del Gobierno la atención que merece.

Me refiero a la situación económica. Durante cuatro años el gobierno se ha limitado a ver con complacencia lo bien que funcionaba la economía española. No aprovechó los momentos de bonanza económica para preparar la economía para los momentos más difíciles. Y ahora estamos en una situación muy difícil, que la crisis de las "subprime" ha puesto en evidencia de una manera muy notoria

España tiene un problema de competitividad y de endeudamiento de las familias y las empresas que no se ha atajado en estos últimos años. Nuestro déficit exterior es de un 10% de PIB, un récord, un récord lamentable si nos comparamos con el resto de los países de nuestro entorno.

Para financiarnos y para mantener nuestro nivel de crecimiento necesitamos 9.000 millones de euros al mes. Hoy, por la crisis de liquidez, eso ya no es posible. Y los efectos se están notando ya en la subida de precios, en las hipotecas, en el aumento del desempleo -el dato que publican hoy los medios de comunicación es ciertamente para preocuparnos, Bruselas alerta de que uno de cada cinco jóvenes españoles está en paro, la tasa más alta de los 27-.

En esta situación el Gobierno sigue sin hacer nada, que es la peor de las políticas posibles, es la política del tancredismo. Y esa política de no hacer nada, lejos de generar credibilidad y confianza, provoca más incertidumbre en los agentes económicos y sociales y en el conjunto de la sociedad con los consiguientes efectos negativos sobre las economías familiares.

Hace 6 meses debatí con Solbes los Presupuestos Generales del Estado. El gobierno preveía un crecimiento económico del 3,3 % para este año; hoy casi nadie, seis meses después, cree que el crecimiento pueda llegar al 2%.

En esta situación, el no hacer nada es la peor de las situaciones. Creo que hay que actuar. El Gobierno no puede limitarse a ser un simple comentarista de la situación, que es el papel que ha adoptado el ministro de Economía. Los Gobiernos no están para hacer análisis, los Gobiernos están para tomar decisiones y para gobernar, como su propio nombre indica.

Creo que hay que hacer una rebaja importante y urgente en el Impuesto de Sociedades para que nuestras empresas puedan competir con las de otros países, donde tienen un Impuesto de Sociedades muy claramente, en algunas ocasiones, inferior al que pagan las empresas españolas.

Creo que hay que apostar porque el gasto público crezca por debajo del crecimiento de la economía y creo que son necesarias reformas estructurales que abran más sectores a la competencia y que, por tanto, puedan servir para generar credibilidad y confianza y para evitar que se produzca un empobrecimiento de nuestro país como nación y de la economía de las personas, de los ciudadanos y, sobre todo, de las personas más débiles.

Sin duda alguna hay muchos más asuntos que podrían merecer mi atención. He intentado fijarme en lo que me parecía más importante a fecha de hoy.

Creo que España es un gran país y los españoles siempre que hemos sido convocados a un gran objetivo nacional, siempre, hemos estado a la altura de las circunstancias. Ocurrió primero en la etapa de la Transición, cuando España se convirtió en un democracia moderna, después cuando entramos en la Unión Europea en el año 1986 y más recientemente - hace ahora 10 años- con motivo de nuestra entrada en la Unión Económica y Monetaria, en el Euro.

El Partido Popular gobernó España durante 8 años. Sin perjuicio de los errores propios de cualquier obra humana, fue una etapa de gran progreso para nuestro país. La sociedad española entendió y compartió el proyecto político que entonces le presentamos y fue capaz esa sociedad de crear más de cinco millones de puestos de trabajo y de acercar nuestros niveles de bienestar a los de los países de nuestro entorno.

El Congreso del Partido Popular que celebraremos el próximo mes de junio ha de servir para presentar a los españoles un partido unido y un proyecto que dé respuesta a los grandes retos a los que nos enfrentamos y a los que he hecho referencia. Un proyecto que cuente con el apoyo de la mayoría de la sociedad española, como ya ocurrió en su día.



Éstos, y no otros, son mis objetivos. Para conseguirlos creo estar preparado y para conseguirlos voy a trabajar porque, además, estoy convencido de que muy pronto serán una realidad.



Muchas gracias.
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