www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ENTREVISTA

Paloma Pedrero: "Desde mi más tierna infancia estoy liada con el teatro. Es mi amor más fiel"

Ana Peinado Martín
domingo 31 de mayo de 2015, 12:21h
La actriz, directora y autora teatral Paloma Pedrero desgrana en una entrevista muy personal el significado del teatro en su vida.
Paloma Pedrero: 'Desde mi más tierna infancia estoy liada con el teatro. Es mi amor más fiel'
Ampliar
Autora teatral, actriz, directora de escena… Eres una mujer de teatro total. ¿Qué significa la escena para ti?
Es una parte de mi vida. Casi mi vida misma. Desde que tengo uso de razón me veo actuando, como parte del teatro… ó más bien, el teatro parte de mí. Yo de pequeña me sentía invisible, y la única manera que tenía de encontrar luz era actuando para los otros. No fue fácil, yo vengo de una familia humilde. Enseguida me tuve que poner a trabajar, pero nunca dejé el teatro. En el bachillerato iba al Pilar a hacer teatro con los chicos. Tenían un teatro estupendo y hacían funciones de fin de curso para las que necesitaban una chica, y me llamaban. En aquel entonces los colegios no eran mixtos. A los 18 años monté mi primer grupo, Cachivache, con gente de mi barrio, Moratalaz. Poco después empecé a estudiar Arte Dramático. Desde mi más tierna infancia estoy liada con el teatro. Liada y encantada. Es mi amor más fiel y el más largo de mi vida. Luego empecé como actriz y hubo un momento en el que mi propio grupo necesitaba obras. No encontrábamos textos que se adaptasen a las necesidades, a las edades, a los conflictos que vivíamos… éramos muy jóvenes. Entonces me planteé empezar a escribir textos para el grupo y, poco a poco, seguí escribiendo. Mi primera obra en solitario La llamada de Lauren, que estrenamos en 1985, fue un acontecimiento muy especial, ya que en el mundo del teatro prácticamente no había autoras, y menos que escribiesen desde su propio universo femenino. “ La llamada de Lauren” fue un escándalo. Yo no entendía en aquel momento que estaba pasando, pero me vino muy bien aquel revuelo, porque hizo que mucha gente fuese a ver la obra y, con mi primera obra representada, me convertí en autora teatral, que tampoco era una cosa fácil.

El teatro es espectáculo, pero también es reflejo de la sociedad en la que se escribe y presenta. Esto es algo que se queda patente en tus obras…
Para mí el teatro es… muchas cosas. Tiene que ser muchas cosas. El teatro tendría que ser un reflejo crítico y poético de la realidad. También un arma de transformación, esto es algo muy importante que he ido descubriendo con el tiempo. No hago teatro por hacer teatro, ni por ninguna actitud egocéntrica de estar ahí, de que me quieran, de que me conozcan… Eso lo dejé atrás. Fue una cosa de la infancia. Ahora, para mí, es mucho más importante poner un granito de arena a la transformación del mundo. Esto cada uno lo hacemos con las armas que tenemos. Hay gente que lo hace con la política, otras personas con voluntariado e incluso otras muchas con su actitud diaria en la vida. Yo lo hago a través del teatro. Creo que el teatro tiene que tener esa función, hacer que la gente tome conciencia de lo que somos, lo que podríamos ser y lo que tenemos que cambiar, porque el cambio empieza en nosotros mismos.

¿Cómo conmover a los espectadores que están en las butacas? ¿De qué ma-nera logra un texto sacarlos de esa zona de confort para remover sus conciencias?
Yo creo que lo primero que un texto tiene que tener es autenticidad. Tiene que ser verdad y original. No puede ser un hecho puramente estético, tiene que tener también un compromiso. Hay que ir ofreciendo. Muchas veces no somos generosos con el público porque pensamos que es tonto y no nos entiende, y tendemos a hacer cosas para nosotros mismos. Esto me parece un error, el público no es en absoluto tonto, entiende mucho más de lo que pensamos y sobre todo capta, capta las energías, el mensaje y la honestidad que hay en el escenario. Entonces yo creo que para que un texto llegue y pueda cumplir esas funciones, además de ser un texto que dice algo, tienes que decirlo con todo el humor que puedas y todo el amor del mundo. Ambas cosas. Buscando esa comunicación con los seres humanos que están ahí enfrente. Como digo algunas veces al público, antes de empezar una función, “para que este prodigio del teatro ocurra tenemos que crear una comunicación entre ustedes y nosotros”. Hay que estar ahí, dar todo lo mejor, y darlo con verdad. Sin fingimiento, que ya bastante fingimos en la vida. Parece paradójico, pero es así.
"El verdadero arte, cualquier arte, es siempre político"
Si el teatro es escuela de vida, de costumbres, de ética… ¿Qué te parece que los políticos se empeñen en dificultar que el público llene las salas con un IVA del 21%? ¿Le teme el poder a la fuerza del teatro? ¿O crees que el arte dramático está más allá de las cuestiones políticas?
El poder siempre ha sentido a los artistas como un peligro. El verdadero arte, cualquier arte, es siempre político. Pero una política honrada, en profundidad, no la política del parlamento que para mí tiene algo de parafernalia y mucho juego de poder. La política es una actitud, un estar en la vida, un estar con los demás y un querer, desde tus posibilidades, que podamos vivir en un mundo mejor. Eso es una actitud política. No estar peleándote por ver quién pilla el cargo. Entonces el teatro tiene que tener esa actitud, porque tiene un contenido humanista. Se supone que si el teatro es libre, original y auténtico, tiene crítica dentro; y al poder no le gusta que le critiquen. Le da miedo que el arte hable, se sienten amenazados... Por otro lado, tenemos unos políticos muy ignorantes, porque la gente cuando tiene conocimiento, cuando tiene seguridad y autoestima, no tiene tanto miedo. Se enfrenta a las cosas, las mira, las escucha, y si tiene que discutirlas y debatirlas lo hace. Yo creo que hay, además, falta de sensibilidad. Un país que no apoya a su teatro es un país entontecido.
Afortunadamente, a pesar del disparate del 21%, deliva se sigue haciendomuchísimo teatro, cada vez haymás salas alternativas. Nos quitan el dinero, pero no hemos perdidopúblico… El cine y lamúsica han pegado unbajón, pero no ha ocurridoasí con el teatro. Esta es la ventaja que tenemos losteatreros, que con cuatro tablas, dos actores y unapasión podemos montar una obra.Además la genteestá sintiendo de nuevo la necesidad de socializarse, de salir de casa dejando latelevisión y mezclarse con los otros en vivo y en directo.
"A través de la piedad y el temor, el público vive una catarsis curativa"
¿Qué cosas te mueven a sentarte y escribir?
En cada momento de mi vida son cosas distintas, pero sobre todo es por darle un sentido a la existencia. Yo creo que si no escribiera no sabría que pinto aquí. El día que descubrí que con un bolígrafo y un papel podía darle sentido a la vida, descubrí mi lugar en el mundo. Cuando no escribo no me encuentro, no soy yo. Toda mi actividad vital, mirar el mundo, analizar, sentir, soñar, vivir… tiene que ver con un acto posterior que es ordenar el caos y transformarlo en teatro.

Paloma Pedrero nació en Madrid el 3 de julio de 1957. Es actriz, directora y autora teatral. El camino para llegar a realizar su vocación artística no fue fácil, pues la necesidad de dinero en su casa hizo que, a sus 17 años, empezara a trabajar como auxiliar de clínica en la Maternidad de Madrid. Paralelamente estudio Arte Dramático, se licenció en Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y curso estudios de Psicología Gestáltica. Destaca por ser una de las figuras de la dramaturgia española contemporánea más reconocida y estudiada internacionalmente. Ha publicado y estrenado más de treinta obras, entre ellas: La Llamada de Lauren, La isla amarilla, Ana el once de marzo, Beso a beso, Caídos del cielo, En la otra habitación… Sus obras se incluyen en las más importantes antologías españolas, europeas y norteamericanas, además de haber sido traducidas a quince lenguas y ser representadas habitualmente en teatros de todo el mundo.

Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Tirso de Molina, el de la crítica del Festival Internacional de Roma Actores en busca de autor, el de la crítica Villanueva en Cuba o el primer premio Talía de Teatro concedido por UNESCO Madrid y el Instituto Internacional del Teatro. Es columnista semanal en el diario La Razón y presidenta fundadora de la ONG Caídos del Cielo, dedicada a ayudar, a través del teatro, a personas en riesgo de exclusión social.


Tu amplia formación teatral se ve enriquecida por tus estudios de psicología gestáltica. Desde los griegos, el teatro cura al espectador. Pero, ¿como dramaturga sirve de terapia?
Yo creo que todo es terapia. Ya lo que decía Aristóteles, a través de la piedad y el temor, el público puede llegar a una catarsis. Y la catarsis te libera. Ahora, en el teatro, son más pequeñitas, pero imagínate cómo era en la antigua Grecia, ¡que se paraba la ciudad y todos iban al teatro! Se producían catarsis colectivas impresionantes, no las había de otra forma. Ahora las catarsis del público son menores, pero siguen ocurriendo. Cuando después de ver un espectáculo cambias tu manera de sentir y ver el mundo, es que has experimentado una catarsis. Cuando escribes por necesidad siempre hay algo terapéutico. Pero cada vez busco menos la cura personal y busco más el llegar a los otros. Mi afán es llegar a la gente, decirles “vamos, que estamos muy mal, y el mundo está muy jodido, ¡tenemos que hacer algo. Tomar conciencia de dónde estamos!”.

Crees que el teatro sana. Lo cual es el punto de partida de Caídos del Cielo, la ONG que creaste y presides y con la que ya habéis recibió tantos premios importantes. En ella trabajáis con personas en riesgo de exclusión social, a través de talleres y montajes teatrales. ¿Puedes hablarnos de ella?
Caídos del Cielo es una especie de utopía hecha realidad. Es ayudar, a través del poder sanador del teatro, que es muy grande, a la gente que está excluida. Porque no trabajamos sólo con personas que están en riesgo, creo que en riesgo en este país estamos todos. Trabajamos con personas sin hogar, personas con problemas psicológicos graves, con adicciones fuertes, mujeres maltratadas, gente con discapacidades… Pretendemos que, a través del teatro, recuperen las ganas de vivir, recuperen la autoestima, que hagan algo hermoso. El lema de Caídos del Cielo dice: “Vamos a transformar el dolor en belleza”. Dolor hay mucho, pero si el dolor se queda simplemente en dolor es algo que mata. Si coges todo tu dolor y lo transformas en una improvisación, en una canción, es una escena, en un juego, en teatro… en el proceso mismo ya te purificas, y no solo es una terapia en la que te sientes mejor, sino que además haces algo que puedes dar a los demás. Si vas a un buen psicólogo, le pagas y sales mejor, eso queda ahí. Si haces una obra de teatro, además de hacer un proceso sanador, le regalas al mundo algo bonito, fíjate que diferencia.

¿Qué te aportan los integrantes de esta iniciativa que no te den los profesionales de escena?
R. Mucha autenticidad. Son, además, gente muy generosas en lo afectivo. Ellos te llenan el corazón, siempre están dispuestas a dar, porque para dar no hay que tener cosas materiales, hay que tener dentro ganas. Son personas que cuando he tenido malos momentos han estado apoyándome con su actitud. Una cosa que he aprendido de ellos, es que cuando uno está mal lo que tiene que hacer es ayudar a otro que esté peor. Eso lo he experimentado al ver cómo se cuidaban entre ellos, y cuando uno venía fastidiado y se encontraba con otro que estaba peor, cómo se remontaba. También me han enseñado mucho de arte, porque las personas que están en situación de exclusión suelen haber llegado ahí por una abundancia de sensibilidad.
"Ana el once de marzo, una obra que ha costado mucho estrenar en España por el miedo y la ignorancia del poder"

Por último, este mes pasado has estrenado por primera vez en España Ana el once de marzo. ¿Qué significa esta obra para ti?
Todas las obras son hijos y a cada uno le quieres por lo que le quieres. Quieres a todos, incluso a esa obra que te ha salido regular y que no es la obra más apreciada por el resto de la gente, pero que tú sabes que tiene muchas cosas que los otros no ven y la defiendes. Es exactamente la misma relación que tienes con los hijos. También, cuando se estrena una obra, es porque se ha hecho mayor y vuela. Es como el hijo que se hace mayor y se va de casa. Por eso la mayoría de edad de Ana el once de marzo, una obra que ha costado mucho estrenar en España por el miedo y la ignorancia del poder. Es curioso que un suceso que ocurre en Madrid, que es una historia tan nuestra, se haya representado en Nueva York, en Londres, en Buenos Aires, en Praga, en Estambul… y no se haya representado aquí hasta ahora. Es para planteárselo. Y aún no hemos estrenado en un teatro. A mi me gustaría que fuese el Español, porque es el teatro de Madrid, de los madrileños. Creo que es el lugar de esta obra. ¿Y que significa para mí? Es trasmitirle al mundo lo que pasó desde la mirada femenina, denunciar la demencia en la que podemos caer lo seres humanos, evidenciar cómo las victimas inocentes de la violencia somos fundamentalmente las mujeres, mostrar que no podemos seguir de ninguna manera consintiendo actitudes violentas y que, como sea, hay que dominar el bruto que tenemos dentro, al que algunos parece que les encanta sacar.
Ana el once de marzo es también un homenaje a todas las mujeres que se arremangan para sacar el mundo adelante, que curan, que alientan, que zurcen las heridas que otros provocan. Estoy muy contenta porque el público de los centros culturales dónde la estamos representando, está reaccionando con mucha entrega y es curiosa la unanimidad emocional que se genera.

Después de todo el tiempo que llevas en este mundo del teatro… ¿Qué sigues encontrando en el teatro, qué te mantiene en él?
Pues algo nuevo que decir. El día que no tenga nada que decir lo dejaré. Es una actitud personal. Lo único que pido al universo, a los dioses, a los que están aquí cuidándonos… es que no me quiten la ilusión .
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (28)    No(0)

+
0 comentarios