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RELATOS

Alice Munro: Todo queda en casa

domingo 21 de diciembre de 2014, 14:10h
Alice Munro: Todo queda en casa

Varios traductores. Lumen. Barcelona, 2014. 1072 páginas. 29,90 €. Libro electrónico: 12,99 €. Selección de veinticuatro relatos elegidos por su propia autora, la canadiense Alice Munro, maestra del cuento, cuya obra obtuvo el Premio Nobel en 2013.

Por Ángela Pérez

Quizás ustedes piensen que para que una vida pueda convertirse en materia literaria debe ser excepcional. Sin duda, en la literatura no escasean las existencias marcadas por lo épico, lo exagerado, las situaciones límite o cualquier otro elemento que sobrepasa el discurrir cotidiano. Pero también sin duda muchos escritores prefieren detenerse en lo más cercano y conocido, explorar una cotidianidad que esconde muchas más aristas de las que a primera vista pudiera parecer. Entre estos autores ocupa un lugar de privilegio la canadiense Alice Munro (Wingham, Ontario, 1931), que a lo largo de su dilatada y fructífera carrera ha cosechado numerosos y prestigiosos galardones dentro y fuera de su país, como el Man Booker International Prize, el National Book Critics, el W. H. Smith Award, o el Ennio Flaiano, que fueron coronados por el Premio Nobel, obtenido en 2013.

Vidas pequeñas, vidas sin especial relieve, aparentemente anodinas e insulsas, son las que pone ante nuestros ojos Alice Munro, sin salirse de un territorio bien delimitado, al que sabe otorgar un sentido universal. Cuando en cierta ocasión le preguntaron qué podía haber de interesante en la descripción de la vida provinciana de Canadá, respondió: “Hay que estar allí. Pienso que cualquier vida puede ser interesante, cualquier entorno puede ser interesante”. Y al concedérsele el Premio Nobel se apuntó que “encajadas en sus textos hay a menudo descripciones de acontecimientos cotidianos pero decisivos, una especie de epifanía, que arroja luz sobre la narración que las rodea y permiten que cuestiones existenciales aparezcan de repente como iluminadas por la luz de un relámpago”.

La escritora ha encontrado el punto justo y exacto para rastrear y transmitirnos esas vidas mediante un género, el cuento, aparecidos originariamente en exigentes publicaciones como The New Yorker, Atlantic Monthly o The Paris Review, en el que es consumada maestra. Se ha convertido en un tópico señalar que Munro es la Chéjov canadiense. Ciertamente, nada le tiene que envidiar al autor ruso, pero Munro, como todo escritor auténtico, ha sido capaz de imprimir a sus relatos un sello absolutamente personal, donde brilla el “estilo claro y el realismo psicológico”, como subrayó el jurado del Nobel, y en el que tiene un especial relieve el punto de vista femenino, aunque esto no significa en absoluto un reduccionismo o una sectaria militancia feminista, sino algo natural. Al respecto apunta la propia Munro: “Es algo específico de las circunstancias en las que crecí: si alguien leía, eran las mujeres, si alguien tenía educación, solía ser la mujer; habría sido maestra de escuela o alguna profesión por el estilo, y, lejos de estar cerrado a las mujeres, el mundo de la lectura y la escritura estaba mucho más abierto a ellas que a los hombres, ya que estos eran granjeros o hacían otro tipo de trabajos”.

No son pocas las colecciones de cuentos de Alice Munro, traducidas al español, como La vista de Castle Rock (RBA, 2009); Escapada (RBA, 2009); Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (RBA, 2009); Secreto a voces (RBA, 2010); Demasiada felicidad (Lumen, 2010, Debolsillo, 2012); Las lunas de Júpiter (DeBolsillo, 2010); Amistad de juventud (DeBolsillo, 2010); La vida de las mujeres (Lumen, 2011, DeBolsillo, 2012), que es su única novela, El progreso del amor (RBA, 2012) y Mi vida querida (Lumen, 2013). Pero la que ahora ofrece Lumen está llamada a ser un referente. En Todo queda en casa se reúnen veinticuatro relatos elegidos por la propia escritora. El libro tiene algo de despedida en cuanto que Munro anunció su intención de no escribir más. Una despedida en donde se atesora una obra luminosa e imprescindible, en la que, sin alharacas, además de un prodigio narrativo, se brindan reflexiones de sugerente calado: “Solemos decir que hay cosas que no se pueden perdonar, o que nunca podremos perdonarnos. Y sin embargo lo hacemos, lo hacemos una y otra vez”. En el volumen, el lector encontrará piezas maestras del género como “El amor de una mujer generosa”, “Los muebles de la familia”, “Pasión”, “Juego de niños”, o “Llegar a Japón”, entre otros relatos, algunos de raigambre autobiográfica. Asimismo, se incluye oportunamente, a manera de prólogo, la entrevista que realizó Stefan Asberg a Alice Munro para la televisión sueca y que sirvió como discurso de agradecimiento de la autora canadiense por la concesión del Nobel.

Emociones y sentimientos, mentiras y secretos que no pueden ocultarse eternamente, personajes muy complejos en su aparente simplicidad, envueltos en las contradicciones propias del ser humano, surcan un microcosmo ideado con tanta maestría como sutileza por Alice Munro. Un microcosmo donde no hay buenos y malos, condenas o justificaciones, sino el dédalo de la existencia. Porque, como dijo Munro, “nada es fácil, nada es simple”.

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