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RAJOY: NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

jueves 21 de mayo de 2015, 13:47h
Parece que Mariano Rajoy se ha dado cuenta de que no solo de pan vive el hombre. Ciertamente, el éxito de las reformas...
Parece que Mariano Rajoy se ha dado cuenta de que no solo de pan vive el hombre. Ciertamente, el éxito de las reformas laborales y de las medidas económicas ha consolidado a favor del PP a un electorado al que interesa antes que nada la prosperidad y el bienestar económico.

Lo que ocurre es que el Partido Popular cuenta con un elevado número de votantes que anteponen al bienestar económico una serie de principios irrenunciables. El primero de ellos es la unidad de España. Y a Mariano Rajoy aún le queda mucho camino que recorrer para hacer frente al órdago del secesionismo catalán. Ese mismo segmento de votantes está con los principios de derecho público cristiano. El Gobierno de mayoría absoluta del PP no ha hecho nada o casi nada para la protección de la familia, para acordar con la Iglesia el estudio de la religión -que no el catecismo- en escuelas y colegios, para reformar la ley del aborto impidiendo que una niña de 16 años pueda abortar sin conocimiento de los padres.

A los templos católicos acuden todos los fines de semana 11 millones de fieles, una buena parte de los cuales son votantes del PP. Mariano Rajoy no los puede desdeñar porque Pedro Arriola esté casado con una mujer partidaria del aborto con escasas restricciones y al que considera un derecho.

Ante los vaticinios de las encuestas, ante la consideración del electorado que sitúa a Rajoy como el último en aceptación de los líderes nacionales, el presidente del Gobierno ha comenzado a reaccionar y en el último Consejo de Ministros aprobó un Plan en favor de la familia, dotado con 5.400 millones de euros. No es mucho pero sí una muestra significativa de que en Moncloa han sonado las alertas. Mariano Rajoy tiene seis meses por delante, tiempo suficiente para que dé un giro a su política de no hacer nada y demuestre su atención al desafío secesionista catalán, a los principios de derecho público cristiano, a la defensa de la propiedad privada, socavada por la desmesura del ministro de Hacienda. Y, finalmente, a la dignidad de España, pisoteada en el País Vasco, en Cataluña y en Navarra.