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TRIBUNA

La Lotería: el impuesto regresivo

miércoles 24 de diciembre de 2014, 15:15h

Carlos III implantó en España la primera lotería en 1763 a imitación de la Loto italiana, con un proyecto del Marqués de Esquilache. Se trataba de la lotería de números o «primitiva», precursora de la que posteriormente aprobaron las Cortes de Cádiz, bajo el rótulo de la «Lotería Moderna», cuyo primer sorteo se celebró en Cádiz el 4 de noviembre de 1812, en plena Guerra de Independencia. Según su impulsor, el Ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciriaco González Carvajal, se creaba para «aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes».

España atravesaba por aquel entonces una de las peores crisis de su historia más reciente: las hambrunas de 1808 y 1812, los combates con los franceses y las epidemias, produjeron a lo largo de la guerra unas pérdidas económicas notables y un descenso demográfico de entre 560.000 y 885.000 habitantes en una población que apenas superaba los 10 millones. A lo que se unía que el Gobierno necesitaba dinero para poder seguir asumiendo los elevados gastos militares hasta el final de la guerra, que llegaría en 1814.

Sólo desde este peculiar contexto de crisis económica y financiera se puede entender que se convocara el primer sorteo navideño, el 18 de diciembre de 1812, en Cádiz, a través de papeletas con los números impresos. Y el primer Gordo, ascendía a la cantidad de 8.000 reales que obtuvo un español de clase media baja, configurando desde entonces el perfil del jugador y además demostrando cómo se podía maximizar el beneficio gracias a un gasto de solo 40 reales en aquel momento. Se hacía así realidad la quintilla referida al personaje del Gordo: “De alegría y de dinero, este Enano afortunado, si le estudias con esmero, te enseñará alborozado, de la fortuna el sendero”.

Gracias a la progresiva retirada de las tropas napoleónicas, la Lotería que inicialmente se celebró sólo en Cádiz y San Fernando, se pudo implantar después en Ceuta y más tarde en toda la comunidad andaluza, instalándose finalmente en Madrid en 1814 con el tradicional sistema de bombos y bolas.

El Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad en España es algo verdaderamente singular en el mundo no sólo por su popularidad (hasta el 80% de los adultos juegan directa o indirectamente) sino por la magia que encierra. La lotería se convierte en una forma de comprar ilusiones para muchos españoles de un nivel medio bajo que confían en la suerte para mejorar su situación socio-económica.

En diversas investigaciones realizadas desde perspectivas tan distintas como la sociología o la economía, se concibe la Lotería de Navidad como un tipo de movimiento grupal del juego en el que los individuos actúan motivados en su comportamiento por nociones básicas de la teoría económica como la aversión al riesgo o la maximización de beneficios a un “supuesto” coste bajo. La realidad demuestra que no son precisamente los ricos los que juegan más sino los que pertenecen a una clase social inferior por ser sus miembros los que más anhelan mejorar su posición económica dentro de la sociedad. Precisamente, ello es lo que ha despertado la reflexión entre los economistas de que no deberían existir los juegos del azar, a diferencia de los sociólogos y psicólogos que, por el contrario, opinan que la compra de una ilusión o un sueño podría justificar la decisión de jugar.

A pesar del porcentaje tan bajo que en términos reales existe de que a uno le toque un premio de la Lotería de Navidad, los españoles juegan masivamente por lo que describen los economistas como “efecto arrastre”. Al igual que ocurre con otro tipo de bienes, piénsese en las modas, los individuos consumimos bienes por mera imitación de lo que hacen los demás. Con otras palabras, los otros con su consumo nos influyen en nuestras decisiones hasta el punto de alterar nuestra jerarquía de preferencias y ello aunque el coste sea más elevado de lo que nos podemos permitir.

Quizás convenga recordar que las 20 personas más ricas de España han aumentado en el último año su fortuna en 15.450 millones de dólares, más de 1.760.000 dólares por hora, y poseen actualmente tanto como el 30% más pobre de la población española, casi 14 millones de personas, según la ONG Oxfam. Según el director general de Oxfam Intermón, José María Vera, «España tiene que dejar de ser el segundo país más desigual de la UE» por lo que «no basta con esperar a que la economía repunte». Según Vera, «el crecimiento económico per se no crea sociedades más justas ni prósperas». «Son necesarias políticas más redistributivas que apuesten por reducir la desigualdad», en buena medida, porque los altos niveles de desigualdad generan sociedades duales y poco cohesionadas.

De todos los décimos vendidos en la lotería de Navidad, el 30 % de la recaudación queda en manos del Tesoro Público, quien puede verse incluso todavía más agraciado si entre los décimos que se devuelven a Loterías se encuentra alguno de los números premiados. Por si esto fuera poco, desde el 22 de diciembre de 2013, los premios que superen los 2.500 euros tienen una retención del 20 %. Seamos conscientes de que mientras que el IRPF es un impuesto progresivo, donde pagan más los que más tienen, en la lotería justo sucede lo contrario y pagan más los que menos tienen. Dicho de otra manera, el impuesto tiene un carácter regresivo y es soportado por los ciudadanos con menos recursos económicos.

No les falta razón a los que opinan que, en realidad, a quien le toca verdaderamente el Gordo de Navidad, desde hace nada menos que 200 años, es al Estado. Y así sólo nos queda ver nacer una nueva ilusión tras el Sorteo de Navidad: la de los que anhelan que el Estado desarrolle políticas públicas que disminuyan las desigualdades socio-económicas y la brecha existente entre ricos y pobres en España.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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