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RODRIGO RATO, RIVALES Y ENEMIGOS

sábado 25 de abril de 2015, 17:53h
Hubo un tiempo en el que cualquier juicio sagaz de tipo político se le atribuía a Winston Churchill...

Luis María Anson publicó en El Mundo un artículo ampliamente comentado y reproducido en las redes sociales, en el que se anticipaba la intervención de un infiltrado de Hacienda, confirmado hoy por el diario ABC con el nombre de Jesús Asenjo Salcedo, funcionario del Servicio de Vigilancia Aduanera, al servicio del ala izquierda del socialismo. Lo reproducimos a continuación.

“Hubo un tiempo en el que cualquier juicio sagaz de tipo político se le atribuía a Winston Churchill, la primera cabeza del siglo XX. Así es que un día mostraba a un invitado ilustre la Cámara de los Comunes. “Y ahí enfrente -dijo el primer ministro- es donde se sientan mis rivales, los laboristas”. “¿Y aquí?” -preguntó el invitado señalando la bancada conservadora. “Aquí -respondió Churchill- se sientan mis enemigos”.

Que se lo pregunten a Rodrigo Rato. Alguien desenmascarará las oscuras andanzas por los salones monclovitas y las desbocadas correrías por los pasillos genoveses que han desencadenado el linchamiento del político, el sacrificio del altar urbi et orbi, la vejación descarnada y cara al público con un torrente de cámaras de televisión convocadas de antemano e infringiendo la ley, dicen que por infiltrados de extrema izquierda en Hacienda. No voy a entrar en la presunción de inocencia ni en el carcaj de la culpabilidad, pero a la natural reacción del PSOE, que está muy escocido con los eres y los cursos de formación, ha seguido el lanzamiento de las flechas ofidias del PP contra el que fue todopoderoso vicepresidente del Gobierno. Nadie de relieve le ha tendido la mano en el partido. A pesar de los daños colaterales al PP, se ha escuchado en las filas populares como un frotarse de manos cainitas con la satisfacción de enmascaradas venganzas y viejas navajas cachicuernas.

No le faltaba razón a Winston Churchill. En la bancada del partido afín están colaboradores y amigos; también los verdaderos enemigos. Que se lo cuenten a Esperanza Aguirre. Que se lo cuenten a Ignacio González. Asistimos estos días en vivo y en directo a una lección de Historia. Hasta que pasen las elecciones generales, los socialistas mantendrán viva la imagen de Rato. Hurgarán todo lo que puedan en ella. Algunos populares continuarán vengándose de los desdenes, las desatenciones, las prescripciones que de ellos hizo en el partido y en el Gobierno el antiguo vicepresidente.

La venganza contra los enemigos, contra uno en particular, se la beberá a largos sorbos Rodrigo Rato cuando le llegue el momento si es que le llega. Es hora de leer El Príncipe y glosar a Maquiavelo. La Historia se repite una y otra vez. No sé si será maestra de la vida. Lo es, sin duda, de la condición humana, de sus bajas pasiones y a veces de las agrias heridas. Bruto, tras apuñalar a Julio César junto a la estatua de Pompeyo, dijo: “Ya tienes, Cicerón, vengada la República”. Lo que más temía Miguel de Cervantes era la venganza de los que aparentemente le habían querido. Murió convencido de que Lope de Vega había sido el inspirador del Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda; seguro de que el autor de Fuenteovejuna tiró la piedra y escondió sabiamente la mano, hasta el punto de que todavía gallea en la incertidumbre la autoría del libro falsificado.

Dicen los enterados que Rodrigo Rato prepara ya su venganza, que puede derribar las columnas del templo y que la techumbre caiga sobre los populares. Y que está leyendo el Éxodo con minuciosa parsimonia: “Adustionem pro adustione, vulnus pro vulnus, livorem pro livore”. Quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”.