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TRIBUNA

Mea culpa, desastre en las municipales

domingo 31 de mayo de 2015, 19:58h
Uno de los mejores intelectuales de España y menos reconocido oficialmente, Fernando Savater, impartió hace algunos años una serie de conferencias sobre éticas en la Fundación March (fácilmente obtenibles por podcast y muy recomendables). En estas conferencias describía a las ideologías modernas como políticas de “calderilla”: son bagajes o equipajes ideológicos que picotean del socialismo, del liberalismo, del conservadurismo o incluso de posiciones más extremas como el comunismo o el anarquismo.

En Madrid, en las recientes elecciones municipales, se han enfrentado dos posiciones: la de Aguirre, una posición ortodoxa dentro del liberalismo (hizo la campaña con un programa cuya extensión no superaba un folio) y la de Carmena, que proponía un conglomerado muy escorado a la izquierda pero de lo más variopinto. Los aguirristas, entre los que me cuento, anticipábamos una mayoría arrasadora. ¿Qué mejor en estos tiempos de incertidumbre y crisis que una propuesta clara y concisa? En política la verdad está en las urnas, y éstas nos han demostrado que nos hemos equivocado, y que la gente iba por otros derroteros buscando otras cosas.

La primera clave para entender el resultado es que aproximadamente el quince por ciento de nuestros votantes se quedaron en casa y por tanto las elecciones estaban en el filo, en unos pocos millares de votos, como al final ha ocurrido. A Aguirre le han faltado algo menos de ocho mil votos para conseguir el concejal esencial para tener opciones de gobierno, es decir, algo menos de medio punto porcentual. Una derrota realmente ajustada.

Para estos pocos votos quizás habría bastado que alguno se hubiera abstenido de filtrar la declaración de renta de Aguirre (aunque me niego a pensar que algún ciudadano pueda basar su voto en el dinero que gana un candidato en el sector privado, como si los únicos ingresos legítimos en este país fueran los de los futbolistas) o que se hubiera atenuado algo la personalidad, sin duda fuerte y a veces incluso incómoda o poco atractiva, de la candidata. Por establecer algún paralelismo, a Margaret Thatcher le pasó lo mismo al final de su carrera, cuando su enorme personalidad oscureció sus sensacionales logros. Sobre esto último siempre tengo en mente la célebre frase de Kissinger: “No conozco a nadie de la primera división de la política que tenga un ego normal”.

También podría haberse explotado mejor la parte más social de Aguirre: Una sanidad pública de primerísima división; su apuesta educativa sin fisuras que incluye, entre otras cosas, el bilingüismo que beneficia a muchos miles de niños y que les va a dar oportunidades fundamentales en la vida; o la apuesta por las infraestructuras donde más hacen falta (fue ella quien, en una decisión completamente personal, llevó el Metro a Villaverde) o la mejor política social de todas, el hecho que Madrid tenga el PIB más alto de España superando, incluso a Cataluña, que tiene un millón más de habitantes. Una economía que ha permitido que la crisis en Madrid haya sido menos feroz en sus consecuencias. No está mal el legado de nuestra dama española.

Pero no perdamos el contexto. Son minucias, en cierto sentido, quitando la enormidad de perder el ayuntamiento de Madrid, pues se esperaba un resultado arrollador y no ha sido así.

Los que hemos hecho campaña en la calle, voto a voto, nos hemos encontrado con una realidad muy dura; a nuestros votantes no les gusta el PP actual. Muchos nos decían que a regañadientes votarían al PP en estas elecciones, pero que ni por asomo lo harían en otoño en las Elecciones Generales. Nos reprochan, sobre todo, la corrupción y la falta de política, la ajenidad. Creo que el voto del miedo no funcionará entonces, porque no ha funcionado ahora. Nuestro votante quiere caras nuevas y mensajes nuevos.

Si lo anterior lo unimos a las dificultades inmensas que hemos tenido para movilizar a nuestra gente, a nuestros militantes y simpatizantes, ya tenemos un cuadro completo… ¡Y es un cuadro bastante feo, por cierto! Hace falta una solución urgente.

Para salir de ésta hay que aplicar algunos principios Y uno de los principios más importantes es el democrático. Abramos un debate serio sobre la corrupción, donde se deben asumir consecuencias y establecer unos mecanismos para que no se pueda volver a repetir lo ocurrido, y también planteemos unas primarias justas y transparentes, que devuelvan la ilusión primero a nuestra gente y luego a los millones de votantes que son necesarios para gobernar España. Que se presente Rajoy, por supuesto, pero hay otras personas que también tienen la capacidad para hacerlo. Si gana Rajoy tendrá todo el partido detrás y será una oportunidad magnífica para explicarse y llevar hasta el último punto de España su mensaje de salida de la crisis.

Hay tiempo y líderes para dirigir al PP. Yo apostaría por una mujer sin tacha, joven y de ideas claras, con una formación extraordinaria y muy cosmopolita (mejor que no sea funcionaria, es el común denominador de todos los que son y han sido líderes del PP) y que escribe y habla como los ángeles. No doy más pistas por si no está en ello. Aire fresco y mensajes nuevos.

Luis Asua Brunt

Abogado, empresario

Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.

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