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TRIBUNA

2050: Odisea homérica

Juan José Vijuesca
miércoles 20 de mayo de 2015, 20:00h

La cosa nos va a coger cansados y hasta es posible que algo deteriorados, más que nada por el devenir de tanta trama y tanto vértigo y eso, como suele ser, pasa factura con el tiempo. Como dicen las abuelas, antes o después eso tiene que salir. De manera que les aconsejo no extraviar sus pesares que para el 2050 la cosa nos llega sí o sí a tenor del último informe de la Comisión Europea sobre envejecimiento. Se prevé que la población activa (la suma de los ocupados y de los parados) se hundirá de forma dramática.

Como el camino de rosas será algo espinoso, les aconsejo que apuesten por otra manera de vivir esta homérica disfunción existencial; para ello les anticipo que, según videntes de gran solvencia y catadura mundial, desvelan que los humanos pobladores del 2050 vivirán inmersos en una especie de edén en donde los sujetos serán pasto de los ordenadores, los cuales suplantarán las emociones e incluso las relaciones personales entre los seres de carne y hueso. A estas horas aún se desconoce el futuro que le espera al Kamasutra en esta ilación visionaria, pero yo que ustedes me apuraría en no desperdiciar lo que tenemos, sin esperar a mañana. Que sí, que en 2050 se podrán besar a miles de kilómetros sin necesidad de estar en la misma habitación para ser abrazados y supuestamente agraciados con un orgasmo, si la íntima relación se fundamenta en el acto de mayor gozo, claro está.

Pero no dejen de sorprenderse cuando lo de viajar nada tendrá que ver con los medios al uso que tenemos hoy en día; todo será virtual y nada de llevar equipaje y muchos menos facturar maletas ni tan siquiera el atractivo de extraviarlas. Todo será un perfecto y único holograma capaz de transportarnos a Dubai o a Cincinnati sin necesidad de salir del cuarto de estar en donde una máquina dispondrá de todo lo necesario para que el viajero no consuma movimiento alguno.

Al parecer, siempre según las afamadas fuentes, la tecnología controlará a las personas, de tal manera que las máquinas, robots o sistemas de control, serán dominantes y estarán por encima de cualquier humano que se precie, léase una especie de patronal de hoy, pero enchufada a una energía electroquímica. Así las cosas, cabe pensar que para el 2050 el trabajo carecerá de valor salarial, pues los trabajadores al uso, como los de hoy, por ejemplo, se convertirán en simples experimentos biodegradables de usar y tirar.

Todo hace indicar que nuestro cerebro será recargable, de tal manera que para aprender cualquier materia, un idioma o una virtud de amplia repercusión creativa, bastará con implantar una aplicación en la cabeza a modo de chip y andando. Pero no se hagan ilusiones, esta fusión solo tendrá efectos de interconexión con las jerarquías que, como de costumbre, seguirán dominando la voluntad de la clase obrera. O sea, el trabajador continuará en quiebra técnica, tanto en presente como en futuro.

Las guerras, pues que quieren ustedes que les diga, serán de matarse flojito y entre máquinas andará la cosa, no se entiende otra, teniendo en cuenta que si se cumplen los pronósticos de videncia, serán pequeños robots los capaces de repararnos por dentro cualquier herida o dolencia, así que en materia bélica, si bien no se librarán batallas a campo abierto, los que hagan de diana seguirán siendo los mismos reclutas y pringaos de toda la vida.

Para entonces las prestaciones por jubilación serán virtuales. Es decir, uno de cada tres españoles estará en situación de holograma pasivo, o sea, con una mano delante y la otra detrás. Pero como estamos en campaña, ustedes tranquilos, que el mensaje que transmite el Ministerio de Economía es que, gracias a las reformas de los últimos años en el sistema de pensiones, el gasto por este capítulo –pese al envejecimiento- se mantendrá en niveles “soportables” Claro, suponiendo que el dinero de la hucha no lo sea igual de virtual.

En resumidas cuentas, ni trabajo ahora, ni trabajo para el 2050, la única buena noticia es que para entonces los príncipes de las mareas trabajadoras, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, así como los apócrifos políticos y su bla, bla, bla y bla no habrán podido reinventarse y ojalá tampoco reencarnarse. Algo es algo. Y como dice el bueno de Alfonso Ussía, “Lo que hay que hacer para no escribir de la campaña electoral, eso tan costoso, aburrido e inútil”.

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