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¿CON O SIN IVA?

sábado 20 de diciembre de 2014, 18:58h
Reproducimos a continuación, por su interés, un artículo de Luis María Anson publicado...

Reproducimos a continuación, por su interés, un artículo de Luis María Anson publicado en el diario El Mundo.

“España no es un país caribeño. La mordida es palabra que apenas se usa en nuestra nación. Aquí no hay corrupción social generalizada. Aquí, el policía no levanta una sanción a cambio de una compensación económica. Aquí, el juez no suaviza una sentencia para beneficiarse del soborno del sentenciado. Aquí, el notario o el registrador no prevarican para recibir un estipendio del cliente. Aquí, el periodista no pone la mano para silenciar una noticia. Aquí, el catedrático no aprueba exigiendo a cambio una compensación económica al padre del zoquete. Aquí, el arquitecto no trampea con los porcentajes de hierro o cemento a favor del negocio del constructor. Aquí, el médico receta lo que debe al margen de los señuelos económicos de determinadas industrias. Claro que hay excepciones, por supuesto que sí. Pero en sus líneas generales la sociedad española está sana y al margen de la corrupción. De ahí la indignación generalizada que provocan políticos y sindicalistas cuando el ciudadano medio contempla la larga, la incesante caravana de las trapisonderías y corruptelas de la clase política y la casta sindical. Y como el fruto sano se zocatea enseguida cuando se pone en contacto con el que está cedizo, la opinión pública alza su voz airada contra los corruptos a través de los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales.

Aquí, en fin, salvo en la actividad de políticos y sindicalistas, no hay mordidas generalizadas. La picaresca de la sociedad española se reduce al “¿con IVA o sin IVA?”, que, a diferencia de Dinamarca o Suecia, es verdad que se ha extendido en España en determinados oficios y profesiones. Esa pregunta se deriva en gran parte del abuso de los impuestos con que la clase política sangra a los contribuyentes para despilfarrar luego el dinero recaudado en la suntuosidad y el derroche, cuando no en la corrupción y la trampa.

En España, la ciudadanía tiene ya conciencia clara de que las partidos políticos y los sindicatos se han convertido en un negocio voraz y en agencias de colocación para enchufar a parientes, amiguetes y paniaguados. El español medio está asqueado. Está asqueado por las filesas, los gürtel, los bárcenas, los eres, los cursos de formación, las “guerras púnicas”, las malayas, las marbellas, los urdangarines, los pujoles y los palaus. Sabe también que, además de la corrupción creciente, lo que caracteriza a nuestra clase política y a nuestra casta sindical es la mediocridad. Hombres y mujeres que no sirven para casi nada, que han demostrado su incapacidad para ejercer con decoro una profesión o un oficio, se dedican a la política o a la acción sindical, que es el terreno abonado para que prosperen los mediocres. Y claro, muchos de los que saben que el regreso a la sociedad civil les devolverá a la indigencia, se apresuran a forrarse el bolsillo aprovechándose de sus cargos políticos o sindicales, provocando el asco general y la repulsa social, la cual ha llegado a tal extremo que estamos bordeando el estallido revolucionario. En el palacio de la Moncloa no perciben que el esplendor del poder del que están disfrutando es ya el esplendor del incendio”.