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ESTRENO VIERNES 9 DE ENERO

Birdman, apoteósico trabajo de González Iñárritu y Keaton

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 09 de enero de 2015, 00:33h
Birdman, apoteósico trabajo de González Iñárritu y Keaton
Sin duda, uno de los estrenos del año. Por Laura Crespo
Lo más necesario a la hora de hablar de Birdman, el último trabajo del mexicano Alejandro González Iñárritu, es poner las ideas en orden. Más de lo normal. Porque en Birdman, allí donde se mire hay algo que destacar. Es una película contundente, tan densa en forma y fondo como increíblemente rítmica y adictiva en el visionado. Birdman juega a hablar de la propia industria del cine y todo lo que en ella se cuece y lo hace con una dirección magistral, una técnica sublime y unos actores que se salen de la pantalla, tanto por su impresionante trabajo como por los irónicos e intencionados paralelismos con la realidad.

El ‘comeback’ es un término que se está popularizando también en España (sobre todo a raíz del Mi gran noche de Raphael desde el verano pasado). Pues bien, Birdman es un ‘comeback’ sobre un ‘comeback’, dentro de un juego malicioso y delicioso de alusiones a lo real. El protagonista, Riggan Thomson, es un actor venido a menos que vivió el apogeo de su carrera interpretando a un célebre superhéroe y que ahora trata de reconducir su vida personal y profesional con el estreno de su primera obra en Broadway. Y quien se pone en la piel de Riggan no es otro que Michael Keaton, el eterno Batman para más de una generación que empezó a pasar muy desapercibido a mitad de los noventa y ahora, con Birdman, se postula al Oscar con gran firmeza.

La propia cinta tendrá probablemente un hueco en las candidaturas de los premios de la Academia de Hollywood, que suele gustarse de dos de los principales ingredientes de Birdman: el propio ‘comeback’ de Keaton y el autorretrato, el divagar sobre la propia industria.

En el personaje de Keaton se da un debate casi constitutivo del cine como industria cultural, como bicefalia entre el arte y el entretenimiento. El ficticio Riggan Thomson busca ganarse el prestigio sobre las tablas mientras su decadente popularidad le pesa como una losa (la popularidad es la prima prostituta del prestigio, se dicen en la película). Y la voz de su pasado que lo atormenta tira en la dirección contraria: la del taquillazo que hacía felices a millones de espectadores, apartándoles de su cotidianidad por un rato. Iñárritu lanza un dardo a la moda de los superhéroes en superproducción masiva que copa la cartelera en los últimos años, pero también a los prejuicios de la crítica especializada y a la altivez de buena parte del circuito más independiente.

Birdman hace una radiografía en clave de comedia negra del mundo del ‘artisteo’, con especial atención a los altibajos extremos; al pasar de un sentimiento de grandeza a otro de absoluta miseria en cuestión de segundos; al ego y a la inseguridad como amantes opuestos pero dependientes.

En este contexto, Keaton está descomunal, bailando entre lo patético y lo valiente, luchando por sobrevivir, por sobrevivirse. El resto del reparto también es responsable del buen resultado global de la película, integrando un casting al que no puede ponérsele pero alguno.

De nuevo tocando suavemente las teclas de lo real, Edward Norton (American History X, El Club de la Lucha) interpreta a un actor difícil de tratar, con una tendencia irrefrenable a superponerse al director y un ego alentado por su buena trayectoria en el círculo broadwaiano. En lo personal, sin embargo, es un ser frustrado, incapaz de sentir lo que no está escrito en un guión. La bipolaridad del genio problemático se hace carne en Norton.

Naomi Watts (Lo Imposible, King Kong), y Andrea Riseborough (Oblivion) terminan de completar el catálogo de filias y fobias tan arquetípico como real (entiéndase como una generalización) de los actores: la inestabilidad emocional, el amalgama entre vida profesional y personal, la endogamia del sector… Zach Galifianakis (Resacón en Las Vegas) representa otra figura clave de esta realidad: la del representante con mano izquierda, visión de negocio -a veces, desmesurada- y paciencia a raudales. Además, Emma Stone (Spiderman, Criadas y Señoras) es la hija del protagonista, parte involuntaria de la locura que, sin embargo, sabe a veces distanciarse y mirar las cosas con perspectiva.

Por último, Birdman podría ser el espaldarazo definitivo de Iñárritu en la industria americana y brindar al cineasta mexicano el Oscar que se le resiste (ha estado nominado como director en una ocasión, por Babel, y tres de sus películas han optado a la estatuilla sin llevársela finalmente a casa). González Iñárritu se ha lanzado a la comedia, negrísima y con intensas dosis trágicas, pero comedia al fin y al cabo. Después de haberse afianzado como cineasta de las bajezas humanas, en ambientes turbios y con un estilo visual seco en las brillantes Amores Perros, 21 Gramos y Biutiful (Babel se separó un poco de su tendencia habitual), ahora gira del todo.

No es solo el género. Iñárritu ha experimentado con el formato en un montaje de secuencias de 10-12 minutos que, juntas, dan la sensación de un increíble plano secuencia. A parte del placer visual, esta intrépida forma de rodar y editar proporciona un ritmo especial a la cinta al que los diálogos, frescos y cargados de sentidos, ponen la guinda.

Sin duda, uno de los estrenos del año.
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