La de
Beneficencia de Madrid se consideraba en otros tiempos la corrida más importante de la temporada española. El lujo de las combinaciones de toros y toreros que la caracterizaban la convertía en un festejo estelar, más allá de los posibles resultados artísticos. Pero desde hace años
, camuflada entre el maratón de San Isidro, esta cita señalada se ha convertido en una tarde más de las muchas a las que se obliga a asistir a los propietarios de los abonos, a los que a estas alturas de junio la feria les pesa ya como una losa.
Y más aún si la tarde resulta como la de este miércoles, cubierta por un inmenso manto de grisura, y no sólo por el encapotado cielo que creaba un clima bochornoso, sino también por el descastado juego de una impropia corrida de
Victoriano del Río y por la actitud monocorde de los dos espadas que supuestamente iban a dilucidar un mano a mano de máximo nivel. Pero los toros de la ganadería de la sierra madrileña fueron, ya antes de enjuiciar su juego, un dispar catálogo de volúmenes, edades, hechuras y pesos, que fueron desde los 490 kilos del primero a los 660 kilos del cuarto. Y, una vez a prueba en la lidia, ofrecieron además un rosario de comportamientos descastados, manseando en los caballos y con poco celo en general ante los engaños. Aun con todo, y pese a la ausencia de un mayor punto de raza, hubo alguno que ofreció muy estimables posibilidades de triunfo en el último tercio.
La cuestión es que a la pareja de figuras elegidas para la cita les
faltó también mayor compromiso o más claridad de ideas con sus lotes, pues en ningún momento lograron aprovechar esos resquicios que ofreció la corrida, en faenas muy largas de metraje pero con una silenciosa banda sonora en la que apenas surgieron olés desde el tendido.
El Juli se dio a tres trasteos tensos y destajistas con el lote más potable de la corrida, sobre todo el primero de la tarde, que tuvo duración y nobleza. Tanto a ese como al tercero, que tuvo un comportamiento similar, les pegó muchos pases pero pocos con temple, esperando las embestidas con la muleta muy retrasada y despidiéndolas con brusquedad y ligereza. El basto quinto obedeció a su físico a la hora de comportarse ante los engaños de un Juli ya mecanizado, que brilló únicamente en un quite por chicuelinas de manos bajas al segundo toro de Perera. Fue exactamente ese el único momento de la tarde en que hubo un mínimo atisbo de competencia, en tanto que el torero extremeño replicó al de Madrid con unas ajustadas gaoneras.
Y es que
Perera tampoco encontró lucimiento a lo largo del festejo, inquietado de más por el viento racheado que también deslució la lidia y ante un lote con el que no llegó el acople. Si su primero fue un insulso y vacío cinqueño con más cuernos que raza, el sexto fue un sobrero sin transmisión de Montalvo, y a ambos les aplicó una idéntica y obcecada fórmula de torear, sin mayores matices que intentar bajarles la mano a toda costa. Ese empecinamiento, y esa manera de apabullar a los toros, fue lo que le impidió aprovechar, por no llevar con fluidez las buenas embestidas, al cuarto, que, a pesar de sus 660 kilos, sirvió tanto para el duelo de quites como para una faena menos espesa que la que Perera le planteó.
Ficha del festejo
Cinco toros de Victoriano del Río (el 3º con el hierro de Toros de Cortés), de muy desigual presentación, tanto en peso como en volumen, encornaduras y hechuras. Y de juego, en general, descastado y deslucido, aunque alguno resultó manejable en la muleta. En 6º lugar se lidió un sobrero de Montalvo, en sustitución de un titular devuelto por flojo, de correcta presencia, justo de raza y fuerzas.
El Juli: media estocada tendida y tres descabellos (palmas); estocada honda trasera tendida (leves palmas); estocada desprendida y descabello (silencio).
Miguel Ángel Perera: pinchazo y media estocada caída (silencio); estocada y descabello (silencio tras aviso); estocada desprendida (silencio).
Entre las cuadrillas, El Fini y Guillermo Barbero saludaron tras banderillear al quinto.
La corrida fue presidida desde el Palco Real por la Infanta Elena, acompañada por el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y el Ministro de Cultura, José Ignacio Wert.
Tradicional Corrida de Beneficencia, con el cartel de "No hay billetes".