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COREA DEL NORTE PERMITE LA PARTICIPACIÓN DE EXTRANJEROS EN LA PRUEBA DEL 12 DE ABRIL

Cómo correr una maratón en el país más hermético del mundo

Javier Nuez
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javiernuezelimparciales/11/6/11/23
jueves 12 de marzo de 2015, 13:40h
Actualizado el: 12 de marzo de 2015, 13:57h
(Autor: Experience North Korea)
(Autor: Experience North Korea)

Corea del Norte, uno de los países más oscuros del mundo, con una dictadura comunista vigente desde 1948 y cuyo contacto con el exterior se contabiliza con cuentagotas, busca abrir una pequeña ventana a su mundo con la organización de un maratón internacional. Si está dispuesto a pagar unos 1.245 dólares, puede dejarse llevar sus guías y sus chóferes en una ruta establecida para ofrecer una imagen limpia del régimen de Kim Jong-un.

En 2014, Corea del Norte abrió por primera vez al mundo su particular maratón. Unos 200 extranjeros -de un total de mil participantes- tuvieron la oportunidad de recorrer los 42,195 kilómetros, la media maratón o diez kilómetros a lo largo y ancho de su capital, Pyongyang. Este año, tras levantar el veto a la llegada de extranjeros que estaba vigente desde octubre por miedo al ébola, el régimen de Kim Jong-un ha permitido para el 12 de abril de este año una edición amateur fuera del control de la IAAF, manteniendo la prohibición a los participantes que procedan del países afectados por el virus.

La moda de las carreras populares sumaba así un adepto más con el país más hermético del planeta, que aprovechó la ocasión para mostrar su mejor cara al visitante, haciendo un recorrido por los monumentos de la ciudad y acabando con una entrada al estadio nacional entre los vítores y aplausos de cincuenta mil ciudadanos que lo llenaban para regocijo de los participantes y de las fotos que harían llegar al mundo.

Una española, Nathalie Armengol, estaba entre los mil corredores que disputaron alguna de las tres modalidades -800 de ellos norcoreanos-. La variedad cromática de la vestimenta de los foráneos contrastaba con el uniforme rojo o azul con el que corrían los nacionales. El público del estadio, por su parte, acudía con el gris del traje de los hombres mientras que las mujeres lo hacían con el colorido traje típico nacional.

Armengol, que además obtuvo la plata en los 10 kilómetros categoría femenina y pudo subir al podio, declaró que fue “una experincia increíble, nos hicieron desfilar antes y después de la carrera como atletas olímpicos”. Además, se sorprendió con todo lo que vio en el país comunista. “No puedes ver lo que quieras y dependes del guía”, apuntó. “La acogida de la gente fue increíble porque imagino que era un impacto ver a tanto extranjero de repente”.

Acostumbrada al turismo de aventura, tras su visita a Corea del Norte, Armengol se sumó a la empresa Experience North Corea, una de las únicas cinco agencias del mundo que tramitan viajes al país asiático y con la que gestionó su primera visita.

“Yo creo que una forma de abrir el país, aunque sé que es muy difícil, es con el deporte, porque es una pasión que no tiene fronteras, es algo que nos une y que además les permite a ellos tener una manera de conocer lo que pasa en el exterior”, señala Armengol, quien además añade que “nuestra voluntad y objetivo es hacer más experiencias de este tipo, con la idea de tener alguna más este mismo año que permita descubrir a la gente qué es lo que ofrece Corea del Norte, además de la misión de hacer ver que no todo es negativo, negro y malo”.

Todo aquel interesado en este particular visita deportiva a la dictadura norcoreana puede hacerla realidad por unos 1.245 dólares, sin incluir el traslado hasta Shanghái –lugar de partida-. Por ese precio se paga un viaje de cuatro días y tres noches en el que se incluyen, entre otras actividades además de correr, visitas a la ciudad abandonada de Panmunjom –donde se firmó el armisticio de la Guerra de Corea y situada en la zona desmilitarizada-, a una serie de monumentos dedicados a Kim Il-sung –fundador del país y abuelo del actual dictador, Kim Jong-un-, al navío USS Pueblo –un barco estadounidense capturado en 1968- y un viaje en metro (“una oportunidad de experimentar la vida diaria de los habitantes de Pyongyang”, según reza la guía del viaje).

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