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NOVELA

Arturo Pérez-Reverte: Hombres buenos

domingo 15 de marzo de 2015, 17:53h
Arturo Pérez-Reverte: Hombres buenos

Alfaguara. Barcelona, 2015. 592 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 10,99 €. Apasionante narración en la que se nos sumerge en distintas épocas y escenarios, desde el hoy hasta el siglo XVIII, desde Madrid hasta el París prerrevolucionario, protagonizada por dos académicos que deben resolver una trascendental misión.

Por Carmen R. Santos

Recordemos que en El club Dumas, Arturo Pérez-Reverte creó a un extraordinario personaje, Lucas Corso, mercenario de la bibliofilia, que se dedica a la búsqueda y caza y captura de libros antiguos, únicos, de un valor especial, por los que quienes los ambicionan están dispuestos a pagar cualquier precio. En esa novela, el escritor cartagenero levanta una absorbente trama en la que Lucas Corso debe resolver dos encargos: autentificar un manuscrito de Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas, y aclarar el enigma de un extraño libro, que en 1667 le costó la vida a su impresor, que fue quemado junto al volumen. Esos cometidos se irán revelando como enormemente peligrosos y Corso habrá de enfrentarse a situaciones harto complicadas y a quienes tratan de impedir a toda costa que triunfe en su propósito. Los protagonistas de Hombres buenos, la última novela de Pérez-Reverte, no son mercenarios de los libros, pero la búsqueda de uno decisivo les llevará a no menores riesgos y aventuras que a Lucas Corso, en una historia igualmente absorbente que, además, encierra principios que nunca deberían olvidarse.

Hombres buenos combina y alterna épocas, el hoy junto al siglo XVIII, y escenarios -el París a punto de la Revolución y el Madrid de Carlos III y el actual- , y se basa en hechos y figuras reales, aunque, como se aclara al comienzo, “buena parte de la historia y de sus protagonistas responde a la libertad de ficción ejercida por el autor”. En el Madrid actual, un escritor y académico -trasunto del propio Pérez-Reverte que ocupa el sillón T de la Real Academia Española desde 2003-, nos cuenta en primera persona su descubrimiento en la biblioteca de la Corporación de los veintiocho volúmenes de la primera edición de la Enciclopedia, editada, como se sabe, por Denis Diderot y Jean d’Alembert entre 1751 y 1772. Una obra que él mismo quiso comprar a su amigo y librero anticuario Luis Bardón, si bien finalmente, nos dice, se le adelantó otro cliente, para más señas, Pedro J. Ramírez. Dato que, por cierto, confirma el gran interés del periodista por la época, plasmado en su obra El primer naufragio (La Esfera de los Libros).

El hallazgo propicia que el académico se pregunte desde cuándo y cómo llegó la Enciclopedia hasta la Real Academia Española. Comienza sus averiguaciones, y el bibliotecario le aclara que es seguro que se alberga allí desde finales del siglo XVIII, a pesar de estar prohibida en nuestro país. A partir de ahí, por un lado, el académico comparte con los lectores sus pesquisas para escribir la historia que ese hallazgo le ha sugerido, e incluso nos explica algunas cosas de su “cocina” literaria, confesando, por ejemplo, su cuidado de los escenarios, pues “facilitan el ambiente adecuado para los personajes y la trama, y en ocasiones forman parte de ésta”. Esmero que se aprecia en toda la producción de Pérez-Reverte y muy marcadamente en Hombres buenos, para la que ha llevado a cabo una exhaustiva labor de documentación.

Por otro, leemos paralelamente esa historia: el viaje a París, a finales del siglo XVII, de dos académicos, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, comisionados por sus compañeros para conseguir la Enciclopedia. Ese periplo se convierte en una carrera de obstáculos, en la que Molina y Zárate han de sortear infinidad de intrigas, sobresaltos y peligros desde el Madrid de Carlos III hasta el agitado París prerrevolucionario, bullente de salones y tertulias literarias y filosóficas, por el que desfilan singulares personajes, como el abate Bringas, inspirado en la figura real del abate Marchena.

Hermógenes Molina y Pedro Zárate son esos “hombres buenos”, acechados por los malvados, en los dos polos del espectro ideológico, como el ultraconservador Manuel Higueruela, o el ilustrado radical Justo Sánchez Terrón, sin olvidar a Pascual Raposo que es capaz de vender su alma al diablo, que quieren a toda costa que la misión fracase. A Molina y Zárate, Pérez-Reverte les ha concebido como opuestos física, ideológica y psicológicamente, lo que es un acierto, que resalta el proceso de amistad que se va desarrollando entre ellos: “Los dos hombres, que durante años de Academia no cambiaron entre sí otra cosa que conceptos lingüísticos y cortesías convencionales, se acercan ahora el uno al otro, conociéndose mejor, intimando -si ésa es la palabra- de un modo que confirma respeto y barrunta amistad. Fragua así, despacio, todavía imperceptible para los interesados, el vínculo solidario, cada vez más estrecho, que es común a las naturalezas nobles cuando éstas se aproximan a causa de compartir imprevistos, afanes o aventuras”.

Arturo Pérez-Reverte, uno de nuestros autores más internacionales -Hombres buenos se ha puesto a la venta simultáneamente este 12 de marzo en España, Hispanoamérica y Estados Unidos-, nos sirve una novela llena de atractivos y en la que las dos tramas paralelas -la investigación de la misión de Molina y Zárate y su escritura, y la misión misma-, se involucran a la perfección. Especialmente en la primera, hay que resaltar, además de sus reflexiones sobre el arte narrativo, el sentido del humor. Impagables las conversaciones con los académicos que le preguntan por una supuesta novela que está escribiendo, Limpia, mata y da esplendor, y le piden que la primera víctima sea Francisco Rico. Y todos se ofrecen a ser el asesino.

Más allá de las bromas, es preciso recalcar la más que oportuna apuesta de esta novela por los valores de la amistad y el diálogo, la ilustración y la cultura, y la denuncia de los sectarismos y fanatismos que arruinan toda posibilidad de avance y prosperidad. Junto al homenaje, que entraña Hombres buenos, a una iniciativa preclara. Como le dice un académico al narrador: “Sería de justicia recordar que, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso…Y que no faltaron quienes procuraban impedirlo”.

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