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ABU OBEIDA AL-MASRI

El Estado Islámico ve cómo su tesorero se fuga con una millonaria fortuna

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
jueves 12 de febrero de 2015, 16:04h
Abu Bakr al-Baghdadi, líder espiritual y militar del Estado Islámico en una de sus pocas apariciones públicas.
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Abu Bakr al-Baghdadi, líder espiritual y militar del Estado Islámico en una de sus pocas apariciones públicas.
Pone precio a la cabeza de Abu Obeida Al-Masri.
En medio de su barbarie de violencia y psicosis terrorista, el Estado Islámico (EI) ha acumulado una considerable fortuna a raíz del pillaje, el saqueo de las ciudades iraquíes y sirias que han ocupado, los secuestros, el expolio de obras de arte vendidas en el mercado negro y el comercio ilegal de petróleo y gas.

Con todo ello, algunos expertos y analistas calculan que las finanzas del IS, sus siglas en inglés, podrían oscilar en torno a los 2.000 y los 3.000 millones de dólares, lo que le convierte en la organización terrorista más rica del planeta, muy por encima de otras como Al Qaeda, Hezbolá o Hamás. Sólo en la venta ilegal de crudo el EI ingresa entre uno y 3 millones de euros diarios.

Sin embargo, en lo que a economía se refiere, no todo son buenas noticias para los terroristas del Estado Islámico. Según fuentes sirias, su tesorero, el artífice de su ingente maquinaria financiera, habría desertado y huido a Turquía con los bolsillos llenos de dinero yihadista, en concreto con hasta un millón de dólares.

Abu Obeida al-Masri, también conocido como Hassan Mohammed, lleva dos años al frente de la tesorería del EI y gracias a su celo con los números ha logrado dotar a la organización terrorista de una importante estructura económica que le permite adquirir armas y suministro que sustenten su cruzada contra los infieles en el autoproclamado por su líder, Abu Bakr al-Baghdadi, califato islámico.

Según las mismas fuentes, además de montar toda la estructura que encauzaba el petróleo ilegal extraído de los pozos iraquíes bajo control de EI y que después se vende en el mercado negro, Al-Masri impuso un impuesto revolucionario del 2,5 por ciento de todas sus operaciones a mercaderes y empresarios, lo que se ha traducido en una constante vía de financiación ilegal así como un eficiente método de control sobre la economía local.

La estructura financiera del Estado Islámico. Fuente: Youtube

Los radicales justifican esta tasa en la llamada Zakat, uno de los pilares del islam que insta a los creyentes musulmanes a ayudar a los necesitados con el 2,5 por ciento de sus ingresos y fortuna.

Tal es la magnitud del aparato financiero del Estado Islámico proyectado por Al-Masri que este mismo jueves Naciones Unidas se ha visto obligada a aprobar una resolución, la 2199 y promovida por Rusia, para intentar cortar las vías de financiación de la organización. La ONU aspira a que ningún banco acoja fondos relacionados directa o indirectamente con el EI, entre otras medidas de aplicación urgente.

En búsqueda y captura doble
A pesar de su poderoso cargo dentro del EI, Al-Masri, ha decidido desertar por temor a los bombardeos de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, según fuentes del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR), y a la bajada de los precios del petróleo, lo que le ponía en una delicada situación a la hora de justificar las cuentas ante sus jefes.

Así, el tesorero decidió hace unas semanas desaparecer y poner rumbo a Turquía, recurrente país lanzadera entre el califato del EI y el resto del mundo y viceversa. Previamente habría desviado un millón de dólares de las cuentas del EI a varias secretas a su nombre.

El Estado Islámico no ha tardado en reaccionar y ha puesto precio a la cabeza de Al-Masri, así como le ha sentenciado a morir degollado por su traición señalando que el robo de la Zakat es uno de los peores delitos para los musulmanes. Su persecución yihadista se suma a la de la justicia ordinaria de diversos países, que le quieren sentado en el banquillo como uno de los artífices de la expansión del EI en los últimos meses.

De origen egipcio, Al-Masri, que comparte nombre con un famoso combatiente de Al Qaeda en Paquistán, es un viejo conocido de los servicios de inteligencia occidentales a pesar de no ser un guerrillero, sino un arquitecto de los números y las finanzas.

Según el SOHR, la deserción por sorpresa de Al-Masri ha provocado que los dirigentes yihadistas extremen las precauciones y hayan ordenado a su sucursal en Egipto que paralice la captación de nuevos combatientes ante el temor de que muchos acudan a la llamada del EI con la intención de vender información al enemigo.
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