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NOVELA

Paolo Giordano: Como de la familia

domingo 07 de junio de 2015, 17:52h
Paolo Giordano: Como de la familia

Traducción de Carlos Mayor. Salamandra. Barcelona, 2015. 144 páginas. 15 €

Por Pepa Echanove

El escritor italiano Paolo Giordano (Turín, 1982) lleva a sus espaldas el honor (y también la responsabilidad) de haber conquistado ya a millones de lectores en todo el mundo desde que en 2008 publicara La soledad de los números primos, merecedora del Premio Strega y del Campiello Opera Prima en su país natal. Cinco años más tarde su segunda novela El cuerpo humano era recibida con el mismo entusiamo por el público y por la crítica. Podríamos pensar que para este licenciado en física teórica la literatura es también una ciencia exacta, cuyo campo de estudio no es otro que las relaciones humanas. Así lo ha puesto de manifiesto a través de sus obras anteriores, y en este novela breve recién traducida al castellano por Carlos Mayor.

Como de la familia disecciona las relaciones entre una pareja con un hijo pequeño y la niñera de este. La señora A., alias Babette, es el eje sobre el que gira la vida doméstica y desde el cual se vertebran las vidas de Nora, la madre; del padre; y del niño Emanuele. Como relata el padre, narrador en primera persona de la historia, la señora A. “era el único testigo verdadero de la empresa que acometíamos día tras día, el único testigo del vínculo que nos unía”. La novela rememora los años de convivencia de la familia con su niñera, hasta la enfermedad y la muerte de esta. La figura de la niñera como personaje ajeno y a la vez omnipresente en la existencia de ambos, ejerce además una imagen de contrapunto, a modo de espejo, reflejando el contraste entre el matrimonio tambaleante formado por Nora y su marido, por un lado, y la historia de amor de Babette con el suyo ya fallecido, Renato.

Y lo que provoca su ausencia, tras una grave enfermedad, que despierta el vacío de su propia vida conyugal. “Una pareja joven también puede agriarse: por inseguridad, por repetición, por soledad. Las metástasis brotan invisibles, y las nuestras llegaron pronto a la cama”, confiesa el padre-narrador. A través de su relato, a veces emotivo, otras con más tintes irónicos y siempre reflexivo, el narrador masculino desvela intencionada o desintencionadamente el afecto y la necesidad de haber contado con la presencia de esta señora en su casa, y no solamente por razones de índole doméstica, sino por algo mucho más profundo. “Para recorrer un largo camino, todo amor necesita que alguien lo vea y lo reconozca, que lo valore… Sin su mirada nos sentiríamos en peligro”. Esta noción de peligro, de miedo al abismo, aparece a lo largo del texto en varias ocasiones, tanto en relación a la enfermedad y muerte de Babette como en la percepción inquietantemente volátil de su mujer Nora: “El consuelo de saber que ella es tan fuerte se mezcla en mí con el miedo de no resultarle realmente indispensable”.

El narrador deja sentir en sus palabras la fragilidad del vínculo, la incomunicación o la apatía, con un lenguaje directo y cargado de amargura: “No éramos muy distintos de las parejas sin conversación que con frecuencia habíamos compadecido desde el pedestal de nuestra complicidad”. Pero afortunadamente ofrece también momentos luminosos de cariño, de reconocimiento, que dejan ver la cara más amable de las relaciones humanas, porque “a fin de cuentas, los seres humanos casi nunca somos felices o infelices por lo que nos sucede, somos una cosa o la otra en función del humor que fluye por nuestro interior”.

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