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TRIBUNA

Podemos y los separatistas

sábado 07 de febrero de 2015, 19:50h

La apelación al patriotismo que hizo el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en su discurso del 31 de enero es digno del mejor elogio. Ha roto con un tabú de los miles de políticos, correctos hasta el aburrimiento y la molicie, que evitan esa palabra para no ser identificados o confundidos con corrientes antidemocráticas. No obstante, la utilización de esta palabra requiere una especificación que, por cierto, no hizo nunca Iglesias. No basta una apelación genérica al país, hay que decir España, o mejor, la nación española. Si no se habla de modo claro y distinto de la nación española, las referencias al pueblo español que se rebeló contra el ejército napoleónico son vacías. Es menester en este asunto concretar. Diga, pues, el señor Iglesias soy patriota español, un patriota de España, y será fiable su discurso. Defienda la unidad de España y aún será más creíble.

Ya sé, amigos de Podemos, que el asunto es complejo y, lejos de circunscribirse únicamente al respeto a los criterios que se derivan del artículo 2 de la Constitución, es decir, sobre la indisoluble unidad de la Nación y el derecho a la autonomía, exige una respuesta política a preguntas sencillas, por ejemplo, ¿qué hacer con el Estado-nación, España?, ¿se une Podemos a los nacionalistas para luego venirse atrás e intentar rectificar sobre la pretensión de secesión de los soberanistas catalanes?, en fin, quien diga algo serio y fundamentado en el seno de Podemos, siguiendo los argumentos de Enric Martínez, militante barcelonés de Podemos, debería divulgarlo para formarnos un juicio sobre el particular.

Pero no creo que Podemos tenga clara su posición sobre cómo actuar, cómo solucionar, el principal problema del Estado-nación, España, a saber, su posible ruptura. No creo que Podemos tenga una opinión política bien formada sobre el secesionismo catalán. No creo ni siquiera que tengan una estrategia seria para abordar la cuestión, porque aquí no vale la calculada ambigüedad que, por otro lado, tantas ganancias puede reportarle a Podemos en otros ámbitos de la acción política. No mantengo, sin embargo, como crítica esta carencia de discurso sobre la nación española, sino como una posibilidad que se le abre a este partido para pensar bien qué es hoy el Estado-nación en Europa. De esa cuestión, sí,dependerá el éxito o el fracaso de Podemos en el futuro.

Si Podemos quiere tener una política propia para toda España, si quiere tomar una decisión firme y sin remilgos sobre el Estado-nación España, debería saber que si algo está triunfando en la UE, o mejor,en la política europea, no es la propia Unión, sino las naciones, las grandes naciones, que la componen. Son los Estados nacionales los que tratan de imponerse por encima de la Unión. Estudiar el liderazgo de Alemania en la UE, en los últimos años, es sólo un ejemplo del significado, o mejor, de la relevancia política del Estado-nación. La unidad política, el eje vertebrador clave de la política, sigue siendo la nación. También es ejemplar ver la reacciónnacional de Francia, Inglaterra y Alemania ante el triunfo de Syriza, en Grecia. Todo ello pone sobre el tapete eso que, algunos europeístas de domingo pensaban que iba desaparecer, sigue llamándose Nación. La nación Griega, el patriotismo griego, ha hecho despertar, una vez más, al resto de naciones. Si Podemos pretende ser un genuino partido político de carácter nacional, no tendrá más remedio que definirse ante el secesionismo de los nacionalistas catalanes. O defiende un Estado-nación fuerte, como Grecia, o se suma al carro de los enanos políticos del nacionalismo secesionista de una región española.

En resolución, de una feliz respuesta a este asunto, podría depender el futuro de Podemos. Por el momento, hay algo que tendrían que corregir ya, me refiero a su coincidencia con los nacionalistas sobre el famoso “derecho de decisión”… La imitación de una reivindicación similar a la de los nacionalistas, aunque luego sea para rectificar todo, es una decisión demasiado sofisticada y arriesgada para que tenga éxito político. La ambigüedad en ese asunto abre una puerta al engaño, a la mentira, que no soportarían fácilmente los defensores de la democracia del Estado-nación ni tampoco los secesionistas catalanes. Quizá ese tipo de ambigüedad funcione en la esfera de los interés individuales o personales, incluso en las estrategias publicitarias para el comercio, pero en la política de un Estado-nación, por muy inteligente que sean los dirigentes de Podemos, es inviable. La gente, los ciudadanos españoles, la huele a distancia.La prueba del fracaso de esa política en Cataluña está a la vista de todos: el PSOE, o mejor, el PSC ha jugado a eso y ha perdido. Los socialistas están a punto de desaparecer en Cataluña.

Por desgracia, Podemos ha dejado claro una cosa, algo que ha mimetizado de los socialistas catalanes, a saber, su coincidencia con el perverso “derecho de decisión” que defienden los nacionalistas. Malo. Pero aún tienen tiempo de rectificar una ambigüedad “política” que, por muy calculada que esté, lleva al fracaso. El asunto de cómo se organizan las colectividades poco tienen que ver con la actuación de los “gobiernos” personales. Si un partido para ganar unas elecciones tiene que buscar una agenda propia, diferente a la de sus adversarios, entonces puede decirse quePodemos se ha equivocado al mimetizar, al menos, la primera parte de la agenda secesionista. Ha pasado por el trágala de sus adversarios. Ha aceptado los planteamientos sobre un “derecho de decisión” que no existe en ningún país civilizado. No es ni siquiera derecho. Es sólo un lema propagandístico, inventado por un sector de la izquierda, en ese momento, absolutamente desnortada para los años finales del franquismo, que salvó de su indigencia intelectual a los nacionalistas al comienzo de la Transición española. Esa “virguería marxista”, decía Arzalluz, del “derecho de decisión” es maravillosa para el PNV. Ver para creer. ¿Quiere de verdad Podemos coincidir con ese ajado nacionalismo de Arzalluz en el año 2015?

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