FERIA DE SAN ISIDRO
Ritter, suficiencia sin espada con deslucidos "pablorromeros"
Efe
lunes 01 de junio de 2015, 22:10h
La deslucida corrida de Partido de Resina (antes Pablo Romero) ha propiciado que la tarde de este lunes en Las Ventas se marchara por los derroteros del aburrimiento, con un único momento anotable, la faena del colombiano Sebastián Ritter al segundo, con el que anduvo firme y suficiente, pero sin espada.
No fue una tarde de emociones. Ni mucho menos. Más bien fue todo lo contrario. El sopor y el tedio fue la tónica general de una deslucida, desagradable y muy mansa corrida de Partido de Resina, que hoy se encargó de ofrecer un espectáculo plano y de muy poco contenido.
Los afamados "pablorromeros" no se prestaron al lucimiento de los de luces, de entre los que destacó el colombiano Ritter, que, al menos, evidenció una evolución en su forma de concebir el toreo, en el que parece haber rehuido del encimismo que siempre lo ha caracterizado, para mostrarse más maduro, generoso y torero, y con el mismo valor ante el único astado medio potable, el segundo.
El toro empezó protestando en las telas de un Ritter que, desde la primera serie, dio distancia, dejándoselo venir de largo, para instrumentar una primera parte de faena de mucha suficiencia por el aplomo y la quietud que demostró ante un animal que empezó embistiendo como un tranvía y derrotando arriba.
Pero según fue transcurriendo su lidia, y a medida que Ritter empezó a someterlo, el toro respondió mejor, lo que permitió al colombiano expresarse con mucha naturalidad, muy sereno y confiado. La gente, demasiado fría, no llegó entrar en la faena, sin valorar de manera justa lo firme y capaz que había estado el de Medellín.
El final por ceñidísimas manoletinas con las zapatillas atornilladas en el albero lograron caldear un ambiente, que enseguida volvió a su estado inicial después de un auténtico mitin con la espada.
Ritter no pudo resolver nada con el quinto, que se desfondó prácticamente de salida, de ahí que no tuviera sentido la porfía del colombiano. Los tendidos, que antes se habían mostrado indiferentes, esta vez estuvieron atentos para apremiarle a que desistiera después de un largo tiempo intentándolo.
Gallo volvía a San Isidro al cabo de dos años, y, a decir verdad, no creo que su tarde de hoy le sirva demasiado. Con el que abrió plaza, un animal que se movió sin maldad aparente hasta que se afligió, anduvo todo el tiempo tirando líneas, muy dubitativo y sin ideas, en una faena limpia pero sin pasar de los medios pases porque no se decidió a bajarle la mano ni a estrecharse con su antagonista.
El cuarto salió de toriles barbeando tablas, buscando insistentemente la huida, y, como buen manso, nunca se empleó en la muleta, dejándose pegar sólo una serie antes de buscar el abrigo de las tablas. Gallo anduvo más ceñido en esa única tanda, mas todo fue un espejismo.
Cerro no tuvo opción alguna con el complicado e incierto tercero, que le hizo tragar quina, Y con el insulso y desclasado sexto hizo el esfuerzo para, al menos, justificarse antes de atascarse con los aceros.