Needham y Steiner
Luis Racionero
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luisracioneroterraes/13/13/19
sábado 24 de mayo de 2008, 20:29h
George Steiner acaba de escribir un libro sobre los libros que estuvo a punto de escribir pero no se materializaron: el primero al que alude es un ensayo sobre Joseph Needham. Lo cual cuadra con una frase sorprendente por lo categórica que se encuentra en otra de sus obras. Dice algo así: “Proust y Needham son los libros más importantes del siglo XX”.
Como estoy plenamente de acuerdo con ello, he recibido con alegría una biografía recién publicada sobre Needham. Se titula “El Hombre que amó a China” y su autor es Simón Winchester. Estaba en la librería del Metropolitan Museum de N.Y. en el montón de libros recomendados por los funcionarios del museo, lo cual fue otra alegría. Porque Needham ha sido uno de mis héroes culturales. Aunque le visité en Cambridge en 1993 dos años antes de su muerte, sabía poco de él. Fui a regalarle el número del Paseante dedicado al taoísmo. Me acogió sentado a la mesa de trabajo llena de fichas con un “Hello young man, what can I do for you?” muy inglés y tras una breve conversación me firmó el tomo II de su obra con su nombre en chino, los caracteres Yue-se que suenan a José.
Needham era un biólogo de Gonvile and Caius, Cambridge, nacido en 1900 y que en 1939 había escrito un clásico: “Morfogénesis del Embrión”, que le situó a la cabeza de su especialidad. Además de fellow ilustre era un excéntrico, como buen inglés: fumador, nudista, acordeonista y danzarín de “morris dances”, bailes folklóricos traídos a Inglaterra cuando las cruzadas (de ahí el nombre morris). Casado, progre y marxista , un buen día llamó a su puerta la estudiante china Lu-Gwei-djen de Nankin y su vida cambió debido al flechazo inminente y a que ella le enseñó los 6000 caracteres de mandarín necesarios para comprender algo de China.
Luego, en noviembre de 1939, un grupo de sabios de Oxford y Cambridge se reunieron en casa de H.N. Spalding para debatir la necesidad de ayudar a las universidades chinas ante el brutal ataque japonés, que se ensañaba deliberadamente en destruir estas instituciones para desbaratar la educación en China. Se decidió enviar allí a E.R. Hughes, profesor de filosofía china en Oxford y a Joseph Needham.
Las aventuras de Needham en la China atacada por los japoneses constituye lo más sabroso de la biografía de Winchester. En medio de sus labores por ayudar a los profesores universitarios chinos con material de laboratorio que reemplazara lo destruído por los japoneses, Needham se dedicó a recoger datos sobre invenciones tecnológicas chinas y la fecha en que aparecieron. Su hipótesis de trabajo se la debía al padre de su amante Lu-Gwei-djen: que China había contribuído a la ciencia y tecnología del mundo muchísimo más de lo que nadie en occidente había querido reconocer. Por ejemplo, las tres innovaciones tecnológicas que según Francis Bacon habían cambiado más profundamente el mundo: pólvora, brújula e imprenta, son chinas. Con esa idea matriz, reconocer en qué año aparecieron en China las diversas tecnologías, fue construyendo su monumental “History of Science and Civilization in China”, que contiene 15.000 páginas, la mitad escritas por él, en 18 volúmenes.
De todas esas páginas yo me quedo con la que enumera las innovaciones tecnológicas que fueron de China a Europa antes del año 1500 y las que viajaron de Europa a China. De China a Europa pasaron 27 innovaciones, en sentido contrario 4. Véase volumen 1 página 242 del “Science Civilization in China”.
Constatado esto, la gran pregunta es por qué si estaban tan adelantados en 1500 los chinos no desarrollaron una ciencia como la Europea. La respuesta se encuentra en la visión del mundo organicista chino versus la concepción o paradigma mecanicista de occidente. Toda la mentalidad taoísta es orgánica, ecológica si se quiere, pero no aboca a la máquina sino a las correspondencias y a una filosofía de la forma que Lancelot Law White o Whitehead intentaron formular sin éxito. No es casualidad que Needham, biólogo especializado en morfogénesis quedara fascinado por la filosofía china y le dedicase la segunda mitad de su dilatada existencia.
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