EPPUR SI MUOVE
La heroína de Baltimore
jueves 30 de abril de 2015, 20:26h
Las imágenes daban la vuelta al mundo hace pocos días. Los disturbios de Baltimore por la muerte de un joven negro en dependencias policiales provocaban quema de coches, saqueo de tiendas y violentos choques entre manifestantes y antidisturbios. Estos últimos, sin embargo, contaron con ayuda extra: la de una madre que reconoció a su hijo adolescente por televisión mientras éste, encapuchado y armado con un palo, estaba de lo más activo.
Para activa, ella. Toya Graham, que así se llama la madre coraje, se plantó donde estaba su hijo y a gritos y bofetadas -“¡Quítate la puta capucha!” o “¡Idiota, más que idiota!” fue lo más suave que le dijo al pobre chico- lo sacó de allí. De no haber sido así, quien sabe si ahora no habría otra víctima más de la tensión racial u otro policía herido en el hospital.
¿Qué hizo Toya Graham? Pues lo correcto. Choca por inhabitual, pero hizo lo que todo padre responsable debería hacer: reaccionar si ve que su hijo está haciendo el bobo. Y no dialogó con él ni le mandó al rincón a pensar, sino que le dio un par de guantazos y lo mandó para casa. A los que hicieron la Ley del Menor en España les habrá parecido una aberración. Es más, si fuera española ya se le habría caído el pelo: la habrían denunciado por malos tratos y podría pasarle como a una madre de Jaén a quien una bofetada a su hijo le costó un año de cárcel y una orden de alejamiento.
Si el niño suspende, la culpa es siempre del profesor. Hoy los docentes son héroes anónimos y mal pagados que se la juegan a diario ante hordas de pequeños cafres. Muchos padres parecen desconocer que al colegio se va a aprender y que, por más que los maestros lo hagan de cine, al niño se le trae de casa educado; en clase bastante tienen con desasnarlo. En el caso de Baltimore, Toya Graham conjugó el verbo educar a las mil maravillas. El propio jefe de policía la felicitó, afirmado que “ojalá hubiese más padres responsables que se preocupasen de lo que hacen sus hijos”.
Ya lo dijo John Lennon, “detrás de cada imbécil hay siempre una gran mujer”. En este caso, la máxima no puede ser más cierta. En España, sin embargo, vamos por otro lado. Aquí la madre estaría en la cárcel, los policías acusados de malos tratos y el niño se haría de oro en Telecinco haciendo de tronista en alguno de sus programas culturales, donde compartiría experiencias intelectuales con Belén Esteban.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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