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FELIPE VI, CONTRA LOS BASUREROS DE LA HISTORIA

miércoles 31 de diciembre de 2014, 10:30h
La agencia Efe, que dirige de forma eficaz José Antonio Vera, ha publicado un libro...

La agencia Efe, que dirige de forma eficaz José Antonio Vera, ha publicado un libro impreso con máxima calidad en el que se agavillan un centenar de fotografías de Felipe VI desde su nacimiento a su proclamación, tras la generosa abdicación de su padre Juan Carlos I. Me pidieron que escribiera para el libro un artículo sobre la legitimidad dinástica del nuevo Rey. Hijo de Juan Carlos I, nieto de Juan III, bisnieto de Alfonso XIII, el nuevo Monarca desciende de los Reyes Católicos, de Carlos I, de Felipe II, de Carlos III y, sobre todo, es el Rey respaldado por una Constitución ejemplar votada por la voluntad general libremente expresada del pueblo español. Reproduzco a continuación las líneas que escribí para el libro de la agencia Efe:

“Cuando era un bebé, Doña María, su abuela, me lo puso en brazos. En el jardín de Villa Giralda jugué con él. Era un revoltoso niño de cuatro o cinco años. Quien podía pedírmelo me encargó en 1986 que hiciera una entrevista política de altura al Príncipe de Asturias, cadete entonces en la Academia de Zaragoza, porque algunas publicaciones del corazón comenzaban a frivolizar su figura. Dirigía yo el ABC verdadero y atendí con mucho gusto la sugerencia. Catorce páginas dedicó el periódico a aquella primera entrevista política de Don Felipe. Se lo recordé en 1991, el día en que me entregó en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Nunca he pedido una audiencia a Don Felipe. Nunca a Don Juan Carlos. Eso queda para el cortesanismo estéril. He acudido siempre que me llamaron, cumpliendo la promesa que le hice a Don Juan III cuando, en mayo de 1977, me pidió que trasvasara mi lealtad a su hijo.

A los 18 años, Don Felipe de Borbón y Grecia era ya un hombre. Tenía los ojos claros y firmes, la palabra serena, el ademán justo, las manos expresivas. De su persona dimanaba espontáneamente el sosiego, el equilibrio, la moderación. Hablaba pausadamente, sin alzar la voz. Era serio pero sonreía con frecuencia. Y con simpatía contagiosa. Peleaba día a día con la timidez. Nunca sorprendí en él un gesto de altivez, una palabra de presunción. Era un Príncipe que no necesitaba recordarlo para que todos lo reconocieran. La sencillez, la bondad y la inteligencia figuraban y figuran entre sus cualidades destacadas. Tiene el sentido de la Historia de su abuelo y la decisión para cumplir el deber de su padre. Pero se parece, sobre todo, a su madre. Es tenaz, razonador, ecuánime, con gran conocimiento humano. Está siempre en su sitio, como la Reina madre, Doña Sofía. Hablar con él es como levantar a tiras la piel de mármol de la Historia. Porque le deslumbraba su abuelo Don Juan, porque admira a su padre y porque hará lo mismo que Don Juan Carlos ha hecho, será un gran Rey. Un Rey de su tiempo, lejos de depredadores políticos, por encima de los basureros de la Historia, preocupado solo por servir a su pueblo, por atender el bien de su pueblo. “Todo por España -me dijo en aquella lejana entrevista, y en sus ojos claros aparecía esa firmeza que he visto tantas veces en su padre, que vi tantas veces en su abuelo-. No hay un sacrificio que no esté dispuesto a hacer por España”.