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FERIA DE SAN ISIDRO

Un buen toro de Victoriano del Río, desaprovechado por El Fandi en Las Ventas

Efe
viernes 29 de mayo de 2015, 00:21h
Un buen toro de Victoriano del Río, desaprovechado por El Fandi en Las Ventas
El diestro David Fandila "El Fandi" dejó escapar un buen toro de Victoriano del Río en Las Ventas, el único con posibilidades reales de un desigual encierro, y con el que anduvo periférico y sin decir nada.
Al finalizar la tarde, a buen seguro que Victoriano del Río se marchaba de la plaza lamentándose del toro que se le fue al Fandi, segundo de la corrida, de nombre "Vampirito", que, haciendo honor a su nombre, secó por completo al granadino, mostrando todas sus carencias, y demostrando que no es torero para las grandes ferias.

Porque para venir a la primera plaza del mundo, y más por San Isidro, hay que enseñar algo más que capotazos, carreras y todo tipo de banderillas; es necesario tener también unas mínimas aptitudes para desarrollar con más o menos dignidad el último tercio, por lo menos para "taparse" con el malo y no hacer el ridículo con el bueno. Porque "Vampirito" fue un toro de lío, de esos que sueña todo torero que se anuncia en Madrid. Menos El Fandi. Es verdad que en el primer tercio lo hizo todo a favor del toro, y del público, tratando de lucir al animal en varas, e incluso mostrándose variado con el capote, tanto en la larga cambiada del recibo como en un quite por chicuelinas.

Con las banderillas anduvo fácil y vistoso, con un par al cuarteo, otro de la moviola y uno más al violín. Pero con la muleta, ¡ay con la muleta!, El Fandi se fue diluyendo como una aspirina efervescente en un vaso de agua a media que "Vampirito" le iba dejando en evidencia embestida tras embestidas.

Toreo plano, "al hilo" y siempre "pa'fuera", sin gobierno, acompasando más que llevando y cortando las series antes de tiempo. La faena, limpia y más o menos correcta (por no decir vulgar) fue un "pegapasismo" de cuidado, que, como no podía ser de otra forma, enfadó mucho a los tendidos, que, tras eternizarse con la espada, despidió a Vampirito con una ovación y al Fandi con una pitada. Venido abajo de moral, aunque no se reflejara en su siempre sonriente rostro, El Fandi no pudo resolver nada con el desclasado quinto.

El otro damnificado de la tarde, aunque a un nivel muchísimo menor, fue Fandiño, que puso fin a su paso por San Isidro sin decir gran cosa. El de Orduña tuvo en sus manos un primer toro que sangró lo suyo en varas, lo que hizo que llegara a la muleta con las fuerzas mermadas, sin poder sacar la calidad que tenía dentro. Pues bien, el vizcaíno, lejos de cuidarlo para afianzarlo, lo reventó por abajo casi desde el primer pase. Es verdad que anduvo tesonero, e incluso pegó alguno con suavidad, pero a la faena le faltó tacto y acierto. El sexto se movió pero muy informal, y Fandiño, que volvió a intentarlo a base de empeño, se atascó finalmente con los aceros.

Urdiales sorteó el lote menos propicio, pero es verdad que a él se le vio también un tanto desanimado. Su primero fue un toro que se movió pero con poca franqueza y apagándose al final, al que no llegó a estructurar faena, y con el cuarto, el toro más complicado del envío, anduvo esforzado, firme, pero sin eco.
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