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LA CAMPAÑA "VA A TENER MÁS EFECTO QUE EN ELECCIONES ANTERIORES"

Los indecisos deciden el 24-M

"El principal efecto que generan las campañas es el refuerzo de predisposiciones políticas preexistentes". EL IMPARCIAL ha entrevistado a Alberto Mora Rodríguez, politólogo experto en comunicación pública y electoral y en análisis de escenarios de competición electoral. A su juicio, estos últimos días hacia las urnas "van a tener más efecto" que en anteriores comicios. Afirma que las redes sociales y la sustitución de "grandes actos por encuentros sectoriales o con un reducido público" son determinantes y que lo que más cansa al votante son los "ataques" al rival y el "y tú más".

En torno a un 40 por ciento de los españoles no había decidido su voto cuando recibió en abril una llamada del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Es el dato al que se agarran los partidos que dan por perdido un amplio número de escaños o temen quedarse sin ninguno, por el que afinan y afilan la estrategia. También los tradicionalmente mayoritarios, que guardan la esperanza de que el elector apueste por lo conocido en el momento de escoger la papeleta. Los nuevos, especialmente Podemos, Ciudadanos y nutridas coaliciones municipales de izquierdas, tratan de impedir que venza el discurso del miedo de los anteriores.

Si por algo se ha caracterizado en los últimos meses la política española es por su volatilidad, por grandes cambios en breve tiempo. Sin embargo, las campañas, a tenor de los precedentes, generan más aburrimiento que estimulación y por lo general no tienen una incidencia notable en el resultado. Alberto Mora Rodríguez, politólogo, investigador de la Universidad de Murcia y coeditor de la revista 'Más Poder Local' es buen sabedor de las cuestiones planteadas y de los interrogantes derivados, por los que EL IMPARCIAL se ha puesto en contacto con él:

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Efe-P. ¿Qué factores son los más determinantes para que finalmente un indeciso se decante por una opción u otra?

-R. El número de indecisos se ha elevado en torno a 15 puntos de media respecto a pasadas elecciones. Dentro de esos indecisos hay una importante masa de voto oculto que generalmente beneficia a los partidos tradicionales, porque lo habitual es que los votantes con preferencias por nuevas formaciones no tengan inconvenientes en declararlas. Otro importante factor, tradicionalmente, ha sido el voto estratégico, también denominado voto útil. En 2011, por ejemplo, cerca de uno de cada cuatro electores que dudaban a qué partido votar afirmaron hacerlo para evitar que ganara otro partido. En el escenario político tan abierto en el que estamos las campañas de los partidos serán fundamentales y la llave la tendrá el que gane la batalla de los discursos en competición. Por supuesto, y como al resto del electorado, los factores estructurales y coyunturales también incidirán en su preferencia final.

-P. ¿Considera más decisivo en unas municipales y autonómicas, especialmente en las municipales, al candidato que al partido al que representa?

-R. Depende de la distancia temporal entre unas elecciones y otras. Si están muy cerca, como es el caso, las elecciones municipales y autonómicas pueden entenderse como unas primarias o pulso de las elecciones generales, y en este sentido juega un papel mayor la marca del partido y los líderes nacionales. Ahora bien, los partidos buscan reforzar apoyos con candidatos conocidos y bien valorados, y en contextos más pequeños donde la cercanía entre candidato y elector es mayor, éste juega un papel más relevante. ¿Qué está ocurriendo en estas elecciones, en un contexto marcado por la desafección con los partidos? Los partidos tradicionales están haciendo mayor énfasis en los liderazgos regionales que los partidos emergentes, que al no tener historia de partido ni, en general, líderes regionales conocidos, están abogando por personalizar las campañas en el líder nacional.

-P. ¿Cuál es la utilidad real de las campañas?

-R. El principal efecto que generan las campañas electorales es el refuerzo de predisposiciones políticas preexistentes. Tiene especial efecto en la movilización de electores convencidos. El efecto de conversión, de cambiar las preferencias de los electores, es bastante escaso. Pero además de la función movilizadora y persuasiva, que obviamente son prioritarias para los partidos, las campañas también cumplen con otras funciones, como la información y la legitimación del sistema democrático. Función de información, en tanto que las campañas son el momento de la legislatura en el que los partidos hacen un mayor esfuerzo pedagógico de sus programas, el momento de mayor contacto con el ciudadano. También es el momento en el que los medios de comunicación prestan una mayor atención a los acontecimientos políticos y el momento en el que los ciudadanos están más receptivos a la información política, porque en el proceso de decisión de voto necesitan disponer de dicha información. Las campañas, por tanto, son importantes porque acercan la política a la ciudadanía, entra en sus hogares y planea en las conversaciones con amigos, familiares y compañeros de trabajo, y esto siempre ayuda a mantener viva una democracia. Las campañas son especialmente decisivas en escenarios políticos de gran incertidumbre, como en el que nos encontramos en la actualidad, donde un punto arriba o abajo puede determinar el color de muchos gobiernos. Esta campaña electoral, por tanto, va a tener más efecto que en anteriores elecciones.

-P. Por último, le pido una reflexión sobre las campañas, los carteles, los eslóganes, los abrazos a niños o escenas en mercados. ¿Es anacrónico? ¿Hace falta reformular las campañas? ¿Cree que son bien acogidas por el ciudadano o que le cansan?

-R. Lo cierto es que las campañas electorales sí han sufrido una importante transformación en los últimos años: lo digital y las redes sociales juegan un papel creciente y se han incorporado herramientas de análisis más elaboradas, que permiten afinar más en la segmentación y localización del votante. La red supone un campo de batalla especialmente útil para los partidos emergentes, con relativos problemas de visibilidad en los medios tradicionales. Ahora bien, las estrategias tradicionales siguen manifestándose útiles para sus objetivos. Por ejemplo, el uso de cartelería es importante para generar notoriedad y conocimiento del candidato; los paseos por los mercados generan sensación de cercanía y empatía; o los mítines, que tienen un papel clave para la movilización de los votantes propios (que serán los altavoces en las calles del mensaje del partido), y también para entrar en directo en el noticiario, dando el mensaje del día en un marco que genera sensación de fuerza. En mi opinión, el gran cambio respecto a campañas anteriores es la sustitución de grandes actos por encuentros sectoriales o con un reducido público, así como un uso más profesionalizado de las redes sociales y del marketing online. Ahora bien, lo que verdaderamente cansa a la ciudadanía y provoca hartazgo es el uso cada vez más creciente de comunicación negativa en las campañas: los ataques directos o implícitos, el "y tú más", generan desazón y aburrimiento en un electorado sediento de alternativas a sus problemáticas. También la tendencia a alargar las campañas cansa, aunque de ser en un tono más positivo no generaría tanto rechazo.