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GANEN CONSERVADORES O LABORISTAS, TOCARÁ PACTAR PARA FORMAR GOBIERNO

Reino Unido acude a las urnas en las elecciones más reñidas de su historia

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
jueves 07 de mayo de 2015, 00:13h
Actualizado el: 07 de mayo de 2015, 23:19h
Más de 45 millones de británicos están llamados este jueves a las urnas para elegir nuevo primer ministro en las que se antoja serán las elecciones más reñidas en la historia del país. Recién abiertos los colegios electorales, conservadores y laboristas están empatados según las encuestas y todo apunta a que deberán buscar pactos con los independentistas escoceses, los liberaldemócratas o los eurófobos.
  • Nigel Farage

    Nigel Farage
    El líder de UKIP posa a su legada a un colegio electoral para votar en Ramstage en Kent.

  • Nicola Sturgeon

    Nicola Sturgeon
    La líder de los independientes del SPN introduce su papeleta en la urna del colegio electoral de Broomhouse Community Hall, en Broomhouse, Glasgow.

  • Un curioso

    Un curioso
    Un hombre se acerca a un colegio electoral a votar con su mascota, lo que nos deja esta simpática imagen.

  • Un colegio electoral

    Un colegio electoral
    Cerca de 40.000 se han habilitado en todo Reino Unido para que puedan votar más de 40 millones de británicos.

  • Ed Miliband

    Ed Miliband
    El líder del Partido Laborista, y su mujer, sonríen tras ejercer su derecho a voto en un colegio electoral de Doncaster.

  • Nicola Sturgeon

    Nicola Sturgeon
    Abandona el colegio electoral de la mano de su marido Peter Murret tras votar en el colegio de Broomhouse.

  • Votantes

    Votantes
    Una pareja de ancianos acude a votar.

  • David Cameron

    David Cameron
    El primer ministro británico y líder conservador, junto con su mujer a su llegada al colegio electoral de Speisbury en Oxfordshire.

Hung Parliament o, dicho en español, Parlamento colgado. Ese es el escenario que con toda probabilidad viva Reino Unido tras las elecciones de este jueves. Esta denominación hace referencia a una Cámara en la que ningún partido logra la mayoría de escaños, algo con los que todos los pronósticos y encuestas cuentan a estas alturas.

Los cerca de 40.000 colegios electorales a los que están llamados a votar más de 40 millones de británicos para elegir un nuevo Parlamento han abierto sus puertas a las 07.00 hora local (08.00 en la Península), en una jornada que se prolongará hasta las 22.00 horas (23.00).

El actual primer ministro y líder conservador o torie David Cameron, aupado en una popularidad aplastante (58 por ciento de aceptación) muy superior a la de su formación, se enfrenta al joven y pujante Ed Miliband (30 por ciento), cabeza visible del laborismo británico y gran esperanza de la izquierda.



Condenados a pactar
En medio, un amplio abanico de formaciones menores que pugnan por lograr el mayor número de escaños entre un electorado con claros síntomas de apatía y desencanto y con ellos obtener una posición de fuerza con la que negociar un Gobierno de coalición, algo considerado excepcional en Reino Unido.

La pasada legislatura, los liberaldemócratas de Nick Clegg fueron la llave de Cameron para acabar con trece años de laborismo. Sin embargo, el desgaste como socios de Gobierno les han perjudicado mucho y las encuestas vaticinan una debacle que les lleve a obtener sólo el 7 por ciento de los votos y perder 30 escaños hasta los 27 asientos. Un resultado insuficiente para que Cameron alcance los 326 parlamentarios que marcan la mayoría en la Cámara de los Comunes.

Si Clegg logra recuperarse, podría repetir coalición. De no hacerlo, los eurófobos de UKIP cobran fuerza como posible socio gracias a su 15 por ciento en intención de voto. Bravucón y desafiante, su líder, Nick Farage, ha logrado aglutinar el voto del descontento y ha multiplicado sus apoyos hasta poder llegar a sumar seis representantes.

Farage ya ha condicionado su apoyo a Cameron a que adelante el referéndum para decidir sobre el futuro de Reino Unido como miembro de la Unión Europea de 2017, como ha prometido, a 2015.

Por contra, el problema laborista tiene nombre propio: Escocia. Tras el referéndum independestista del pasado año, la fiebre nacionalista en el norte, que representa el 10 por ciento de la población británcia, no ha hecho más que crecer.

Tradicional feudo de izquierdas, los socialdemócratas del SNP comandados por Nicola Sturgeon, sucesora de Alex Salmond, podrían arrasar en las elecciones haciéndose con hasta 56 de los 59 escaños que le corresponden a los escoceses, el 9 por ciento de los asientos en Westminster. De paso, robaría a Miliband decenas de miles de cruciales votos.


De izquierda a derecha, Nick Clegg (Liberaldemócratas), Nicola Sturgeon (SNP) y Nick Farage (UKIP).

Con esto, Sturgeon se ha ofrecido a pactar los los laboristas en aspectos puntuales, aunque estos reniegan, en principio, de esa coalición, pues consideran que el SNP haría más por sus intereses nacionalistas que por los del conjunto del país. Los escoceses, a su vez, no quieren que la historia de Clegg se repita con ellos y verse perjudicados por una gestión que consideran "foránea"

Tanto en este escenario como en el del hipotético pacto con UKIP, Clegg ha descartado formar parte de la alianza. "¿En qué se convertirá Reino Unido si los conservadores o los laboristas se pasan los próximos cinco años mendigando votos de una turba de nacionalistas, populistas y personas con intereses particulares?", señalaba en campaña el liberaldemócrata.

Fuera de estos tres, otras pequeñas formaciones podrían hacer de bisagra en un futuro Gobierno de coalición. Aquí encontramos a los nacionalistas norirlandeses del DUP, los galeses de Plaid Cymru o hasta los ecologistas, responsables de cierta fragmentación del voto izquierdista.

A día de hoy, los pactos son impredecibles y están sometidos a un sinfín de intereses cruzados. Cameron dice que no pactará con nadie que no asuma el referéndum de 2017. Miliband aspira a tener el mayor margen de maniobra sin que las encuestas se lo den. Clegg no quiere compartir alianza con los pequeños, pero tienta con la promesa de dar tiempo y margen al nuevo Ejecutivo. Escoceses y eurófobos se saben poderosos como posibles bisagras pero tampoco se quieren comprometer a nada.

Lo que sí es seguro es que sólo dos tienen opciones reales de habitar Downing Street la próxima legislatura.

Austeridad vs. ayuda social
Con dos discursos muy diferentes en superficie, aunque con más similitudes de las que admiten en profundidad, ambos políticos llegan empatados a este jueves y con la mente puesta en la terna de posibles socios que deberán buscar para hacerse con las llaves del 10 de Downing Street los próximos cinco años.

Cameron, que ya adelantado que de lograr la victoria será su última legislatura como premier, ha basado su campaña en su exitosa política económica, que se ha reflejado en unos índices de crecimiento envidiados por la Eurozona: 2,6 por ciento en 2014 y con un desempleo del 6,8 por ciento y bajando.

Con los guarismos de cara, el candidato conservador ha proyectado una hipotética segunda legislatura basada en la austeridad sin que ello implique una subida de los impuestos. Cameron quieren alcanzar el superávit para 2020 cimentándolo en un recorte del gasto público cifrado en 30.000 millones de libras, del que exime a las pensiones, y un crecimiento anual sostenido entre 2016 y 2018 alrededor del 2,3 por ciento.

Fuera de la economía, la gran preocupación de los británicos para estos comicios seguida de la sanidad y la inmigración, la campaña conservadora ha tenido un asunto recurrente: la relación con la Unión Europea. Londres se siente perjudicada en su condición de socio comunitario y Cameron aspira a reescribir los acuerdos bilaterales "para siempre", en especial a lo tocante a la libre circulación de trabajadores.

París y Berlín no están dispuestos a ceder en lo que es uno de los pilares del proyecto comunitario, mientras que Cameron insiste en el mencionado referéndum en 2017 para que sean los británicos los que decidan si quieren seguir siendo parte de la UE o no, hecho conocido en los medios como Brexit.

Los partidarios de romper con la UE se escudan en el "derroche" que supone invertir el 0,53 por ciento del PIB en presupuestos comunitarios a cambio de casi 300.000 inmigrantes anuales. Por contra, los europeístas recuerdan que, de cortar con Bruselas, Londres dejaría de ingresar 50.000 millones de libras anuales y perdería a un socio comercial vital para sus exportaciones.

Este debate tiene como telón de fondo, además del mercado de trabajo, el espinoso asunto de la seguridad. Si bien Cameron no ha querido incidir en exceso en la cuestión de las minorías sabedor de que los inmigrantes representan el 25 por ciento del voto este domingo, en la recámara tiene prevista la aprobación de una severa ley antiterrorista que contempla el endurecimiento de los requisitos para residir en el país, así como la persecución de elementos radicales.

Por su parte, Miliband, representante del ala más beligerante del laborismo, el más afín a los sindicatos, ha insistido una y otra vez en que combatirá los privilegios de las élites empresariales y financieras, aunque pocos son los que creen que en realidad vaya a lograrlo y altere el status quo.

En su programa electoral, los laboristas han insistido en medidas sociales tales como aumentar el salario mínimo hasta los 11 euros por hora, reforzar el control fronterizo, promover el poder de Reino Unido en las instituciones comunitarias y garantizar un puesto de trabajo para los menores de 25 años que lleven un año desempleados y para los mayores de esa edad que lleven más de dos.

La izquierda no reniega de las políticas de austeridad para la próxima legislatura, si bien a diferencia de los tories basarían sus cuentas en torno al ahorro y no a los préstamos para lograr sanear la tesorería pública.

Miliband, el líder laborista más joven de la historia e hijo de inmigrantes belgas y polacos, ha logrado deshacerse en parte del poco atractivo político que tenía entre el electorado y ha pasado al ataque en esta campaña electoral.

Los analistas creen que los laboristas tienen un pacto más accesible gracias a posibles alianzas con el SNP, los liberaldemócratas o hasta Los Verdes, mientras que los tories deben condicionar su legislatura a los designios del UKIP.

Sea como fuere, el discurso de la Reina, como es conocido el programa de Gobierno en las islas,deberáserconsensuadopormás de una fuerza,sinomás,algoexcepionaltrasunaseleccionesimpredecibles que ya son,también,históricas.
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