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BIOGRAFÍA

Josep Maria Cuenca: Mientras llega la felicidad. Una biografía de Juan Marsé

domingo 08 de marzo de 2015, 12:53h
Josep Maria Cuenca: Mientras llega la felicidad. Una biografía de Juan Marsé
Anagrama. Barcelona, 2015. 752 páginas. 29,90 €. Libro electrónico: 15,99 €. Monumental e imprescindible trabajo que recorre la trayectoria vital y literaria del Premio Cervantes, aclarando con rigor episodios envueltos hasta ahora en la leyenda.


Por Ángela Pérez

La última novela escrita hasta ahora por Juan Marsé, Noticias felices en aviones de papel -reseñada en estas mismas páginas-, iba encabezada por la siguiente dedicatoria: “A la memoria de Paulina Crusat, que me abrió la puerta”. Ha pasado mucho tiempo desde que esa puerta se abrió, pero el autor de Si te dicen que caí no olvida ese momento, que, sin duda, marca un antes y un después en su vida y en el derrotero que está -afortunadamente para los lectores y la literatura- tomaría. Por lo que, con acertado criterio, Josep Maria Cuenca lo recoge de manera destacada y nos ofrece la inestimable posibilidad de leer la correspondencia cruzada entre Crusat y Marsé, que se incluye en esta monumental y definitiva biografía del novelista barcelonés.

Paulina Crusat fue una escritora -hoy injustamente postergada-, que tuvo una existencia no precisamente fácil, con quien Marsé entró en contacto en una conjunción que a veces se produce entre el azar y la necesidad. Hacia 1956, la madre adoptiva de Marsé, Alberta, Berta, Carbó, trabajaba como cuidadora de una anciana. Tras saber que esta tenía una hija escritora y crítica literaria afincada en Sevilla, le pidió si podía aconsejar y ayudar a su hijo, que dedicaba a escribir todo el tiempo que le permitía su trabajo en un taller de joyería. Marsé escribe a Paulina, que le responde con amabilidad e interés, sintiéndose cercana a su remitente y comprendiendo con rapidez su personalidad: “Su carta me ha interesado; quizá no tanto por sus problemas como por el hecho de que si la hubiera escrito yo la hubiese escrito de un modo muy parecido: quiero decir la mezcla de reserva y de confianza, de ilusión y de ausencia de ilusiones”. Paulina Crusat se compromete a brindarle su apoyo en todo lo que pueda, no sin advertirle “…si Vd. vale. A quien no vale no se le deben dar ilusiones jamás. Es hacerle daño.” Comienza así una amistad epistolar, en la que Crusat le recomienda lecturas -especialmente de grandes autores de la novela realista del XIX-, y le da consejos literarios y prácticos para desenvolverse en el mundo de las letras, además de gestionar que sus primeros relatos se publiquen en la revista Ínsula, donde Paulina colaboraba.

Junto a Paulina Crusat, muchos son los personajes y cuestiones que aparecen en este minucioso y detallado recorrido por la trayectoria vital y literaria del Premio Cervantes, que se cobija en Mientras llega la felicidad -descubra el lector el motivo de tan sugestivo título. Así, se aclara la leyenda, incierta, que convirtió al padre biológico de Marsé, Domingo Faneca Santacreu, en taxista que, a poco de quedarse viudo, ofreció a su hijo a unos pasajeros que acababan de perder al suyo. Josep Maria Cuenca explica de manera prolija cómo, efectivamente, al quedarse viudo, Domingo Faneca, chofer de una adinerada familia -a cuyo servicio como empleada doméstica también trabajaba la madre biológica de Marsé, Rosa Roca Arans, fallecida en el parto-, entregó al pequeño Juan al matrimonio formado por Pep Marsé y Berta Carbó.

Asimismo, entre otros asuntos, se trata ampliamente la relación del novelista catalán con la gauche divine y se explora especialmente su amistad con Jaime Gil de Biedma, deshaciendo el delirante rumor de que fue el poeta quien en realidad escribió Últimas tardes con Teresa, novela que obtuvo el Premio Biblioteca Breve 1965 en circunstancias polémicas que también se abordan. Porque el tratamiento de las controversias que han acompañado a Marsé no se rehúye, como sus desencuentros con algunos colegas, como Francisco Umbral, o con directores que adaptaron sus novelas al cine, o episodios como la publicación por parte de Baltasar Porcel de la novela Lola i els peixons morts, en la que aparece un escritor llamado Josep Marsà, que no sale precisamente bien parado.

Tampoco se obvia el tema de las relaciones de Marsé con el nacionalismo catalán, que nunca ha dejado de verle con recelo por escribir en castellano, en su deseo de imponer una única lengua y una identidad reduccionista. Muy significativo es que ya en 1971, Montserrat Roig le escribiese una carta, en catalán, a Marsé -recogida en el libro-, donde, entre otras cosas, le decía: “Creo que en el factor lengua es esencial hacer o definir y situar una literatura y eso seguro que tú lo sabes hacer mejor que yo […] Saber, con certeza, a qué cultura perteneces, me preocupa y mucho”. En esa política excluyente, la Generalitat decide, en el colmo del despropósito, que a la Feria de Fráncfort de 2007, con la literatura catalana como invitada, solo acudan los autores que escriben en catalán. Luego, se ve obligada a “invitar” a autores catalanes que escriben en castellano, como Marsé, pero aclarándoles que irían algo así como de soporte, de apoyo a las estrellas, de teloneros. Naturalmente, rechazaron esa invitación envenenada.

Mientras llega la felicidad se ocupa no solo de los avatares biográficos del protagonista del volumen y, claro está de su contexto, sino de cómo se ha ido gestando una obra imprescindible de la literatura española contemporánea. Así, toda la producción novelística de Marsé hasta Caligrafía de los sueños desfila por este libro, a través de comentarios del propio Marsé y de la recepción por parte de estudiosos y críticos. Vida y obra se imbrican, como no podía ser menos, en un escritor para quien la literatura, la ficción, lo es todo.

Seis años ha empleado su autor en este trabajo -enriquecido con material gráfico- de espléndido resultado. Josep Maria Cuenca ha escudriñado en archivos y hemerotecas, ha consultado una ingente bibliografía y ha contado con la participación del propio Marsé. El creador de los aventis le ha abierto su archivo personal, y ha mantenido con Cuenca horas y horas de conversaciones.

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