El pasado día 10, el Financial Times, uno de los tres grandes diarios económicos del mundo publicó una extensa información sobre CaixaBank que ha tenido gran repercusión en medios financieros de todo el mundo. La reproducimos a continuación.

En la Avenida Diagonal de Barcelona, cerca del estadio de fútbol ‘Camp Nou’, se yerguen dos torres oscuras. Fueron construidas a principios de los setenta para una caja de ahorros regional de tamaño medio, y la fundación de caridad asociada a ella. No especialmente altas ni ostentosas, las torres se adecuaban como sede de una entidad fundada para salvaguardar los modestos ahorros de la clase trabajadora.
Cuarenta años después, las oficinas centrales tienen el mismo aspecto, pero no hay nada modesto en el imperio industrial y financiero en expansión que es hoy La Caixa. El abanico de intereses del grupo comprende desde la banca minorista en España a las compañías de telecomunicación en Brasil, los campos petrolíferos de Canadá o las plantas de energía en México; tiene contactos políticos y mediáticos, y financia las artes e incontables proyectos sociales. Parte banco, parte holding industrial y parte institución caritativa, La Caixa es el silencioso motor de España -poco conocido fuera, pero enormemente influyente de puertas adentro.
La Caixa también es una superviviente. Su división financiera es la única que caja de ahorros que ha salido indemne, rescatando una balsa de rivales dañados por el camino. Hoy, mientras la recuperación española se eleva a nuevas metas, el alcance económico y político de La Caixa nunca ha sido tan grande. La ambición que encierran esas torres, de todos modos, arde más brillante que nunca: “Quiero que CaixaBank sea uno de los mayores bancos en Europa. Y no descansaré hasta que lo consigamos”, afirma el veterano presidente Isidro Fainé.
CaixaBank, número uno indiscutible en España
Durante el pasado reciente, CaixaBank ha sido ensombrecido por sus rivales, más conocidos, Banco Santander y BBVA, ambos con grandes operaciones fuera de su mercado doméstico (también son más valiosos en bolsa). En España, sin embargo, CaixaBank es el número uno indiscutible. Dispone ahora de más oficinas y clientes, y una cartera crediticia mayor que la de cualquier banco en España –y ha dejado claro que hará cualquier cosa para mantener ese liderazgo.
El verdadero pilar del poder de La Caixa es la cartera de participaciones industriales en muchas de las mayores compañías españoles, desde el grupo de petróleo y gas Repsol al proveedor de energía Gas Natural o el gigante de telefonía móvil Telefónica. Estas participaciones dan al grupo radicado en Barcelona una influencia sin rivales, y asientos cruciales en los consejos de administración a lo largo de la España corporativa. Allí donde haya un trato que hacer, un consejero jefe que expulsar o una oferta foránea que rechazar, La Caixa y su ubicuo presidente andarán cerca.
El secesionismo catalán
También en la esfera política, La Caixa es difícil de obviar. El grupo ha jugado un rol crucial en la campaña del gobierno para redimensionar el sector financiero español. También es un jugador clave en la lucha contra la independencia catalana, ejerciendo presión en Madrid y en el gobierno regional para rebajar tensiones y llegar a un acuerdo. La Caixa está cerca de la Casa Real -da empleo a la hermana del Rey, la Reina Cristina-, y ha establecido fuertes vínculos personales y financieros con muchos de los medios de comunicación más importantes. Es raro leer una mala palabra sobre el grupo catalán en la prensa de Madrid o Barcelona.
Su fundación declara ser la tercera mayor obra de caridad privada del mundo, superada solo por la Gates Foundation en los EEUU y la Wellcome Trust en Reino Unido. Tiene un presupuesto anual de 500 millones de euros y activo por valor de más de 20.000 millones. Financia dos de las mejores galerías de arte en España y cientos de proyectos en áreas como la salud, la educación, la ciencia o la ayuda al desarrollo. Incluso en la muerte, La Caixa reclama su rol: más de 15.000 enfermos terminales españoles han exhalado su último aliento bajo los cuidados paliativos de profesionales de la enfermería y la psicología promovidos por la fundación.
Salud de hierro del grupo La Caixa
El grupo La Caixa permanece con una salud de hierro. Pero no sin retos -internos y externos, financieros y políticos. Quizá el más urgente es el pobre nivel de beneficio de CaixaBank, cuyas operaciones principales dan poco dinero, y depende de los dividendos de sus participaciones industriales para impulsar sus ganancias. En el frente político, CaixaBank sufrirá si las tensiones entre Madrid y su región de origen se descontrolaran. Finalmente, está la cuestión de la estructura del grupo y la organización, y de si La Caixa puede continuar actuando en tantos escenarios como lo hace, y quién liderará el espectáculo.
Por el momento, ese hombre es Fainé, el presidente de 72 años de CaixaBank y Fundación La Caixa. Hijo de campesinos iletrados, Fainé creció en una casa sin agua corriente ni electricidad, y comenzó a trabajar a los trece años en una tienda de reparación de bicicletas. A lo largo de los años, ha adquirido riqueza y estatus, un palco corporativo en la elegante ópera barcelonesa del Liceo, un gusto por el golf y aliados poderosos como el multimillonario mexicano Carlos Slim y el jefe de Telefónica César Alierta.
Ahora, Fainé tiene poco en común con la convincente élite bancaria de Madrid. Pro-fundamente religioso y padre de ocho hijos, Fainé gusta de compartir anécdotas campechanas y sabidurías de vendedor aprendidas durante sus años de trabajo duro. Cree en la simplicidad, y en nunca tener más de tres cosas en la cabeza al mismo tiempo. Enseñó a sus padres a leer y escribir, pero lo aprendió todo de sus padres.
Fainé, el hombre de negocios más poderoso de España
Fainé es descrito habitualmente como el hombre de negocios más poderoso de España, aunque en una entrevista con Financial Times ríe de esta afirmación: “El poder no existe para mí, sólo el servicio”, dice, antes de añadir, para enfatizar: “El poder no me preocupa”.
Su influencia deriva no sólo en lo que control sino en cómo lo controla. Fainé disfruta de libertad de reinar única en jefes no propietarios de grandes corporaciones internacionales. “Fainé es muy poderoso. En este sentido, La Caixa es obra de un solo hombre”, dice un veterano político español. Ni la fundación ni el banco imponen límites de gobierno a su presidente. En la fundación, está rodeado de una ecléctica pero inofensiva mezcolanza de miembros en el consejo de administración. Entre ellos, un farmacéutico, un biólogo marino, un editor de prensa y veteranos compañeros de negocios como Alierta, además de figuras políticas como Javier Solana, exsecretario general de la OTAN.
En el banco no escasean ejecutivos competentes, pero ninguno podría rivalizar con el poder de Fainé. Cuando choca con altos directivos -como ocurrió el año pasado con Juan María Nin, experimentado pero incansable exsecretario general- son inmediatamente aparta-dos. La participación en la fundación es tan dominante que ningún otro inversor puede esperar ejercer presiones significativas en la gestión. “Es el gran poder financiero pero sin ninguna constricción. Los accionistas no tienen mucho poder en el banco”, asegura Andreu Missé, editor de Alternativas Económicas, una revista afincada en Barcelona.
La singular estructura y la no menos destacable ambición de la Caixa están enraizadas en el mismo asunto -el anterior estatus como ‘caja’. Las cajas fueron configuradas para proveer servicios financieros básico s para negocios y ahorradores locales, y ayudar al desarrollo económico revirtiendo sus beneficios en la región. A menudo, con estrechas relaciones entre sus cúpulas directivas y los políticos.
Las cajas se convirtieron en otra cosa durante la década del boom inmobiliario. Sin estar restringidas a su propia región -lo estaban por ley hasta 1988-, se expandieron y prestaron sin descanso. Cuando el boom se convirtió en desastre a partir de 2008, casi todas las cajas colapsaron. De las grandes, sólo La Caixa sobrevivió, haciendo efectiva la superioridad de su balance y gestión al hacerse cargo de sus compañeros con problemas.
“Fueron uno de las únicas entidades de ahorro en Europa que siempre compren-dieron la importancia de una buna gestión, dice Jordi Canals, decano de la Iese Business School. Al contrario que muchos de sus rivales, dice, La Caixa siempre ha sido vista como una “institución sofisticada”, que combina las últimas tecnologías con la prudencia a la hora de conceder préstamos.
La Caixa, independiente de los políticos
Otro factor que jugó a favor de La Caixa fue que era demasiado grande para ser in-fluida por políticos locales. “Siempre han sido cuidados de mantener su independencia de los políticos, al contrario que muchas otras cajas de ahorro”. La Caixa sobrevivió y la mayoría de las cajas de ahorro desaparecieron”, dice el profesor Canals.
No sólo fue La Caixa la institución que sobrevivió, sino también -al menos en la mente de Fainé- la idea de las cajas de ahorro como motor de cambio. “Fainé fue un gran creyente en el modelo de las cajas”, dice un banquero madrileño. “La caja fue una institución que servía a propósitos sociales que, además, era un banco. Pero extendió este concepto: para él, la caja tiene un propósito social, económico e incluso político. Así es como justifica las participaciones industriales”.
Fainé no discute que tiene varias metas, pero insiste en que la fundación y el banco tienen el mismo interés: “Sin el banco no hay filantropía. Sin beneficios, no hay nada”.
Lo impactante, de todos modos, es cómo se obtienen los beneficios de CaixaBank. Cerca del 80 por ciento de su beneficio antes de impuestos viene de dividendos de Telefónica, Repsol y participaciones minoritarias en bancos de México, China, Portugal y el este de Europa. Estas participaciones, dice un analista bancario, “consumen mucho capital y no añaden valor –pero La Caixa no puede venderlos porque entonces quedaría claro que el resto del negocio bancario no da dinero”.
La Caixa ha puesto en marcha recientemente una estrategia para los próximos cinco años destinada a incrementar sus beneficios. Los analistas se mostraron sorprendidos por la especificidad de sus compromisos, pero muchos tuvieron dudas sobre la estrategia a largo plazo de CaixaBank. Al contrario que sus principales rivales, el grupo catalán permanece muy expuesto al mercado bancario patrio con poca presencia internacional. Su último intento de expansión -una oferta para tomar el control de BPI en Portugal- pueden ser vistas como una incursión en un mercado creciente.
Concordia y conciliación ante la situación catalana
Fainé mantiene la cautela sobre la tormenta desatada por el movimiento pro independentista catalán. El Gobierno de Cataluña lo ha apoyado y pretende ganar legitimidad en las próximas elecciones de septiembre.
La cuestión es problemática para La Caixa. En el resto de España, donde tiene el grueso de sus oficinas y clientes, suelen ser vistos como el “brazo económico de la sociedad catalana”, como explica un directivo madrileño. En Cataluña, la oposición a la independencia de Fainé es bien conocida -y ha convertido el banco en un objetivo de las críticas de los activistas pro independencia. Demasiado catalana para algunos, no catalana para otros, La Caixa encara un difícil número de equilibrismo en los próximos meses. También está la cuestión de qué pasara si Cataluña consigue la secesión. Los analistas creen que La Caixa debería mover su sede para permanecer como parte de la arquitectura financiera de la Eurozona y poder acogerse a los programas de liquidez del Banco Central Europeo.
Fainé deja claro que ve la cuestión monetaria como crucial: “No tengo compromisos políticos en Cataluña, excepto uno -que los ahorradores catalanes no pierdan su dinero. Es lo único que me preocupa. Si me dan euros, no puede devolverles otra cosa. Eso es lo que tengo que defender”.
El presidente insiste en que La Caixa es una “institución privada” y en que “los debates políticos no tienen cabida en nuestra razón de ser”. Pero eso no le ha detenido a la hora de buscar alianzas entre la región y el resto de España. “Está intentando exponer su grupo lo máximo posible a España, con el fin de que la separación fuera más dolorosa y asegurar que nunca se producirá”, afirma un banquero.
Si fuera por él, Fainé continuaría con el equilibrio financiero, industrial y político de La Caixa por muchos años. Ha rebasado la edad de jubilación pero no tienen intención de dejarlo. “Siempre trabajaré. Esta idea del retiro, en mi caso, no se aplica”.