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ENTREVISTA AL REALIZADOR FRANCÉS

Laurent Cantet: "Todos vivimos con la imagen mitológica de la revolución cubana"

jueves 16 de abril de 2015, 11:59h
Laurent Cantet: 'Todos vivimos con la imagen mitológica de la revolución cubana'
El realizador francés Laurent Cantet, ganador de la Palma de Oro de Cannes por La Clase, estrena este viernes en España su último trabajo, Regreso a Ítaca, una radiografía de la sociedad cubana que transciende lo local para buscar en los significados de la madurez y el "hacerse viejo".
Madurar, crecer, evolucionar. Procesos vitales con una cara amarga que, de no asumirse, puede llevar, efectivamente, a la amargura. Madurez y melancolía emanan del último trabajo de Laurent Cantet. El realizador francés ganador de la Palma de Oro de Cannes en 2008 por La clase (Entre les murs), vuelve a deleitar con una radiografía sincera y acongojante del ser humano; aunque, esta vez, se aparta de la efervescencia vital que la juventud impetuosa de sus personajes aportaba a aquella cinta y a otros trabajos anteriores, como Recursos Humanos (Ressources humaines).

Cantet vuelve a las salas con Regreso a Ítaca, un cambio evidente en su enfoque a la hora de contar que, según asume en una entrevista con este diario, puede estar relacionada con la asunción de su propia madurez. La oxidación de los ideales, el cansancio de la lucha y la arbitrariedad de las circunstancias sobrevuelan esta historia encerrada en una terraza de La Habana y, al mismo tiempo, capaz de salir al Mundo, omnipresente en su esencia en cualquier vida y lugar. Cantet filma la reunión de cinco amigos con motivo del regreso de uno de ellos a Cuba tras 16 años en el exilio. Haberse quedado y haberse ido parecen contrarios, pero se muestran idénticas opciones cuando el regreso a Ítaca, a la patria a la que se pertenece y no al mismo tiempo, evoca irremediablemente la interrogación al pasado.

¿Por qué Cuba?
Estoy enamorado de ese país, he estado muchas veces y tengo muchos amigos allí. Tengo la impresión de que tengo muchas cosas que aprender en Cuba. También creo que hay una densidad histórica enorme en el país, algo que provoca preguntas esenciales en cada uno de nosotros. Nos plantea nuestro propio idealismo, nuestra propia desilusión y nuestra propia decepción.
Por eso, se llama Regreso a Ítaca y no Regreso a La Habana. Hubiera podido ser, pero creo que detrás de esta historia cubana se esconde algo mucho más universal, casi mitológico podría decirse. Todos vivimos con la imagen mitológica de la revolución cubana. Lo que me interesaba era enfrentar esa mitología a la realidad cubana, a la forma en la que los cubanos han vivido esa revolución, a cómo ha afectado a su vida.

"Lo que me interesaba era enfrentar la mitología a la realidad cubana, a la forma en la que los cubanos han vivido esa revolución"

El objetivo ansiado, incluso idealizado, de volver a casa, se convierte en motor del viaje. ¿Todos tenemos un Ítaca?
Es verdad que el paralelismo con la historia de Ulises es importante. Todo su viaje consiste en una serie de pruebas, y el regreso a Ítaca tampoco es fácil para él. Tiene que volver a poseer su historia, a reencontrar su lugar en la isla. Es realmente lo mismo que la película. Amadeo, después de dejar La Habana durante 16 años, debe de algún modo justificarse, contar por qué se fue y superar algunas pruebas para volver a merecer su lugar en el grupo y en la sociedad.

De algún modo, ¿es la vida la aceptación de la decepción?
Sí, desde luego yo me reconozco en ese aspecto en los personajes que escribo. Antes tenía ideales mucho más grandes que los que tengo ahora. Envejecer también significa asumir que hay algunos de esos ideales que desaparecen, reconocer que hay una especie de fatalidad.
Hasta ahora, he filmado sobre todo adolescentes para mis películas. Me apasiona, porque la adolescencia es un momento en el que todo es posible, en el que experimentas. Aquí, sin embargo quise ver gente un poco mayor que yo, que ya ha adquirido un distanciamiento que les permite juzgar su experiencia con más precisión. A menudo este juicio es un poco desalentador; te das cuenta de que has perdido el impulso que te hacía vivir, el idealismo que fue esencial en tu vida en un momento dado. Quizás eso signifique envejecer.

"Envejecer también significa asumir que hay algunos de ideales que desaparecen, reconocer que hay una especie de fatalidad"

¿Le toca a las generaciones más jóvenes recoger ese idealismo, transformarlo y adaptarlo al hoy para que la sociedad siga avanzando?
Espero que sí. Yo intento mantener mi idealismo, pero también tengo la impresión de que vivimos en un mundo tan complejo, que cada vez es más difícil encontrar el espacio para colocar el sueño que nos permite vivir ese idealismo.
Sí que he querido ofrecer, de perfil, la diferencia generacional. En una secuencia está el hijo de Aldo, que va a comer con “los viejos” y que resumen bastante bien la posición de los jóvenes cubanos e, incluso, de los jóvenes en general. Esta generación nació en pleno Periodo Especial, en medio de una terrible crisis económica en Cuba y nunca se sintió animada por los ideales de sus padres. Hoy en día, incluso gran parte de esa juventud de los ochenta, sueña con otra cosa, con algo más allá de lo que les ofrece su país, con otra parte que es, muy a menudo, Estados Unidos. Primero, porque económicamente la vida es dura en Cuba y quieren mejores oportunidades; pero también porque tienen ganas de florecer profesionalmente de una forma que no se les permite en Cuba.

Pregunta casi obligada: ¿Cómo valoras el deshielo de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba?
Tampoco soy un especialista, pero lo que he extraído de hablar con cubanos para hacer esta película es esperanza. Creo que la apertura por parte de Estados Unidos ha generado esperanza en Cuba. En principio, esperando una mejora económica, cosa que necesitan. Están pensando en que si vienen turistas de Estados Unidos se construirán hoteles, esos hoteles darán trabajo… en definitiva, que se vivirá con más facilidad. Ahora bien, también están vigilantes, alerta. No les apetece abrir la puerta de par en par y someterse a las reglas de los que van a llegar. Creo que hay valores que la revolución puso en marcha y que quieren mantener, como la educación, la sanidad, la relación que tienen con la cultura, el sentimiento de colectividad. Son valores a los que no quieren renunciar. Van a tener que buscar un equilibrio entre esa apertura que va a aportar ventajas y el modo de vida, o de pensar la vida, que es muy específico en Cuba.

"No les apetece abrir la puerta de par en par y someterse a las reglas de los que van a llegar"

La película transcurre casi en su totalidad en la azotea de un edificio de La Habana y es un cuidado, medido y trabajado diálogo de hora y media. ¿Es un reto en los tiempos que corren ceder todo el espacio a la palabra en una obra cinematográfica?
Para mí era muy importante dar ese espacio a la palabra, porque significa dar espacio a los cubanos. Pensé que las historias que me contaban eran lo suficientemente complejas como para que se pusiera toda la atención en ellas. Por eso quise reducir al máximo la puesta en escena. Además, esto me permitía estar cerca de las caras. Los rostros cuentan cosas, la emoción que transmiten es muy poderosa y los intercambios de miradas hablan realmente por sí solos. Cuando se simplifica al máximo el dispositivo, uno se centra en la puesta en escena pura: qué distancia va a haber entre los actores, qué posición va a tener uno frente al otro, en qué momento van a mirarse o no van a mirarse… matices que aportan realidad.
También mi intención como extranjero era evitar la mirada turística sobre Cuba. Es verdad que todos los clichés y los lugares comunes que te imaginas sobre Cuba están en la isla. Pero en Regreso a Ítaca nos quedamos en la azotea, que se convierte en una especie de oasis de todo eso. He evitado conscientemente filmar lo que ya se ve de Cuba: los coches, la música en cualquier esquina, las casas con el salitre… y quedarme con lo esencial: la universalidad de las historias que cuentan.
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