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ENTREVISTA

Fesser: "Es difícil defraudar a Ibañez con el cariño que siento por estos dos calvos irrepetibles"

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
martes 25 de noviembre de 2014, 18:48h
El cineasta madrileño estrena este viernes Mortadelo y Filemón contra Jimmy El Cachondo. Por L. Crespo
Fesser: 'Es difícil defraudar a Ibañez con el cariño que siento por estos dos calvos irrepetibles'
El universo frenético, barroco, destartalado y delirante de Francisco Ibáñez vuelve a la gran pantalla en la que podría decirse es, al menos hasta el momento, su adaptación definitiva. Tras la irrupción en los cines de algunas aventuras animadas en la década de los setenta, el cineasta Javier Fesser se encargó de la primera transformación de los clásicos personajes de Mortadelo y Filemón en actores de carne y hueso. Fue en el año 2003, cuando La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón ganó tantos adeptos como detractores al impregnar la versión cinematográfica del comic de dobles sentidos y palabras malsonantes. Éxito de taquilla y cierta polémica acompañaron lo que para Fesser, fan de los comics desde niño, fue un sueño hecho realidad. Ahora, y después de que la versión de Miguel Bardem en 2008 (Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra) pasara mucho más inadvertida por las salas, el realizador madrileño se reencuentra con los personajes de Ibañez en Mortadelo y Filemón contra Jimmy El Cachondo, la primera película de los superagentes de la T.I.A. en animación 3D que llega este viernes a los cines con una apuesta muy distinta a las anteriores películas, según ha asegurado Fesser en un encuentro con El Imparcial.

“He partido de cero para hacer esta película”, dice el cineasta, a pesar de que sea su retrato de los primeros Mortadelo y Filemón de piel, cercano al surrealismo y la bizarrería, el que haya quedado grabado en el imaginario popular. Según Fesser, La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón “traducía un tebeo a imagen real” en algo nuevo fruto de unir el universo de Ibáñez y del propio realizador, entre las viñetas de los cincuenta y El Milagro de P. Tinto. “En este caso, utilizamos la animación para acercarnos al tebeo a tope, para hacer que la experiencia de ver esta película sea parecida, en la medida de lo posible, a la de leer un comic de Mortadelo y Filemón”, explica y confiesa que con este, su cuarto largo, cumple un sueño que le “perseguía desde hace mucho tiempo”: hacer una película de animación.

“Intuía, como así ha sido, que hacer animación es un juguete impagable para cualquier director. Parece que estás metido en un laboratorio de narrativa, en donde la cámara la mueves con un ratón y los personajes los colocas donde tú deseas, sin que nadie se queje. En más de una ocasión me he pillado a mí mismo pellizcándome para ver si estaba soñando o era de verdad”, cuenta.

"Es muy tentador encontrar un lugar cómodo y quedarse ahí, pero eso sería el principio del fin"


Así que Fesser retoma a unos viejos amigos –tanto de las páginas de los comics que devoraba en su infancia como de la que fue su segunda película-, pero hace algo nuevo. “Tengo siempre presente que no quiero repetirme, no quiero aburrir a nadie ni a mí mismo, prefiero ponerme la zancadilla para no apalancarme”, asegura, y reconoce que, “cuando encuentras un lugar en el que estás cómodo, un tipo de películas que manejas y controlas bien, es muy tentador quedarse ahí, pero eso sería el principio del fin”. Queda patente en su trayectoria, que va desde el surrealismo cómico de su debut con El milagro de P. Tinto, a la comedia más blanca de su primera incursión en el mundo Ibañez, pasando por el polémico drama Camino, que le valió el Goya a la mejor dirección y al mejor guión, y ahora a la animación. Por si fuera poco, Fesser avanza que su próximo proyecto, actualmente en fase de escritura, es “una película de imagen real, dramática, histórica y rodada en chino”.

De momento, se apunta la experiencia de hacer animación “rodada” en español y no, tal y como estamos acostumbrados en el género, doblada “lo que le da un color a la banda sonora que nada tiene que ver”. Karra Elejalde es el actor responsable de dar voz y personalidad a Mortadelo, con “esa cosa de marciano imprevisible”, señala Fesser. Y Janfri Topera hace lo propio con Filemón, “un premio Nobel de la interpretación”, según el director, que “mezcla la chulería, con la ternura, con el fracaso disfrazado de éxito y con el quiero y no puedo”.

Ibañez, genio

En lo que sí es constante Fesser es en firmar el guión de lo que dirige. “Es un guión original pero que está absolutamente plagado de las situaciones, los personajes y los gags de Ibáñez, además de los lugares que a mí como espectador me encantaría ver en una película de Mortadelo y Filemón”, explica el director. Fesser se muestra entusiasmado con el hecho de que Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo se publique también ahora en formato comic, con dibujos de Ibáñez sobre el texto del cineasta.

“Ibañez es una persona que lo hace todo muy fácil”, dice Fesser, “un genio que no sabe que lo es”. Según el realizador, “su generosidad incluye el entender que él maneja magistralmente el lenguaje del cómic, pero que el del cine es otro distinto”, por lo que se agradece “la libertad y la confianza” que el historietista le brindó para que se “sintiera cómodo haciendo con sus personajes lo que estimara oportuno”. En este sentido, el cineasta asegura que “adora, respeta y se cree” a los personajes. “Es difícil defraudar a Ibañez partiendo del cariño tan enorme que siento por estos dos calvos irrepetibles y lo bien que me lo paso en este universo que él ha creado”, concluye.

"Ibañez es un genio que no sabe que lo es"


Ese universo es precisamente el que Fesser ha querido trasladar al cine, con lenguajes distintos, sí, pero con la intención de que la experiencia de disfrutar de él en papel y en pantalla sea lo más similar posible. El esquema: un ritmo frenético y una acción trepidante -heredados de “el vértigo de Ibañez a una viñeta en la que no viene un tanque y se lleva por delante tu casa”- combinados con el amor por el detalle. “El segundo término de las viñetas de Mortadelo y Filemón está lleno de riqueza: una araña que cuelga del techo, una anciana a la que le están atropellando por detrás, un ratón que sale por la alcantarilla del suelo... eso está en la película, pero aquí tienes que administrarte y adjudicarle un tiempo a cada plano, así que es imposible verlo todo”, explica Fesser, y propone el juego de descubrir detalles que asegura que él mismo sigue sumando en cada nuevo visionado. “Es la misma sensación que con el tebeo, la de querer leerlo muy rápido para ver todos los gags en seguida y después volver atrás para disfrutar de los detalles”, sugiere.



Además del humor más universal de la caída y el disfraz, la nueva versión de los espías más queridos de la T.I.A. sigue la línea de introducir pequeños guiños a la actualidad. La televisión, Gran Hermano, la crisis, la burbuja inmobiliaria o el mundo rural se cuelan de refilón en la historia, además de alguna referencia a personajes famosos que sacará, como poco, una sonrisa.

“Cien por cien española”

Como cualquier profesional que se asome al sector de la animación, Fesser pone por delante la “capacidad técnica y artística de primera división que hay en este país para hacer animación”. Otra cosa, dice, “es que la industria sea capaz de poner en marcha productos que son muy costosos y muy largos de forma continuada como para que un estudio de animación pueda permanecer en el tiempo”.

En este sentido, aboga por cambiar el concepto de universalidad a la hora de pensar en proyectos exportables, rentables a nivel internacional. “Sin ir más lejos, esta película creo que puede ser interesante fuera precisamente por lo auténtica que es, por lo española que es”, opina y expone que “cuando tratamos de hacer una película más universal, para que guste y se acerque a todos los mercados, le estamos quitando personalidad”.

“A mí las películas de fuera que me gustan son las que me cuentan cómo son las cosas en sitios que no conozco y me encanta pensar que esta película es, como diría Usillos de El Milagro de P.Tinto, ‘cien por cien española’”, termina.
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