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POESÍA

T. S. Eliot: La tierra baldía. Prufrock y otras observaciones

domingo 05 de abril de 2015, 17:39h
T. S. Eliot: La tierra baldía. Prufrock y otras observaciones

Edición y traducción de Andreu Jaume. Lumen. Barcelona, 2015. 128 páginas. 16,90 €. Libro electrónico:10, 99 €. Nueva y rigurosa edición bilingüe de este clásico de la lírica del siglo XX -acompañado del primer poemario de Eliot-, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte de su autor.

Por Francisco Estévez

A los 50 años de la muerte de T.S. Eliot nos llega nueva traducción del monumental La tierra baldía que viene a sumarse a la conocida versión de Valverde (1978), a la actualizada de Palomares en Cátedra (2005) y a la singular traducción de Tello que, contra la tradición lectora pero no sin argumentos válidos, probó a hacer más acorde el contenido con un sugerente matiz en el título: La tierra estéril (2009). La apuesta con texto bilingüe de la editorial Lumen es acertada pues el editor, traductor, y sobre todo atento lector que es Andreu Jaume, incorpora a La tierra baldía el primer poemario del gran poeta inglés Prufrock y otras observaciones (1917), si descontamos aquellos juveniles poemas de Invenciones de la liebre de marzo.

En efecto, desde los versos iniciales de “La canción de amor de J. Alfred Prufrock” encontramos el ritmo, el tono y en germen las intenciones futuras del autor. Y por ello, conviene tener a la vista todo lo que inauguran o experimentan, como el uso del monólogo dramático, al modo de Browning. En aquellas calendas se llevó a prensas buena parte de los libros clave de toda la poesía europea del siglo XX. Baste recordar La joven Parca (1917) de Paul Valéry, Elegías de Duino de Rainer Maria Rilke o en nuestras tierras ese gran hito que es Diario de un poeta recién casado (1916) de Juan Ramón Jiménez.

La tierra baldía tuvo la feliz conjunción de coincidir con el Ulises de James Joyce en 1922. Pero Eliot leyó antes el manuscrito y quedó influenciado por el novedoso uso del monólogo interior que experimentó en sus propios versos. Aunque antes que ellos Galdós ya había anticipado tales técnicas narrativas y muchos años después Luis Cernuda revitalizaría su uso con genialidad (que no se canten como es debido ciertos méritos o que las mordazas generacionales actúen con estruendosa sordina no es justicia para con nuestras letras). Además de una infatigable pero angustiosa búsqueda de nuevas vías poéticas, hay en La tierra baldía una disidencia del subjetivismo romántico (de ahí su contención emocional) desde el profundo conocimiento de la tradición, los guías serán Dante, Virgilio y Homero, entre otros. Ese amoldamiento de la tradición, o de cierta lectura de la tradición, a la modernidad resquebrajada de entreguerras es buena parte de la belleza del poemario.

Pero no menos sustancial resulta el sutil humor, la “interpelación al mito, a su vaivén entre lo lírico y lo dramático, a su exploración” subrayados en el exacto prólogo del editor Andreu Jaume. Otro particular puesto en consonancia y de acusado relieve en la introducción es el perfil crítico de Eliot. No en vano Jaume editó en 2011 toda la obra crítica del poeta: La aventura sin fin. La conjunción entre crítica y creación tiene una de las más afortunadas síntesis en la piel de Thomas Stearns Eliot. Sin duda, solo desde un entendimiento profundo de la faceta crítica del autor, que muchas veces más que crítica es toda una poética, se puede disfrutar y acaso entender con mayor plenitud su obra poética.

“Criticar al crítico” o poetizar al poeta, por jugar al retruécano con aquel exacto artículo de Eliot, en una época donde criticar al exégeta ya era moneda de uso común y vaticinó el derrumbe que a pasos agigantados y según avancen los decenios sufrió la voz crítica en todas las artes e incluso, por desgracia, fuera de ellas. Pero Eliot no consideraba de valor una literatura sin sentido crítico, y probablemente llevara razón. Durante mucho tiempo también se ha menospreciado el sentido ético del autor; es lectura superficial esa y además no habrán leído ensayos suyos como “La función social de la poesía” en Sobre poesía y poetas (1957).

Como ya es costumbre, la presente edición viene acompañada con las notas a la edición americana que el propio Eliot incorporó a petición de su editor. Dichas notas son a su vez anotadas y ampliadas aquí para volver más evidente lo que la capa gruesa del tiempo ya oscureció. El texto queda presentado en letra redonda, en contra del original, lo cual no permite discriminar las citas, los barbarismos. Es opción legítima y bien argumentada, guste o no, aunque va contra la tradición lectora, que es una fuerza a considerar. En suma, esta es una edición admirable con una traducción esmerada e íntimamente coherente con el pensamiento del autor.

Como dijo el poeta americano John Peale Bishop, el poemario de Eliot“es inmenso. Magnífico. Terrible”. Si el lector consigue desprenderse de la enrevesada sobreinterpretación que ya tiene La tierra baldía podrá apreciar esa extraña taumaturgia de los clásicos, del abandono de Dante a la paródica voluptuosidad shakesperiana… que renace en manos de Eliot. Y más allá, quizá más penetrante todavía en ciertos atardeceres primaverales sus versos tienden a encarnar realidad en nuestras vidas: “Vamos pues tú y yo, / ahora que se echa la tarde en el cielo /como un paciente anestesiado sobre una mesa”. En su pavorosa exactitud recordemos una vez más y gocemos de esa lucidez hasta el dolor que “Abril es el mes más cruel”.

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