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SORAYA, ACOSADA POR SIETE MINISTROS Y UN EXMINISTRO

jueves 01 de enero de 2015, 12:02h
Soraya Sáenz de Santamaría no pertenece al grupo de mujeres de cuota. Tiene una profesión...

Soraya Sáenz de Santamaría no pertenece al grupo de mujeres de cuota. Tiene una profesión ganada a pulso. Es culta, inteligente, sagaz y muy trabajadora. Paso a la mujer que se abre paso. Mano derecha de Mariano Rajoy, ha sabido torear a Pedro Arriola al natural y por molinetes, y ha acumulado más poder que ninguna otra mujer en la Historia de España.

Como es lógico, porque la condición humana permanece invariable desde que Aristóteles escribió su ensayo filosófico sobre la política, algunos de sus compañeros han terminado por hacer frente a la depredadora. El llamado G-5 se constituyó por García-Margallo, José Manuel Soria, Ana Pastor, Jorge Fernández Díaz y Miguel Arias Cañete, hoy exministro. Aseguran los enterados que Pedro Morenés, Rafael Catalá e Isabel García Tejerina se han sumado al grupo de acosadores. Todos ellos, por cierto, ejemplarmente leales a Mariano Rajoy. No se trata de una conspiración para derribar al presidente del Gobierno sino para robustecerle.

Entienden los siete ministros y el exministro que además de gobernar como hace Soraya, es necesario cantarle las 40 a Pedro Arriola y ponerse en marcha. A Rajoy le queda poco tiempo. No puede seguir esperando a que los cadáveres de sus rivales desfilen ante las verjas del Palacio de la Moncloa. Si quiere permanecer en el Gobierno tendrá que saltar al ruedo ibérico y batirse en los periódicos, en la radio, en la televisión, en las redes sociales. No le queda a Mariano Rajoy otro remedio que enfrentarse abiertamente con sus rivales por mucho que eso le reviente. El presidente no está en el Olimpo. No es Júpiter. Por el contrario, sus índices de aceptación popular están por debajo de los otros dirigentes políticos nacionales. La pasividad puede ser una fórmula destructiva para el presidente del Gobierno. Tiene que salir a la palestra y lidiar el toro marrajo de la opinión pública. Eso es lo que quiere el G-8. Y seguramente no le falta razón a este grupo de ministros marianitas que contemplan con estupor cómo el tiempo pasa y la inmovilidad arruina las posibilidades de reelección del presidente del Gobierno.