El fenómeno político más actual está siendo el grupo denominado Podemos. En artículo precedente analizamos la raíz etimológica de esta forma indicativa del verbo “poder”. Significa el mando de un clan dentro de un grupo étnico, familiar, religioso. Contradice, por tanto, el valor semántico que Podemos quiere introducir en el vocablo al contraponerlo a “casta” como conjunto de fuerzas democráticas ancladas en el poder desde la Constitución de 1978.
Las denominaciones de clan y casta coinciden, sin embargo, en el concepto de linaje. Tienden a perpetuarse como herencia de uno u otro modo consolidada. Consecuencia de ello es, por extensión, otro sesgo semántico introducido al oponer, en nombre del pueblo, República a Monarquía. Hay en las dos oposiciones una trampa conceptual. La mecánica de la imagen convierte el medio de transmisión en verdadero mensaje. El contenido queda supeditado al soporte. Marshall Macluhan analizó el fenómeno mediado el siglo XX. La técnica del magnetismo eléctrico o de las ondas digitales configura un ambiente que define la función de quien lo procesa. Sus efectos engendran afectos sociales. La continuidad perceptiva del ojo suelda simultáneas las relaciones de onda y el medio adquiere relieve configurando ídolos, mitos, centros de convergencia mental y nódulos de sentido a manera de marcas existenciales. Semiólogos (Roland Barthes) y sociólogos (Pierre Bourdieu) analizaron esta metamorfosis sin catarsis crítica. Llega incluso a niveles de metempsicosis cuando la imposición del discurso así instrumentalizado anula la libertad de percepción. La imagen no solo sustituye a la realidad, como dedujo Daniel J. Boorstin (The Image: A Guide to Pseudo-Events in America) al analizar su impacto en la sociedad americana mediado también el siglo XX. La crea asimismo. Impone falsos acontecimientos que trastocan valores perceptivos y sustituyen al acto moral y al héroe por el eslogan y el sujeto tipificado (celebrity). El éxito e impacto vigentes hoy en los sistemas educativos. Y esto es la raíz del poder, conjugado en cualquier modo y persona, singular o plural. Tanto República como Monarquía se fundan en el pueblo, por más que difieran en modo y fundamento.
Otros efectos de este engranaje son la anulación de la línea, que permite disociar la acción y el pensamiento, dicen Macluhan y Quentin Fiore (The Medium is the Massage. An Inventory of Effects), y la fusión del mecanismo técnico con la idea que asocia. Sin distancia crítica entre ellos, añadamos. El individuo pierde sustancia. La esencia se descentra, licúa. Converge en el tipo (imagen-forum), marca, etiqueta (label), líder. El triunfo de la oferta y demanda.
Ha habido un período en el que estas secuencias pasaron por el tamiz de la Razón y originaron lo que hoy conocemos como Democracia o voluntad consensuada del pueblo. El eje y punto de convergencia ha variado, no obstante, con los siglos y persiste hoy en la geografía humana con diversa representación política. Contra él pugna la fuerza del poder uniforme. El mundo ofrece también variado ejemplo. La imposición técnica puede ser uno de ellos, sutil, cuando fagocita la capacidad de reflexión que induce al acto de voluntad libre.
Otra variante de esta proporción es el carácter versátil de la sociedad ante ciertos acontecimientos, como sucedió con el atentado terrorista del 11 de marzo de 2004, en pleno período electoral. La introducción de ciertas consignas y carga semántica en el circuito emocional producido y proyectado sobre el fondo bélico de Irak, motivaron el voto favorable al partido que mejor y más audazmente manejó la mediación pública. Sabemos hoy, por declaraciones del líder de Podemos, que tal estrategia se ideó y realizó en su entorno, aunque la aprovecharon los opositores políticos de entonces.
Efecto notable de este fenómeno fue además el vivido en mayo de 2011 con la remoción de los indignados en plazas públicas de España e intentos posteriores de asalto a las instituciones parlamentarias. La crisis económica era, en este caso, el motivo y pretexto de alteración semántica revolucionaria en el conflicto social. Se hizo lo posible para rentabilizarlo por parte de la oposición legislativa de izquierdas. Unos y otros perdieron vida en el empeño. Costó el cargo a varios líderes y se produjo un vacío institucional grave en uno de los principales partidos parlamentarios. Dañó también al Gobierno y su electorado, así como a la democracia entera. Se incrementó la desconfianza en la clase política, erosionada por la corrupción de varios estamentos sociales.
Se produjo además otra consecuencia destacable: la escisión entre Gobierno y Estado. Ya no se trata solo de hacerse con el Gobierno de la Nación, sino de remover sus cimientos. ¿Por qué? Sencillamente, se introduce una metonimia morfológica y oportuna al atribuir al sistema las causas de la corrupción gubernamental. Y el ataque a la forma de Estado es la criba la Constitución, del régimen político iniciado en 1978.
Y en eso estamos. Para ello se aprovechan los medios con que se cuenta. Unos los proporciona la situación política y económica con su corrupción y descrédito. Otros los ofrece la “casta” personal que la representa, todos los partidos e instituciones mezclados sin distinción. Entre ellos, los consorcios mediáticos y tecnológicos, televisión y redes sociales de Internet fundamentalmente. El espectáculo. Gente a la que se vació el cerebro con la técnica antes descrita reduciendo la institución educativa y universitaria a secuencia de brillo y éxito parpadeante. El vacío de la mente la dispone a cualquier recepción que convierta el sistema nervioso y los giros cerebrales en eco y resonancia del circuito electromagnético. Esto satisface el autismo del internauta.
En una conferencia impartida en la UNED el 21 de noviembre de 2014, el representante de Podemos Íñigo Errejón esbozó algunas de las claves de este revoltijo mediático de la política. Pronunció una conferencia cuyo título aprovecha otro de Ortega y Gasset, pero sin citarlo: “Vieja y nueva comunicación política”. La antigua es, se deduce, la analógica, de representación proporcional, y la nueva, la digital, deíctica, más próxima, natural e inmediata. No sería cuestión de restaurar, como manifiestan algunos y criticaba Ortega y Gasset hace un siglo en “Vieja y nueva política”, ni de remover el Estado con la Monarquía embridada (Constitución actual española), según propone el filósofo, sino de invertir el fundamento real de la acción política. ¿Cómo?
Con una nueva mediación orgánica, por más que Errejón no citara este adjetivo. Un nuevo ordo geometricus o armonía preestablecida de círculos convergentes cuyo centro no tiene, sin embargo, y como en Leibniz (esto lo añadimos nosotros), circunferencia que lo represente. El centro está en cualquiera de ellos, como en las mónadas, que se replican a través de la percepción, apercepción (memoria) y apetencia de acción coordinada. No son círculos concéntricos, sino intersecciones de conjuntos, esferas con eco de resonancia común: el clamor del pueblo sintiéndose interpretado.
Y esto requiere una técnica acorde. La mediología de Régis Debré resulta apropiada. Recordó Errejón al sociólogo francés biselado con otros teóricos políticos. Y esto es lo supuesto o “impensado” que no dijo. Los recursos materiales del proceso mediático contribuyen a crear espacios de fiducia social y afecto ideológico. La mediación sustancia las ideas transmitidas dotándolas de trasfondo familiar, por mucha crítica que el tiempo invertido esparza. El espectador queda colgado. Para ello se precisa un resorte de cambio permanente y un lenguaje sustitutivo (esto sí lo mencionó) del común amanerado. Es lo que ha conseguido Podemos y sirve en bandeja a los medios que, sin temblarle la mano, reformaría una vez instalado en el poder, y que hoy usa con tales pretensiones. Así obtuvo cinco escaños europeos sin contar aún con partido propio. Más paradoja. El conjunto de instrumentos se convierte en “materia organizada” (MO) del mensaje inducido, el cual transforma el proceso en “organización materializada” (OM). El círculo resulta autotélico y genera volumen de audiencia. La organización transforma el medio en entidad social y el análisis distingue “esferas” correlativas de materia y concepto: armonía preestablecida (calculada) de mediosesferas y logoesferas, grafo, vídeo, hiper y ciberesferas. Una lectura hermenéutica del marxismo actualizado con horizonte comunista.
Cuando se impone uno de estos campos léxicos y conceptuales de la comunicación, garantiza vigencia, audiencia y voto. Podemos lo logra a medida que se constituye en partido que pretende fagocitar a los demás como perspectivas o visiones circulares de estas esferas. Por eso activa los tics y rasgos mediáticos, como elogiar el discurso del Papa Francisco en el parlamento europeo el 25 de noviembre de 2014. Coincide la dirección de imagen aunque difiera el fundamento: Latinoamérica y sus revoluciones sociales. La diferencia queda también mediatizada.
Es preocupante que la sociedad aplauda, sin saberlo -más grave aún-, que en el corazón de la Europa constituyente se busque revertir la onda cultural exportada desde Colón a toda América. Y hay que admirar políticamente, no obstante, el giro que Podemos induce. Regula la indignación ciudadana de los últimos años; remueve la inercia liberal y socialdemócrata; atrae a escépticos de la política; descubre, en fin, la trampa del independentismo. La intención de voto a Podemos reduce a más de la mitad las cifras manejadas por los independientes en Cataluña, País Vasco y Galicia. Algunos medios extranjeros le auguran el triunfo de los próximos comicios. El tiempo dirá si sigue vigente una observación de Ortega en el artículo citado: “Los Ministerios, como las Universidades, no crean competentes”. Y en la aún precaria Universidad española tiene Podemos su fuente. Ortega también propuso círculos, redes, y predijo “un sistema nervioso por el que corran vitales oleadas de sensibilidad y automáticas, poderosas corrientes de protesta”. ¡Hace un siglo y once meses! En 1914. Avanzamos.