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PEDRO GARCÍA LARIO, ASTRÓNOMO DE LA ESA

“Hubble nos ha dado la posibilidad de sentir cómo es vivir en el Universo”

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
sábado 25 de abril de 2015, 00:22h
Actualizado el: 25/04/2015 09:12h
Con motivo del 25 aniversario del telescopio Hubble, el astrónomo de la Agencia Espacial Europea Pedro García Lario charla con El Imparcial sobre el pasado, el presente y el futuro del observatorio espacial con más impacto científico de la historia.
El astrónomo de la ESA Pedro García Lario (Foto: Juan Pablo Tejedor)
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El astrónomo de la ESA Pedro García Lario (Foto: Juan Pablo Tejedor)
La historia del Hubble ha sido como una carrera de obstáculos que ha obligado a paralizar la misión en varias ocasiones. El mayor parón tuvo lugar tras la tragedia del Columbia en 2003, pero el empeño de la comunidad científica consiguió que se aprobara una última misión de reparación para que Hubble siguiera en activo, a pesar de que la seguridad de los astronautas había quedado en cuestión. ¿Cómo se vivió aquel momento?
Todos quedamos conmocionados. Primero por la tragedia personal de los siete fallecidos y sus familias. Pero también porque sabemos que este tipo de catástrofes tienen un impacto en nuestro trabajo, traen retrasos y reconsideraciones de si merece la pena o no sacrificar el esfuerzo, e incluso las vidas humanas, para conseguir determinados retos. Y eso siempre es un motivo de preocupación.

¿Es mayor el afán de conocimiento y aventura del hombre que el riesgo?
Ese es el juego de la ciencia y del desarrollo tecnológico. Cuando uno quiere hacer algo nuevo, siempre asume unos riesgos. Y hay que valorar si esos riesgos merecen la pena o no. En este caso, la sociedad se manifestó claramente de modo favorable a que se hiciera lo posible para asumir esos peligros y conseguir a cambio todo lo que ahora tenemos. Si no nos hubiéramos lanzado a arriesgarnos, ahora no tendríamos la posibilidad de disfrutar de todo el flujo de datos científicos que todavía hoy, muchos años después, estamos recibiendo del telescopio Hubble.

Además de ser el observatorio espacial de mayor impacto científico, Hubble se erige como uno de los estandartes de la divulgación de la ciencia a la sociedad. ¿Qué tiene de especial?
Por una parte, toda la odisea que ha vivido es atractiva desde el punto de vista mediático e inspiradora para la especie humana. Su historia representa el desafío, el sueño de conquistar el espacio, la voluntad de ir más allá y superar todos los obstáculos que se ponen por delante.
Por otro lado, el telescopio transmite con sus imágenes una sensación de pertenencia al Universo, de que formamos parte de él. Te hace sentir vinculado al cosmos de algún modo. El mayor éxito de Hubble es que proporciona las imágenes tal y como las veríamos nosotros con nuestros ojos si fuéramos capaces de desplazarnos hasta donde él está. Hay otros telescopios que hacen observaciones en radio, en infrarrojos o ultravioleta, pero desde perspectivas que no son las que nuestros ojos nos dan. Cuando nosotros vamos a hacer turismo a un país desconocido, nos gusta captarlo y compartirlo con todos nuestros amigos. Pues Hubble vendría a ser un amigo de la Humanidad que hace fotos y las sube al Facebook para que todos las veamos. Comparte con todos los habitantes de la Tierra la posibilidad sentir cómo es vivir en el Universo.

Esas espectaculares imágenes que nos llegan de Hubble, ¿pasan por algún proceso o tratamiento antes de su publicación?
Todo tiene su truco, pero es muy sencillo y no estamos engañando a nadie. Lo que la mayor parte de los telescopios, incluido el Hubble, observa son escalas monocromáticas, en un determinado filtro, rojo, azul, verde o el color que nos proporcione más información sobre el objeto que deseamos observar. Lo que hacemos es combinarlos de una forma conveniente para reproducir lo que el ojo humano vería, del mismo modo que cuando vemos en una televisión las imágenes en color, lo que está haciendo el aparato es combinar rojos, verdes y azules. Nosotros reproducimos lo que el ojo humano vería, traducimos lo que capta Hubble a la visión multicolor que tenemos los humanos.

De la larga lista de descubrimientos que el Hubble ha realizado a lo largo de estos 25 años, ¿cuál destacarías?
Hay cosas nuevas en todos los ámbitos, pero yo tengo dos favoritos. El primero, porque he estado personalmente involucrado en él, y otro porque ha sido muy reciente y me parece muy interesante. El que corresponde al área donde yo trabajo, la evolución estelar, es el estudio de las nebulosas planetarias, que son el resultado final de la evolución de estrellas como el Sol. Cuando se mueren, las estrellas eyectan gas y polvo en formas y estructuras descabelladas a veces, imposibles diría: formas de mariposa, estructuras parecidas a un reloj de arena… Es apasionante estudiar cómo y porqué se produce esta metamorfosis de la estrella, que pasa de ser un objeto puntual y aburrido a convertirse en un despliegue de formas increíbles. En particular, hice una observación de una de estas estrellas que se están muriendo en Tierra y descubrimos que en el corto plazo de unos treinta años se había convertido de estrella normal en nebulosa planetaria. La observamos con el telescopio espacial Hubble y lo que vimos es que efectivamente ya era una nebulosa planetaria, pero muy pequeña. Habíamos presenciado el nacimiento de una nebulosa planetaria, fue portada de Natureen el año 98 y personalmente estoy muy orgulloso de eso.
Por otro lado, hace solo unas semanas Hubble anunciaba en nota de prensa un descubrimiento muy importante. Mientras estudiaba la variabilidad de las auroras magnéticas en Ganímedes, la luna mayor de Júpiter, había encontrado que la única forma de explicar cómo variaban era porque debajo de su corteza helada había un océano de agua salada, oculto a nuestra vista. Este tipo de descubrimientos abren nuevas ventanas a cosas tan interesantes como que la vida puede existir en entornos inicialmente hostiles. Además, nos dicen que las condiciones para la existencia de la vida pueden darse no tan lejos como las estábamos buscando, sino en nuestro patio de atrás.

¿Cuáles son las principales mejoras que se han realizado en el telescopio en las cuatro misiones de mantenimiento lanzadas?
Cuando pusimos al Hubble en órbita no existía la tecnología necesaria para producir una cámara que observara en ultravioleta e infrarrojo. Esa ha sido una de las principales mejoras, ampliar el rango del espectro electromagnético para conseguir ver en esas luces y observar cosas que eran imposibles de ver cuando lo lanzamos. También hemos aumentado la capacidad de procesado de la luz recibida y hemos aumentado el tamaño de los detectores para que seamos muchos más eficientes. Algunas de las imágenes que se muestran del Hubble son en realidad mosaicos de 70.000 píxeles cada uno. Igual que pasa con nuestras cámaras fotográficas aquí en la Tierra, la definición de las cámaras del Hubble también ha ido aumentando de forma exponencial con los años. Ahora, podemos ser mucho más eficientes en el mapeo de las zonas que estamos observando. Además, se ha mejorado la calidad de la óptica, de la electrónica y la velocidad del procesado de datos y hemos aumentado la eficiencia: podemos recibir más cantidad de datos en menos tiempo.

Ya está proyectada la misión el nuevo telescopio espacial de la NASA y la ESA, el James Webb. ¿Qué aportará este nuevo proyecto a los logros del Hubbe?
El nuevo telescopio es como una máquina del tiempo. Cada vez que vemos cosas más distantes, estamos en realidad yendo hacia atrás porque la luz tarda un tiempo determinado en llegar. Si con Hubble estábamos retrocediendo hasta unos 500 años desde la formación del Universo, pudiendo observar las galaxias primitivas, con James Webb podremos mirar en el cosmos de tan solo 200 años y entender cómo se forman esas galaxias. Por otro lado, si con Hubble hemos podido observar un exoplaneta de forma muy tenue y alrededor de una estrella muy cercana, con el James Webb lo vamos a poder hacer con cientos de estrellas. Vamos a poder incluso sacar espectros, es decir, la huella dactilar de los exoplanetas que nos dirá como son su superficie y su atmósfera. Sabremos si contiene algún tipo de moléculas prebióticas que podríamos interpretar como las semillas de la vida en esos planetas. Finalmente, si hablamos de la formación de nuevas estrellas, vamos a poder obtener con mucha mayor nitidez la información sobre cómo se distribuye el gas y el polvo a su alrededor en ese proceso de formaión y qué especies moleculares están presentes, también con objeto de determinar si algún día podrán formar planetas como los que existen en nuestro Sistema Solar.


García Lario explica durante la entrevista cómo llegará el nuevo telescopio espacial James Webb a su órbita en 2018 (Foto: Juan Pablo Tejedor)

¿Qué vida se le augura al nuevo telescopio?

A diferencia del Hubble, el James no puede ser reparado. La órbita en la que vamos a situarlo está a un millón y medio de kilómetros de la Tierra, por lo que no hay posibilidad de enviar una nave tripulada allí que lo deje y luego vuelva. El sistema es distinto: se enviará con el Ariane 5 de forma autónoma y será el propio telescopio, que tiene el tamaño de una pista de tenis e irá plegado en el interior del cohete, el que se autodesplegará y se colcoará en la órbita. Así que en este caso, si hay algún fallo, se acabó la misión. Tecnológicamente hablando, está preparado para ser competitivo durante al menos cinco años. Aunque tampoco hay nada que limite la operación del telescopio hasta otros cinco años más si consideramos que ese es un tiempo razonable para sacar partido a la inversión que se ha hecho, que es mucha. Son ya 8.800 millones de euros los que están gastados en este nuevo proyecto y esperamos que finalmente se lance cuando pensamos, en octubre de 2018. Así tendremos un periodo de en el que vamos a poder disfrutar de los dos telescopios

Porque está previsto que el Hubble esté activo hasta 2019 ó 2020. ¿Qué pasará después con él?
Bueno, a medida que ha ido avanzando la tecnología, las misiones de mantenimiento han colocado al Hubble componentes de mejor calidad y más resistentes en el tiempo. En teoría, sus instrumentos podrían incluso aguantar décadas. El mayor problema es que el telescopio va cayendo progresivamente debido a una ligera fricción que sufre en la órbita. Ya no somos capaces de elevarlo, así que inexorablemente el destino de Hubble es terminar reentrando en la atmósfera y desintegrándose.
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