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Con Lincoln para siempre

Alejandro San Francisco
martes 14 de abril de 2015, 20:34h
Actualizado el: 14/04/2015 20:59h
¿Qué hacer este 15 de abril de 2015? Recordar a Abraham Lincoln, uno de los últimos héroes de la humanidad. Y tratar, como él lo hizo, de darle un sentido más humano a nuestra vida en el mundo, a la acción política, a nuestras relaciones personales.

Uno de los momentos estelares de la vida de Lincoln se produjo el 19 de noviembre de 1863, cuando pronunció el Discurso de Gettysburg, cementerio donde estaban enterrados muchos de los caídos en la guerra civil norteamericana. En esa ocasión sostuvo con decisión una especie de programa político, relevante por sus principios y por su proyección. Concluía de la siguiente manera:

"Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que, de estos muertos a los que honramos, tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron hasta la última medida completa de celo. Que resolvamos aquí, firmemente, que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra".

Se dice que en esa misma ocasión no tuvo gran impacto el discurso, quizá demasiado breve para lo que se esperaba. Algunos incluso se burlaron de la sencillez de las palabras del Presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, con el paso de los años la situación se revertiría, e incluso muchos llegarían a asociar la definición de democracia con esa escueta y clara fórmula presentada por Lincoln: "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".

Para comprender la importancia del momento político que se vivía, hacía falta una gran perspectiva histórica. El líder republicano había asumido el gobierno de los Estados Unidos en 1861, después de unos debates memorables y una campaña singular que ha sido narrada magistralmente por Doris Kearns en Team of rivals. The political genius of Abraham Lincoln (Simon & Schuster, 2005). Ilustra a un hombre que es capaz de convocar a sus antiguos adversarios a ser parte de su gabinete, en la convicción de que necesitaba "a los hombres más fuertes del partido en el ministerio".

La llegada a la Casa Blanca, en enero de 1861, no fue fácil, y de hecho arribó en esa ocasión con discreción y disfrazado, porque había sido advertido de un posible asesinato. Era un hombre simple, altísimo (medía 1 metro 92 centímetros), consciente de que "ignoraba muchas cosas", sin haber estudiado en colegio o academia alguna, pero con una cultura y talento singular para la actividad política.

El gran problema de su tiempo era la posible secesión del sur, esclavista, situación contra la cual advirtió claramente Abe, como le llamaban: "Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse. Creo que este Gobierno no puede perdurar, permanentemente, mitad esclavo, mitad libre. No espero que la Unión se disuelva – no espero que se derrumbe -, pero sí espero que deje de estar dividida. Será del todo una cosa o la otra".

A pesar de las dificultades iniciales, e incluso algunas derrotas, finalmente Lincoln logró la victoria en los campos de batalla. En el camino también logró una victoria todavía más valiosa por su enorme significado humano: "...el día primero de enero del año de nuestro Señor de mil ochocientos sesenta y tres, todas las personas consideradas como esclavas, que radiquen en cualquier Estado, o en parte de él, cuyo pueblo se encuentre entonces en rebelión contra los Estados Unidos, serán a partir de esa fecha en adelante, y para siempre, libres". Era la liberación de los esclavos, una nueva etapa en una tierra nacida en la libertad, pero que tenía tareas pendientes. El Presidente norteamericano ponía sobre la discusión pública una cuestión esencial: no puede haber personas de primera o segunda categoría en la sociedad.

Poco después el gobernante fue reelegido para un segundo periodo, con una mayoría superior a la de su primer período, mientras él mismo destacaba la necesidad de poner la unión por delante y de no incurrir en represalias, sino fortalecer la unidad norteamericana. Sin embargo, no todos estaban en la misma posición de reconciliación, y el 15 de abril de 1865, hace exactamente un siglo y medio, Lincoln fue asesinado en el Teatro Ford, donde había acudido a presenciar una obra."Sic semper tyrannis!" ("así siempre a los tiranos"), gritó el magnicida. Había muerto el presidente de la libertad de los esclavos.

Una de las estrofas mejor logradas de "Oh Capitán, mi capitán", Walt Whitman recuerda a la figura de Lincoln llegando Illinois, donde sería enterrado:



"Por ti se izan banderas y los clarines claman.
Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.

Por ti la multitud se arremolina,
por ti llora, por ti su alma llamea
y la mirada ansiosa, con verte, se recrea".


No es casualidad que haya sido el Lincoln Memorial de Washington el lugar elegido por Martin Luther King para pronunciar su histórico discurso "Yo tengo un sueño", con cientos de miles de personas escuchando la promesa de futuro para Norteamérica. Un monumento para contemplar, recordar, proyectar.

En su "Elegía a Emmet Hill", Nicolás Guillén cuenta una historia de un niño negro asesinado, recordando el fuego y la muerte que sacudieron al Mississippi durante tantos años de injusticias. Hacia el final recuerda al "niño muerto, asesinado y solo, negro", de la siguiente manera:


"Un niño con su trompo,

con sus amigos, con su barrio,

con su camisa de domingo,

con su billete para el cine,

con su pupitre y su pizarra,

con su pomo de tinta,

con su guante de béisbol,

con su programa de boxeo,

con su retrato de Lincoln,

con su bandera norteamericana,

negro".


Es que pasadas muchas décadas, ya incluso un siglo y medio, mucha gente sigue viendo en Lincoln el apoyo de un gran hombre, un estadista genuino, que supo vivir por grandes ideales, luchar en momentos difíciles, enfrentar la adversidad con valentía. Así también encontró la muerte artera que, en su caso, se transformó en un pasaje a la inmortalidad.
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