www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

JORNADA 35: SEVILLA 2 REAL MADRID 3

El Madrid se exprime para sobrevivir al Pizjuán en la coronación del pichichi Ronaldo

sábado 02 de mayo de 2015, 21:58h
Actualizado el: 02 de mayo de 2015, 23:19h
El hat-trick de Ronaldo selló el valioso triunfo madridista en un partido colosal del que el Sevilla no sacó rédito por poco. Se ajusta la lucha por la Liga y el Pizjuán volvió a ser manecillado más de un año después de que los hiciera el Barça.


Pasar por el Pizjuán sin sangrar. El Madrid desembarcó en la capital hispalense con doble intencionalidad: alimentar sus opciones de liderato salvando el trago más indigesto a domicilio que le resta en el calendario y mantener el estado actual de la maltrecha salud que muestra su vestuario. Sin margen de error tras el baño y masaje ofrecido en Córdoba al líder de la Liga, los actuales campeones de Europa buscaban hurgar en el ardor sevillano para salir airoso de un feudo del que nadie ha sacado los tres puntos desde la temporada pasada. El bloque blanquirrojo, por su parte, dejaba sus complejos en casa y se lanzaba a sellar este sábado como un día grande del sevillismo, de camino al ascenso hacia los puestos de Liga de Campeones.

Apostó Unai Emery por un sistema similar al que arrancó el empate al Barça hace unas semanas, reservando el talento para que el físico y la velocidad dominaran la escena. Así, Iborra, Denis Suárez y Vitolo empezarían en la banda para entregar la batuta de la elaboración y contra local a Reyes y Banega. Vidal y Bacca completarían la verticalidad de una roca en la medular compuesta por Mbia y Krychowiak. La seguridad en el repliegue y el lanzamiento de los laterales para amenazar cada pérdida merengue, claves hasta que el físico diera paso a la calidad, para crecer y cambiar el duelo. El pentagrama del técnico vasco.

Carlo Ancelotti recuperó la estratagema que le permitió sobrevivir en Europa. Ramos volvía a acompañar a Kroos en el doble pivote, con Isco y James completando el centro del campo de cuatro piezas. Pepe y Varane batallarían con la exuberancia aérea personalizada en Bacca y Marcelo y Carvajal debían guardar su espalda y ayudar en un despliegue ofensivo coronado por la movilidad de Chicharito y el hambre de Ronaldo -que empezó el partido con un gol menos que Messi-. La pericia en la combinación, el dominio del tempo a través de la concentración tras fallo y la posesión, caminos a recorrer para mantener los cimientos de la candidatura al título doméstico. Bale esperaría su turno de camino a Turín.

Arrancó el envite con el Sevilla tratando de imponer la locura intensa y amilanar la elaboración blanca. Reyes avisó en la primera jugada con un chut que se fue a córner. Pero el Madrid respondió con precocidad, obligando a la presión local a medir su altura y achicar y, sobre todo, avisando de la seriedad de la postura tomada en esta visita. Antes de que se cumpliera el 10 de juego, tres ocasiones, una de ellas muy clara, templaron la animosidad sevillista. Una acción en slalomindividual de Ronaldo que concluyó con falta directa enviada a las nubes, en el 2 de partido, abrió fuego. El luso remató muy desviado desde media distancia en el 8 y, un minuto más tarde, perdonó el primer gol: un centro de Marcelo tras la fluida asociación dejó al portugués en remate claro desde el área pequeña. Rico tapó el mano a mano y respiró el Sevilla.


No lo hizo así el choque, que mantuvo su ritmo alto de revoluciones hasta pasada la primera media hora. Reaccionó la creación andaluza bajo el paraguas de la clase de Reyes, que inquietaba gracias a su claridad en la asociación partiendo desde la banda. Un envío vertical del 10 encontró a Vidal en el interior del área. La zaga del Madrid pensó que el extremo se encontraba en fuera de juego -lo era, no pitado- y cayó en una pasividad que Casillas enmendó desviando el remate. Varane sacó bajo palos en el 13.

La efervescente transición de los de Emery, que tomaba a los mediocentros visitantes malparados, dibujó un terreno de dudas. El Madrid dominaba la pelota pero su espalda no permanecía guarecida. Encontró Kroos un pase entre líneas que detectó el desmarque de Chicharito. El mexicano centró y Ronaldo pifió el remate para perdonar, de nuevo, en franca posición de remate. Carriço supo incomodar el intento del luso en el 26 de envite. Los chuts lejanos de Reyes y Bacca supusieron la respuesta de un bloque que no se amilanaba a pesar de haber cedido terreno.

Llegó entonces la situación que explotó el primer acto: Ramos y Krychowiak chocaron cabezas y el polaco salió mal parado. Se afanó el cuerpo médico andaluz en arreglar la nariz de la pieza nuclear de la estabilidad de su sistema. Un empeño que se demoró 10 minutos y dejó al equipo desguarnecido en su achique. Y emergió Ronaldo para cosechar en ese terreno. Marcelo vio un desmarque de Isco a la espalda de Diogo, el malagueño amagó el control para centrar al segundo palo y el 7 merengue ejecutó potente testarazo que besó la red en el 35. Dos minutos después, el portugués coronaba el centro de seda de James y el cabezazo venenoso en el primer palo de Chicharito con el segundo gol madridista.

Pero el Sevilla no cayó a la lona ante el desaguisado. Una volea desviada de Mbia tras el fallo de Varane en el despeje y en la colocación esbozó el desenlace del primer acto. Descendió la concentración visitante y el conjunto hispalense se mantuvo, con astucia, en su lugar de exigencia. Banega ilustró el escenario sacando una falta desde la frontal con sutileza por encima de la barrera y tres sevillistas llegaron al remate ante la condescendencia merengue. Vidal marró la ocasión ante los gritos de Ancelotti y Casillas.

Sin embargo, el 0-2 no llegaría intacto al intermedio. La sensación de los deberes hechos abrió el partido. Marcelo trazó un sombrero en su córner, perdió el esférico y Ramos, seguro de su capacidad se lanzó para robar el cuero a Vidal. Cometió un penalti que transformó con voracidad Bacca. La seriedad en el esfuerzo madridista no recogió los frutos cultivados por 10 minutos de apagón. El Sevilla volvía a recortar distancias, como ante el Barça, ante el enfado colosal del entrenador italiano.

Y no cambió el guión en el arranque de segundo tiempo. El Sevilla arrinconaba al Madrid a través del balón parado y hasta que el contendiente madrileño igualara el nivel de intensidad. Mbia cabeceó ajustado al poste en el 48 y Reyes chutó muy desviado ante un rival fuera de eje. Por el camino, Kroos desperezó a los suyos con un disparo desde larga distancia que inquietó a Rico.

Se fue haciendo con el mando del ritmo y tempo de partido un Madrid que intentaba domesticar las salidas continuas del púgil andaluz. Coincidió esta subida de preponderancia del fútbol de los de Carletto con la bajada de pulsaciones locales. Consumidos los primeros 20 minutos, el técnico transalpino incluyó en la fórmula a Bale, que sentó a un voluntarioso Chicharito.

Buscaba el segundo clasificado imponer personalidad y asociación afilando la vertiente de robo y salida, ante la intentona sevillana de subir su ambición y avanzar metros. Y la pegada entregó al razón al preparador que participó, sobre el césped, del Milan de Sacchi. Un centro fino de Bale desde la derecha, en plena contra, conectó con la cabeza de Ronaldo. El luso dibujó un giro de cuello sublime para encontrar el segundo poste. Gol de ejecución inmaculada en el 69 para acallar a la crítica particular y sacudirse la inseguridad colectiva con la que transitaba esta visita.


Emery quemó las naves sacando del verde a Diogo, Krychowiak y Bacca e inyectando al paisaje el desequilibrio de Suárez, la llegada de Iborra y el veneno de Gameiro. Transitó entonces el duelo en un intervalo de dominio merengue, del espacio y del juego, que, por contra, se deshilachó de manera abrupta en el 79. El primer balón que tocó Iborra encontró la red tras el desborde en banda de Vidal. Se ajustaba de nuevo el marcador y el vértigo por otro error de concentración y concepto defensivo visitante. De nuevo el Madrid pagaba caro sus vaivenes.

Se precipitó el final de este partido con mayúsculas con el Sevilla apretando y el Madrid tratando de anestesiar a través de la pelota y la transición. Isco dejó su sitio a Illarra en el 83 para que el club de Chamartín cerrara el envite con tres centrales. Antes, Kroos probó suerte desde la frontal para la estirada de Rico. El desenlace incierto quedó reflejado en el agujero en la banda de Marcelo que aprovechó Vidal para centrar, Gameiro remató para el despeje de Casillas, la pelota suelta fue rematada por Suárez de nuevo y se paseó para encontrar el camino del poste, con una meléde futbolistas en el área visitante.

El fragor y competitividad sevillana imponía su ley y, en plena guerra de ajedrez, Marcelo completó un partido deficiente en labor de repliegue para dar entrada a Arbeloa. Iker tapaba el juego de verticalidad absoluta ante la imposibilidad de sus compañeros de encontrar respiro. Pero la trinchera madridista consiguió tumbar al aguerrido coloso sevillano en una batalla con tintes de leyenda. La cima del Pizjuán quedó conquistada con una bacanal de goles (2-3), esfuerzo anatómico y movimientos tácticos que no hace sino apretar la lucha por el liderato y encumbrar el fútbol español.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios