EN TRES TIEMPOS
La Revolución de Terciopelo
martes 18 de noviembre de 2014, 20:46h
Actualizado el: 18/11/2014 22:06h
Praga es una de las ciudades más hermosas del mundo, y mezcla de manera fascinante su belleza natural, marcada por el río Moldava, unido a un desarrollo histórico de siglos. Adicionalmente, ha tenido una destacada vida cultural, en la música y en la literatura, por ejemplo. Como muchos lugares de Europa Central y del Este, fue parte de los avatares del siglo.
En efecto, uno de los países que más sufrió el dolor del nacionalsocialismo y el comunismo fue Checoslovaquia. Desde luego, fue de las primeras sociedades que invadió Hitler, con sus ideas de anexión y expansión. Terminada la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en otra de las sociedades que salió de un totalitarismo para caer en otro, en este caso el soviético, en un proceso que se mantendría por décadas, con altibajos, caídas y esperanzas, hasta la victoria en 1989, aunque hubo manifestaciones previas de descontento y esperanzas de libertad detrás del Telón de Acero.
Un momento crucial en el siglo XX se vivió durante la Primavera de Praga, cuando las autoridades checas, encabezadas por Dubcek, intentaron crear lo que llamaron un "socialismo con rostro humano". Como era de esperar, considerando el ejemplo de Hungría en 1956 y los compromisos del Pacto de Varsovia, la Unión Soviética no vio con buenos ojos estas formulaciones liberales y pronto intervino militarmente en la capital checa.
La Primavera de Praga fue derrotada, pero dejó una secuela que recordaría después el propio Vaclav Havel (1936-2011): "Estos hombres no disponían del poder real ni aspiraban a él: el ámbito de su vida en la verdad no podía ni siquiera, por tanto, ser la reflexión política; podían ser poetas, artistas, músicos; no es necesario que fueran genios, sino simples ciudadanos que lograban mantener su dignidad humana... Una cosa parece clara: el intento de una reforma política no fue la causa del despertar de la sociedad, sino su resultado último". Había comenzado la rebelión, y se había demostrado -una vez más en la historia- que la dictadura sólo podía sostenerse bajo la violencia.
Otro momento decisivo se produjo años después en la famosa Carta de los 77, consecuencia de la Primavera de Praga y una nueva demostración de libertad por parte de la disidencia checa, que nació de una pequeña reunión en 1976. Al respecto vale la pena releer el excelente libro escrito por esos días, en 1977 y 1978, por Vaclav Havel, El poder de los sin poder (Madrid, Ediciones Encuentro/ Instituto de Estudios Europeos, 2013), que circuló entonces de forma clandestina y que refleja de manera muy clara las ambivalencias del momento histórico. En una de las reuniones clandestinas se escuchó: "Algo hay que hacer", palabras pronunciadas por uno de los presentes, y cuyo resultado fue esa famosa Carta, que tenía como principal portavoz era al mismo Havel, y que llegaron a firmar más 241 personas. La represión se desató, hubo detenciones y amenazas, pero también solidaridad, especialmente occidental. Las autoridades del régimen levantaban acusaciones de "derechismo" y proferían ataques contra los liderazgos de la Carta; por otra parte, muchos signatarios fueron despedidos de sus trabajos. El resultado era el mismo de 1968, pero también era igual el símbolo: el régimen sólo podía mantenerse a través de la violencia.
La década de 1980 fue decisiva en todo el mundo sometido al comunismo. Y el momento más relevante se produjo el 17 de noviembre de 1989, hace exactamente 25 años y poco después de la caída del Muro de Berlín. Fue una fecha doblemente histórica. En 1939, fue el día que los nazis cerraron las universidades y asesinaron a un grupo de estudiantes; en 1989 una gran manifestación de estudiantes fue dispersada con brutalidad, lo que dio inicio a lo que se conoce como la Revolución de Terciopelo. Desde entonces los checos celebran esa fecha como el "Día de la lucha por la Libertad y la Democracia". Tres días después se fundó el Foro Cívico, con exigencias de libertad para los presos políticos y libertades políticas, mientras las calles volvían a llenarse con una marea humana que protestó contra el régimen comunista. El 24 de noviembre renunció la Secretaría General del Partido, así como los miembros del Comité Central del Partido Comunista. El régimen que sólo podía sostenerse bajo el peso de la violencia, fue derrotado por una revolución pacífica hasta lo increíble.
En un texto particularmente brillante de 1992, que tituló "La impotencia de los poderosos", el presidente de Checoeslovaquia Vaclav Havel -quien había sido elegido a fines de diciembre de 1989 para dirigir el país- extendía sus reflexiones políticas hacia una visión más profunda del ser humano: "He afirmado más de una vez que los decenios de régimen totalitario son algo más que tiempo perdido: constituyen una determinada experiencia específicamente espiritual que se puede aprovechar y valorar, que nos puede enriquecer gracias a lo que nos descubre el autoconocimiento humano... La civilización actual ha llegado a una encrucijada decisiva. Por un lado, ha conseguido éxitos sin duda fantásticos : por otro lado, la humanidad se encuentra, quizá por primera vez en su existencia, amenazada en su totalidad por las culpas cometidas por esa misma civilización".
Con ello, volvía a la naturaleza profundamente humana de las rebeliones de 1968 y 1989, así como rechazaba el carácter materialista y antinatural de las dictaduras nazi y comunista, que habían sometido a gran parte de Europa durante el siglo XX. Havel ponía un estándar de desarrollo humano más alto y profundo, en una civilización que muchas veces no comprendía que en la lucha por la libertad no sólo habían existido políticos y economistas, sino que también habían dado su testimonio escritores y científicos, gente corriente que gozaba del privilegio del sentido común y de la experiencia cotidiana de la falta de libertad. A ellos, precisamente, representó con tanta fidelidad la Revolución de Terciopelo.