La riqueza y frugalidad con que se despliegan los relatos que aliñan la conversación en la cima de la NBA entre el mejor equipo de la temporada regular y ecosistema del MVP Stephen Curry, y el colectivo que acoge el ardoroso regreso a la acepción humilde de Lebron James, coquetea con la hipérbole. Valgan como bocetos del paisaje que el mencionado anotador enfermizo con récord de triples en un ejercicio que disparó el estatus de Golden State selló en estas finales el peor registro de lanzamientos errados -firmando una tarjeta con 13 intentos desde la línea de tres sin encontrar diana-; y que del sistemático tratamiento de shock al que se ha visto sometido Cleveland con las lesiones de los gigantes Kevin Love y Kyrie Irving rebeló su irreductibilidad la competitividad de un bloque rocoso del que arrancó protagonismo y dos victorias un extra de repliegue (Mathew Dellavedova) que pasó por actor secundario hasta lucir sin paragón. Sin embargo, en medio de la pulsión casi esquizofrénica que marca la inercia de la lucha por el anillo, quizá la vertiente más suculenta traslade el foco al Summa Akron City Hospital, en la capital del estado de Ohio.
Allí, en la misma planta del centro médico, nacieron King James y Steph Curry -las ilustres caras del virtuosismo de estos días en el básquet mundial, con permiso de Harden, Durant y poco más-, los antagonistas de esta deliciosa batalla. Arribaron a este planeta con 39 meses de discrepancia. Durante ese intervalo temporal y escorzo del destino, entre el 30 de diciembre del 84 y el 14 de marzo del 88, Bill Walton (La Mesa, California, 1952) recogió su segundo anillo bajo el verde de los Celtics del exuberante Larry Bird antes de pagar el caro peaje de las lesiones que le apartó de las canchas. Su legendaria estampa, recordada por sus charlas de tensión anatómica y pintura con Karim Abdul Jabbar -sellando el talento silvestre de The Sky Hook de camino al MVP de las finales y el campeonato que arrancaría a los 76ers del Doctor J en 1977-, resultó seleccionada como número uno del draft, galardonada con el MVP de la temporada 77-78 -todavía destilando la camiseta de los Blazers- y distinguida como la única que ha acumulado los mencionados entorchados y el que reconoce al Mejor Sexto Hombre (con 33 años, en 1985), amén del apreció de muchos analistas que le catalogan como el mejor pasador en el poste. Un mes antes de que Michael Jordan, con cuya estela se cruzó en vuelo en la pista en la etapa de precoz excelencia de His Airness, alimentara su unicidad con el primer threepeat y decidiera exiliarse en el béisbol, Walton ascendía al Olimpo del Hall of Fame de la liga compartiendo espacio en la memoria colectiva con Julius Erving. Ahora, ganadas las seis décadas de existencia, emana ilusión, lealtad y pasión por el juego en proporciones simétricas para compartir sus reflexiones sobre la presente edición de las finales en un encuentro con los medios europeos.

“Los partidos han resultado muy complicados de predecir individualmente”, avanza. “En el cuarto, el pasado jueves, Golden State hizo sonar su juego por primera vez en estas series y Cleveland se mostró cansado porque dieron todo sobre la cancha en el tercer partido pero, en las finales de la NBA, o en cualquier situación de play-off, tienes que jugar cada vez mejor para tener un éxito prolongado”, describe sobre el esbozo de su diagnóstico para concluir el primer brochazo relatando que “los Warriors no habían jugado bien en ningún aspecto hasta el cuarto partido pero Cleveland ha tenido vaivenes y habían sido el mejor equipo hasta el jueves, donde empezaron lentos, nunca consiguieron una ofensiva fluida y al final del partido no recogieron nada”.
“The big red head”, de icónica estampa en los salvajes 70 del baloncesto norteamericano, especifica como factor diferencial en el transcurso abrupto de las finales el rol de Andre Iguodala, secante de Lebron amén de autografiar 22 puntos y 8 rebotes: “Su contribución ha sido tremenda, con una concepción posicional brillante para que los Warriors mostraran porqué han sido tan dominadores en la temporada regular”. “Sin embargo, en los play-offs es muy fácil mirar al partido previo y decir: 'Muy bien, este es el camino por donde va a ir el resto de la serie'. En la realidad no sucede así. Lebron James, Mathew Dellavedova, Timofey Mozgov, o Tristan Thompson son jugadores muy buenos que han mostrado que con un par de días de descanso pueden ganar donde sea. Ahora el desafío afecta a Golden State, que tiene que llevar su excelente juego a casa”, avisa. “Es ahí donde el MVP, Curry, y el All Star, Klay Thompson, tienen que salir enchufados desde el inicio y meterse en el juego en transición, con los ataques de rápida configuración que no habían sido capaces de encontrar en los tres primeros partidos”, receta.
La variable que acusa a los Warriors, la inexperiencia y su influencia en la interpretación del valor del timming, las emociones y las situaciones, reclama su lugar en la lectura del guión: “Una de las cosas que aprendes cuando llegas a este nivel, y esta es la primera vez que los jugadores de Golden State están en la fase de lucha por el campeonato, es lo complicado de ganar y perder. Lebron ya sabe ésto y esa es una de sus ventajas, además de ser un jugador espectacular”. “Golden State parece poseer el control de las series ahora pero hasta el último partido era Cleveland el que tenía el control, así que nunca se sabe. Tienes que salir y gestionar los límites cada noche, encontrar tu juego, jugarlo, imponer tu estilo, cultura e identidad y es entonces cuando ganas el campeonato”, advierte el pretérito analista con escaño en televisión que endulza su exposición con la cadencia de su referencia musical de cabecera, Grateful Dead.
Se adentra, entonces, en el dibujo del aura de las franquicias que han encendido la relevancia de los envites por el anillo para regocijo de la ABC: “Los Warriors son el emblema del futuro de la NBA. Tienen una cultura muy especial, incluidos los dueños. Después del cuarto partido reservaron un asador e invitaron a los jugadores, a sus familias y a todas las personas que trabajan para el equipo. Fue estimulante ver ese tipo de compromiso, camaradería y liderazgo. Ganaron y jugaron un baloncesto bello. Steph Curry encontró su juego, el esfuerzo de Andre Iguodala fue, simplemente, espectacular en su disciplina para contribuir a ayudar a ganar a sus compañeros. Klay Thompson, Shaun Livingston... todos son jugadores de perfil diferente y verles unidos por esa alegría resulta gratificante. Pero esto ocurre en ambas direcciones. Volé a Ohio para ver el partido del jueves y aprecié la atmósfera en Cleveland. He viajado a esa ciudad durante los 41 años que pertenezco a la NBA y nunca había visto nada parecido en términos de orgullo y espíritu. Cuando el avión tocó tierra los viajeros rompieron a aplaudir. Esto es lo que consigue el baloncesto”.
“Las historias que rodean a estas finales inspiran a esa ciudad, unen a todos e iluminan realmente todas las cosas maravillosas que envuelven al baloncesto, y es por esto que las series están teniendo una significación muy positiva. La forma en que el péndulo se volvió hasta el cuarto partido, con la influencia de Dellavedova y Mozgov que inspiró al resto de jugadores y sus fabulosas historias que llegaron de ninguna parte para, de repente, convertirse en jugadores de importancia crítica para subir varios peldaños ha sido impresionante, muestra la capacidad del baloncesto, del deporte, del negocio deportivo y de la NBA para unir a la gente y construir un mundo mejor”, confiesa.
“No puedo ser más feliz por cómo se juega en la NBA ahora mismo. Con todas esas estrellas jóvenes florecidas y con Lebron que ha estado en escena y seguirá estando en la cima durante mucho tiempo. Hay nuevos tipos y equipos que están llegando. Kerr ha hecho que esa gente juegue con un estilo ganador y les ha hecho creer que no tiene límites. Es para ver esto por lo que vives. Lo que está ocurriendo en la liga es totalmente estimulante”.

Cuestionado por el ajuste táctico del staff técnico de la bahía de San Francisco que movió a Andrew Bogut en dirección contraria a lo que desequilibraría el duelo ante Memphis -el australiano fue allí sujeto activo y aquí, sujeto pasivo- para devolver la sustracción del factor cancha, Walton explica que “resulta fácil decir que el movimiento de Kerr fue brillante pero siempre tienes que intentar poner en la pista a tus mejores jugadores todos los minutos. Independientemente de la posición”. “Consiguieron crear una unidad funcional con la versatilidad de Igualada, un aspecto que recuerda a lo que hizo Kawhi Leonard el año pasado”, argumenta para, a continuación, desnudar una hipótesis que la experiencia de ediciones anteriores muestra acertada: “La teoría aceptada de la NBA en estos días dice que para ganar la NBA vas a tener que derrotar a San Antonio y a Lebron. Tendrás que derrotar a los Spurs en la Conferencia Oeste y a James en el este o, en última instancia, en las finales. Tendrás que disponer de un jugador que sea capaz de ir de la mano con Lebron, que, por otra parte, está rindiendo a un nivel histórico. Nunca ha jugado mejor. Por eso, en definitiva, si quieres ganar a su equipo tienes que poseer un jugador que le enfrente de tú a tú e intente alejar el juego de él”.
“Steve Kerr dictó el tipo de partido colocando a Iguodala de titular, algo que funcionó de maravilla, incluso a pesar de empezar perdiendo 7-0. Sabía que Bogut, literalmente, no tenía relevancia en el juego y, cuando David Lee regresó, se transformaron en un quinteto móvil, más rápido e increíblemente habilidoso. Y lucharon por avivar la apuesta. Ahora la presión es para Golden State y el escenario va a ser completamente antagónico porque, si no consiguen tomar ventaja sobre lo que les diferencia volverán a la situación de la que salieron. Es por esto que las series están siendo tan interesantes y divertidas. Hay grandes jugadores, buenos tíos, historias tremendas, rendimientos de categoría histórica liderados por Lebron y, por primera vez en la historia va a ganar un entrenador de primer año”, narra entusiasmado.
El pivot que renunció a sus galones estelares para ocupar el rol de complemento de la dupla McHale-Parish en los Celtics que coloreaban la época dorada de los 80 añade a la fórmula el peso gravitacional del cansancio físico en su relación con el rozamiento que ofrece a lo psicológico: “Con el paso del tiempo se juega de manera específica en cada partido y es muy difícil ganar el campeonato porque te exige todo lo que tengas. El último partido vimos a Cleveland apagado, fuera de la situación, exhausto por todo el esfuerzo que necesitaron para conseguir llegar al cuarto partido, aunque la afición en The Q (Quiken Loans Arena, cancha de los Cavs) estuvo increíble”. “Estar allí fue muy inspirador: la electricidad de la atmósfera mostraba el hambre de los aficionados, que creían antes del partido que su equipo ganaría pero, en esa situación, como equipo que juega en casa y en un partido tan crucial como este cuarto, en el que quien ganara controlaría la serie, Cleveland no consiguió capitalizar la oportunidad de oro que dispusieron”, explica.
Retira el primer plano el hall of famer para sugerir una visión perspectiva de lo acontecido en este energético junio. “Estoy disfrutando de la importancia histórica de todo esto. Es estimulante ver cuántos aficionados de todo el mundo se han conectado porque este va a ser el futuro de la liga: internacional, rápida, con mucha habilidad y talento y, sobre todo, ¿quién pondrá sobre la mesa lo suficiente para intentar derrotar a James?”, detalla.

Llega el momento de ofrecer el bisturí para diseccionar la dialéctica entre el legado individual de Lebron James, la pieza nuclear sobre la que ha respirado la NBA en el último lustro, y sus recolectas colectivas, trazando, de camino, el perfil del hijo pródigo -otrora despistado- de Akron. El ser humano coetáneo que amalgama marcas imprevistas para la historia. La última, los 123 puntos anotados en los tres primeros partidos de las finales de la liga (44, 39 y 40, con un promedio de 12 rebotes y 8´3 asistencias, casi triple doble).
“Siempre dependerá de los resultados de su equipo pero Lebron James es un jugador soberbio. Le he seguido durante muchos años y tiene todo lo que me enamora del baloncesto: es un chico estupendo, sólo le importa el equipo, trabaja y juega muy duro, posee una condición fantástica, su nivel de habilidad es impresionante y, sobre todo, decide partidos. Pero, es que no le importan sus números, sólo el equipo. Está jugando como lo hacían Bill Russel, Magic (Johnson) o Steve Nash. En el modo en que lo hacen los jugadores excepcionales. Sin embargo ganar es complicado y el equipo de enfrente es muy bueno. Perdieron el último partido pero hay que reagruparse, dar la vuelta, regresar y hacer el trabajo. Lebron es una de las razones por las que la gente se engancha a la NBA y el relato de su regreso a casa es tremendo, perdiendo compañeros muy importantes y, aun así, encontrando la manera de cohesionar al equipo. Este es el primer paso del liderazgo, unir al grupo. Y cuando Kyrie (Irving) y Kevin (Love) cayeron, en lugar de preguntar el porqué, o quejarse y montar escusas, buscó el nuevo camino con Dellavedova, Mozgov, Tristan Thompson o Shumpert. 'Vamos, podemos seguir peleando y es nuestro momento, nuestra oportunidad'. Así es como se debe conducir un grupo. Cleveland se puso 2-1 muy fácil y debería haber sido un 3-0 pero ha sido la tenacidad de los Warriors y lo complicado que resulta ganar lo que ha convertido estas finales en algo tan excitante. La consecuencia son las cifras de audiencia en todo el mundo (récord histórico cortejando los 20 millones de espectadores por partido en Estados Unidos), que recuerdan a la era de Michael (Jordan)”.
Avanza la charla hacia su epílogo y sobreviene otra de las muescas de particularidad que encierra este evento. Un hijo de Bill Walton -Luke-, que fue doble ganador de la NBA con los Lakers de Bryant y Gasol, ejerce como entrenador asistente del cuerpo técnico de los frenéticos Warriors de Oakland. “Soy el padre más orgulloso y afortunado del mundo por ver lo que Luke ha conseguido cumplir. Y por ver a ese grupo de gente joven crecer y construir sus vidas hasta estar en una posición brillantemente positiva, con la comunidad y cultura que tienen allí, las previsiones del nuevo estadio, el éxito empresarial y comprobar como todas las cosas se unen a la perfección para ese grupo de personas maravillosas me llena de alegría y orgullo. Todo padre quiere lo mejor para sus hijos y les quiere ver tener éxito y que sean parte de algo especial para sus vidas. Por eso soy el padre más afortunado del mundo entero”, reconoce.
“Nosotros, como fans y seguidores de los partidos, tenemos la tendencia de leerlos y pensar que aquel que ha ganado el último partido nunca va a volver a perder y aquel que ha perdido el partido anterior no va a ganar otra vez. Pero, el compromiso emocional que requiere ganar esos partidos es muy elevado y abrumador. Al igual que la disciplina y sacrifico que se necesita para convertirse en campeón”, templa antes de revelar otra pincelada de la paleta y estructura humana que envuelve el frondoso éxito de los Warriors de esta temporada: “Me impresionó mucho que en la noche del jueves, en la reunión del equipo después del partido, en el asador, mientras los amigos y familiares tenían una felicidad desbordante, los jugadores y ejecutivos estaban concentrados, con determinación, en lo que viene. Y lo que viene para ellos es el siguiente paso, permanecer en su guión, manteniendo las emociones bajo control y darse cuenta que la serie está empatada en el ecuador. Van 2-2. Lo que importa ahora es quién va a ganar la segunda mitad”.

Antes de cerrar su narración, casi didáctica, detiene el recorrido en el despiece del rendimiento del más destacado ocupante de la posición en la que edificó su leyenda en esta cita. “Soy un gran aficionado de Timofey Mozgov”, confiesa en el primer trazo para proseguir con la disección: “Tiene recursos, inteligencia, lee el juego de forma maravillosa, se mueve con exquisitez y está relacionado con los fundamentos sobre los que se juega al baloncesto. Posee manos fabulosas, es, básicamente, arrollador en la zona, duro, le encanta mezclar el juego y hace todo lo que destaca en un jugador. Sabe anotar, rebotear, pasar, hacer bloqueos, jugar en transición pero, sobre todo, piensa con inteligencia. Hace todas las cosas sobre las que necesitas basar una contribución positiva hacia el campeonato”.
Eleva en este punto su foco de estudio para sobrevolar las operaciones de esta organización en continua mutación hacia el perfeccionamiento de la simbiosis deportiva-comercial de complicada fisura. Antes de regresar a la final y despedirse.
“Mozgov y Dellavedova representan el perfecto ejemplo de la visión que ha desarrollado David Stern todos estos años. La globalización. Stern tenía la brillante convicción de que el baloncesto es un vehículo para hacer del mundo un lugar mejor y un gran negocio. Cuando combinas ambas características compruebas como llegan chicos jóvenes desde Moscú, Australia, Akron, North Carolina o Californa, y todos se unen en esa fabulosa confluencia de espíritu, habilidad, entusiasmo, pasión y compromiso de equipo. Todas las cosas en las que crees en la vida. Y los sueños se hacen realidad”, resume para, después, ahondar en la profundidad del argumento: “La misión de continuar con la transición es el desafio actual. Tomar algo que es genial y convertirlo en algo todavía mejor. Tanto Adam Silver como los patrocinadores, los ejecutivos y los nuevos jugadores tienen responsabilidad y obligaciones en esto. Hay una nueva generación, con la cultura de trabajo nueva de los diferentes grupos de dueños que están llegando, que cuenta con unas fantásticas valoraciones de las franquicias. Hay que llevar este modelo de negocio por todo el mundo y permitir que la gente lo experimente, provocar que se sientan mejor, porque de eso se trata al final, y se disfruta de un modelo de negocio tremendamente exitoso. La vida es dura, complicada, tienes levantarte todos los días para trabajar, pero cuando tienes la posibilidad de marcar la diferencia en algo positivo, de influir en la nueva generación, tienes que hacerlo. Del mismo modo que gente como Bill Russell, Oscar Robertson, Wilt (Chamberlain), Jerry West and Elgin Baylor inspiraron mi crecimiento cuando era joven ahora hay gente que se fija en Lebron, Mozgov, Curry, Iguodala, Steve Kerr o David Blatt”.
“La decisión visionaria de enviar una franquicia-bandera como son los Celtics a Milán, o apostar por visitar Sudáfrica o China va a suponer un impacto en el futuro de nuestro negocio, de nuestra cultura y de los niños. Ver lo que toda esta gente hace por ayudar a que brille la luz y entregar un mensaje de esperanza, de inclusión, es espectacular. Y podemos hacerlo. Cuando tienes equipos y jugadores tan buenos como estas finales, la vida brilla muy luminosa”.
Por último, antes de agradecer la atención hacia su amado deporte y tomar el avión que le dirigiría a California, el estado donde reside en la actualidad, el expansivo reflejo de la lealtad para con la organización de todos los peones que trabajaron en la pista, en los despachos o con micrófono en tribuna expresa lo pantanoso de fabular con un pronóstico: “Las finales están empatadas justo en el medio de la serie. Ahora vamos a descubrir quién sabe jugarlas, quién es decisivo, quién está en forma y quién quiere ganar realmente. Estas dos últimas preguntas definirán quiénes son, sobre qué cimientos están luchando, hacia dónde caminan y si es su turno. Volviendo a las series, ¿quién iba a adivinar que Dellavedova y Mozgov iban a convertirse en esas estrellas intergalácticas?”. “Es la hora. Este domingo por la noche van a lanzar el balón en California y todo volverá a empezar. Es un momento fabuloso en el que tienes la opción de hacer algo con tu vida”, concluye.