TRIBUNA
Derecho y democracia
lunes 10 de noviembre de 2014, 19:29h
Tengo la impresión de que se da hoy, en nuestra vida política y social, una creencia, cada vez más extendida, en que el Derecho es algo de lo que, en último término, se puede prescindir; una especie de lujo o añadido, un adorno que puede tener en algún momento su utilidad, pero que es, en definitiva, tan solo eso, tan solo adorno.
Frente al derecho o tras él encontraríamos otras realidades a las que conceder un verdadero valor.
Una de esas realidades bien puede ser la de un pueblo en marcha a lo largo de la historia, una esencia nacional que no se detiene ante menudencias tales como el ordenamiento jurídico.
Otra de esas realidades –y no siempre separada de la primera– es la de la democracia. Pero una idea sui géneris de democracia, que entiende que el principio democrático puede contraponerse a un ordenamiento jurídico también democrático. Es una idea tramposa, una idea que tiene sentido en determinadas circunstancias históricas o políticas, pero no en las nuestras actuales.
El ordenamiento jurídico, claro está, siempre es legal. Pero no siempre es legítimo. Puede existir un conflicto entre legalidad y legitimidad, que es propio de regímenes políticos de signo autoritario o totalitario. Los sistemas en los que no ha existido un poder constituyente que haya dado lugar a una verdadera Constitución democrática como cúspide del ordenamiento viven en su seno un conflicto entre legalidad y legitimidad. Pero ese conflicto es falso cuando se vive en democracia. Lo legal es, por definición, también legítimo. Evidentemente, esto no quiere decir ni mucho menos que el Derecho existente deba ser considerado como algo intocable y perpetuo, puede y debe modificarse de acuerdo con las exigencias socio-políticas de cada momento; pero ello no debe conducir al argumento mendaz de que ese Derecho modificado era algo contrario a la democracia. La democracia es una idea muy exigente, que por ello mismo también incluye en su seno el respeto a los procedimientos y a los derechos de las minorías. La democracia no es una mayoría que arrasa sin detenerse a mirar lo que va dejando a su paso.
Cierro este breve artículo con la sensación de que no he hecho sino recordar cosas obvias. Así es realmente. Pero creo que no está de más, aunque solo sea para tratar de frenar esa creencia cada vez más extendida. Aunque ojalá me equivoque en mi percepción… Leía ayer un artículo que recordaba una frase pronunciada por Manuel Azaña en 1932: “Somos demócratas, y por serlo, tenemos una regla segura: la ley”. Dejemos, por favor, de confundir las cosas.