Mientras hay vida, existe esperanza, según uno de los más trementes dichos populares. A los efectos de las consideraciones explanadas en el artículo precedente sobre las pesarosas circunstancias atravesadas en la actualidad del PA, de aquí a escasas semanas tendrá lugar la segunda gran convocatoria electoral del año en curso, que, acaso, pudiera asistir a una inesperada, pero por ello no imposible resurrección del movimiento andalucista. En tan imprevisible suceso pudiera contar como factor determinante y sin duda decisivo la, en la práctica, nula presencia en sus filas edilicias del cáncer de la corrupción. Desde la otrora considerable y, en ciertos periodos, muy alta responsabilidad andalucista en la vida municipal de la comunidad, hasta la infirme y, por lo común, desvaída del periodo más reciente, los estragos devastadores de tal fenómeno apenas si han rozado la actividad de los, de sólito, ardidos y honestos alcaldes y concejales de la mencionada fuerza política. Naturalmente, ello no implica olvidar algunos escándalos y gestiones dolosas, a la manera, verbi gratia, de los registrados en el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera durante el mandato del por largo tiempo muy popular y hasta carismático líder andalucista, el abogado Pedro Pacheco. Tampoco, por supuesto, los de mucha menor entidad, pero quizá no en reducido número, apuntados en el mandato autonómico y edilicio de algunos cuadros del partido en sus labores cogobernantes con el PSOE, ya en la Junta, ya, según acaba de recordarse, en ayuntamientos de gran fuste, muy particularmente, en el terreno cultural, encomendados a su gestión con insólita frecuencia por el PSOE, el “gran hermano” de los consiguientes pactos electorales.
Nada de ello, sin embargo, alcanzó tal entidad –en especial, comparativamente…- para manchar o ennegrecer ostensiblemente una actuación que en alcaldías mayores y menores se caracterizó hasta la fecha por la limpidez y escrupulosidad de conducta. Este será, como se decía, el factor de mayor peso tenido seguramente en cuenta por los ciudadanos que a finales de mayo del actual año de gracia decidan otorgar su voto a los candidatos edilicios del PA, a todo el través de nuestra ancha geografía. Muy al contrario de los expresados en las elecciones del 22-M por la militancia comunista, es probable que la del PA. no castigue a sus cuadros por la cooperación o colaboración gubernamental antigua o moderna con el PSOE, por diluir en sus aguas la identidad del movimiento. Desde los años aurorales de la España de las Autonomías, el PA tiene entrañada la idea de que sin el abrazo del PSOE –a las veces, sin duda, el del oso…- le es imposible cualquier protagonismo público de alguna allure. En muy pocas veces –de facto, ninguna- se ha planteado o brindado la tesitura de hacerlo con el PP, a despecho de que, quizá, los resultados no habrían menos satisfactorios a sus intereses electorales, dada una indudable y superior semejanza entre su ideario y bases sociales de sus respectivos credos y adeptos.
Tal vez, los sufragios municipales próximos coloquen a entrambas fuerzas frente a tan sorpresivo escenario en un panorama político remecido de fond en comble por la abrupta irrupción de partidos de genesíaco y adánico ardor. En todo caso, la mejor de las suertes para el que la historia semeja ya, hélas, haber dictado inapelable fallo.