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Y DIGO YO

Podemos y las flores de un día

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 01 de enero de 2015, 19:31h

Uno espera ingenuo que con el Año Nuevo las cosas cambien algo, pero no, seguimos igual. La obsesión, por no decir miedo, con Podemos hace que cualquier noticia susceptible de relacionarla con la formación que lidera Pablo Iglesias sea portada en distintos periódicos e informativos y objeto de concienzudos análisis por parte de expertos, políticos y personajes de todo pelaje que abundan en las tertulias.

Esta semana, a cuenta de que el primer ministro griego convocara elecciones generales anticipadas y ante el previsible triunfo del partido izquierdista Syriza, tan afín a la formación de Iglesias que aquí se le llama el “Podemos griego”, los partidos y los medios de comunicación se han vuelto locos para volver a explicarnos lo que ya sabemos todos, que España no es Grecia.

De paso, tanto unos como otros, los de derechas y los de izquierdas, han aprovechado para advertir de los desastres que le esperan a Grecia si Alexis Tsipras forma Gobierno y decide seguir el argumentario prometido de no pagar la deuda o renegociarla con quita o, por el contrario, para animar a Syriza a refundar Europa junto a Podemos e IU.

El caso es que hay muchas diferencias entre los griegos y nosotros. Los expertos avisan de que Grecia no podrá pagar nunca su deuda pública, mientras que España, que también está hasta las cejas, lo hace con una notable salvedad: pedimos dinero para pagar nuestros gastos, pero lo devolvemos.

De momento, Tsipras parece que recula y ya ha dicho que si gobierna garantizará los depósitos bancarios de los griegos “en cooperación con sus socios europeos y el BCE”, con los que tiene previsto negociar. Veremos cómo lo hace. Dice que la campaña del miedo contra él no funcionará esta vez porque la situación económica de la Unión Europea es distinta. Lo que no ha pensado es que cabe la posibilidad de que si se pone muy “tonto” con eso de no pagar la deuda, esta vez sí dejen caer a Grecia.

Y este sería el mejor ejemplo para los que en España creen que si ganan unas elecciones van a poder hacer lo que quieran. Para los que piensan que se puede gobernar con el manual de joven revolucionario sin tener en cuenta lo que suceda alrededor. Ya le pasó a uno que iba de muy autosuficiente en mayo de 2010 y tuvo que comerse los principios ideológicos con patatas porque las cosas funcionan de otra manera.

No digo con esto que haya que aguantarse y aceptar unas reglas de juego que pueden no ser las más adecuadas, justas o solidarias (lo que ustedes quieran), apunto que en aras de conseguir ese objetivo no se puede tirar por la calle de en medio sin medir unas consecuencias que, estas si, pueden tener efectos absolutamente destructivos.

Hay algo en lo que sí son iguales España y Grecia: el enfado, hastío e indignación de la población por un sistema (el capitalista) que ha demostrado una carencia terrible cuando una crisis se alarga más de lo previsto. La cosa estaría en buscar un equilibrio entre un modelo por el que unos cuantos lo pasan mal cuando las vacas vienen flacas y otro en el que pierden todos.

No hay que olvidar que en este país, con vacas gordas, cuando todo el mundo tenía para el vermú, no importaban tanto los casos de corrupción ni el sueldo de Rajoy. No es mala cosa que la sociedad madure y empiece a tener capacidad crítica, aunque haya sido por las malas. De todo se aprende y como dice el refrán, a río revuelto ganancia de… Podemos en España o Syriza en Grecia o el Frente Nacional en Francia o el Movimiento Cinco Estrellas en Italia.

Aquí está por dilucidar si los planes de Pablo Iglesias para llegar a La Moncloa –cosa que él da por hecho– pasan por seguir alimentándose del descontento de la gente o va a proponer algo factible, posible y practicable de cara al futuro de nuestro país. Esto ha de quedar muy claro porque, ¡ay!, una cosa es predicar y otra muy distinta es dar trigo. Cuidado con las flores de un día. Como ya hemos visto, unos vienen y otros se marchan, pero los problemas se quedan. Nos los quedamos.

Javier Cámara

Periodista

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